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sexta-feira, 23 de outubro de 2009

USA 1 Inglaterra 0, 1950. Increíble pero real

El equipo americano posa para los fotógrafos antes de la hazaña
El saludo de los capitanes Wright y Mc Ilveny

El momento decisivo. Williams no lopuede creer, Gaetjens tampoco


El héroe haitiano es llevado en andas al final del cotejo



Camiseta utilizada en el histórico partido exhibida en el Museo Nacional de Soccer


Bahr, Pandiani, Keough y Borghi homenajeados en 2004

Fue la primera gran sorpresa en la historia de los mundiales. Ocurrió durante la disputa del torneo que organizó Brasil en 1950.
Fue un torneo complicado para diagramar puesto que 3 de los 16 asistentes previstos rehusaron participar por diferentes razones y resultaron 13 los equipos participantes, los cuales se dividieron en 4 grupos: 2 grupos con 4 equipos, uno de 3 y el restante con 2 participantes: Uruguay y Bolivia, con lo cual el conjunto rioplatense solo necesitó cuatro partidos para coronarse campeón al igual que Italia en el último mundial de pre-guerra.
Precisamente uno de los grupos de 4 equipos estaba conformado por Inglaterra, España, Estados Unidos y Chile.
Los ingleses eran grandes favoritos y por primera vez decidían participar de un mundial. Todavía eran considerados los “maestros” del fútbol y ocasionalmente jugaban fuera de las islas Británicas. Aunque no era invencible, pues había caído durante sus visitas a Suiza y Suecia evidenciaba que cuando jugaba realmente en serio era un equipo temible que contaba con una generación de grandes jugadores como Stanley Matthews, Tom Finney, Stan Mortensen, Will Mannion, Billy Wright, John DIckinson, Alf Ramsey por nombrar solamente a los más destacados.
Para este mundial se dispuso realizar una eliminatoria que en el caso de los británicos se dirimió con la disputa del Campeonato Británico de Naciones de 1949 en el cual Inglaterra terminó en primer lugar y Escocia en el segundo, aunque éstos últimos se rehusaban a participar del torneo sino finalizaban en primer lugar y así lo hicieron.
El último partido de los ingleses frente a un seleccionado de primer nivel había sido en lo que se denominó por entonces “el partido del siglo” frente a los italianos en 1948 en Turín a los cuales batieron sin problemas por 4-0 cuando los italianos todavía contaban con la base del multicampeón Torino un año antes de la tragedia aérea de Superga.
Para tener una magnitud del potencial de los ingleses, un mes antes del Mundial se organizó una gira por Europa y Norteamérica de un combinado de la FA o seleccionado “B” en el cual viajó Matthews quien luego se incorporó al equipo nacional “A” que ya estaba concentrado en Brasil a las órdenes de Walter Winterbotton y que había batido sin problemas a Portugal 5-3 en Lisboa y a Bélgica 4-1 en Bruselas como inicio de la gira mundialista durante el mes de mayo del ´50.
El equipo norteamericano estaba formado en su mayoría por futbolistas amateurs hijos de italianos, latinos, un escocés, un haitiano y un belga que además de representar a sus equipos de la Liga Norteamericana tenían empleos formales y percibían una remuneración irrisoria de 25 dólares por partido.
Habían logrado su clasificación en un triangular con partidos de ida y vuelta disputado íntegramente en México donde además del local participaba Cuba.
Los yanquis perdieron estrepitosamente con los aztecas por 6-0 y 6-2, pero pasaron gracias a un empate 1-1 y una victoria 5-2 frente a los cubanos.
Siete jugadores participantes en esa clasificatoria llegaron a Brasil: Borghi, Bahr, Colombo, Keough, J. Souza, Wallace y DiOrio. El resto fue seleccionado tras un encuentro entre dos combinados del Este y el Oeste que finalizó 3-3 y sirvió al flamante técnico William Jeffrey, escocés de nacimiento para elegir el plantel definitivo que viajó a Brasil sin muchas esperanzas pero con gran expectativa.
Dieciocho días antes del Mundial habían jugado en Nueva York con el combinado “B” de Inglaterra perdiendo apenas por 1-0; sabían que la historia ahora sería distinta, pero estaban orgullosos de representar a su país en tamaña gesta y perderían con la frente en alto. También habían perdido estrepitosamente con el Besiktas turco por 5-0 unos días después.
Dentro del equipo estadounidense el grupo más homogéneo era el conformado por los jugadores de Saint Louis entre los que se encontraban el arquero Frank Borghi, el defensor Harry Keough (empleado postal), el volante Charly Colombo y los delanteros Frank Wallace y Gino Pariani. Wallace, cuyo verdadero apellido era Valicenti estuvo en la segunda guerra en el ejército y fue prisionero de guerra de los alemanes. Borghi sirvió en la US Navy Integraban además el equipo Ed y John Souza, quienes no tenían ningún parentesco aunque jugaran para el mismo equipo, el Ponta Delgada en Fall RIver.
Los extranjeros eran el belga Joe Maca, el escocés Ed Mc Ilveny (capitán frente a los ingleses) y el haitiano Joe Gaetjens. Los 3 últimos viajaron a Brasil con pasaportes falsos, puesto que no tenían la ciudadanía estadounidense y sólo Macas la obtuvo después del torneo. También estaba Walter Bahr, maestro de escuela y gran organizador dentro del campo de juego. Había también dentro del grupo un carpintero, un enterrador, un lavacopas, algunos oficinistas y hasta un enterrador.
En la primera fecha los yanquis cayeron ante España por 3-1 aunque ganaban 1-0 faltando 10 minutos y no pudieron detener a la furia española.
Los británicos por su parte vencieron 2-0 a Chile dejando muchas dudas y pocas certezas de su verdadero potencial.
Y llegó el día del partido en Belo Horizonte, el DT inglés Winterbotton prefirió resguardar a Matthews para el último partido consciente de su superioridad y para posibilitar la perfecta recuperación de una lesión que arrastraba el crack.
Jeffrey por otra parte produjo el cambio decisivo salió Robert Craddock e ingresó Gaetjens.
Salieron los equipos al estadio Independencia los americanos con casaca similar a la de Perú con pantalones azule, los ingleses con casaca azul y pantalones blancos.
Will Mannion dijo sarcásticamente a los americanos: ¡Muchachos, buenas vacaciones en Brasil! Dando por cierto el seguro paseo que tendrían los británicos.
Comenzó el partido con gran predominio inglés, a los 90 segundos Borghi había desviado al corner un potente remate de Bentley. Pasados veinte minutos Inglaterra había estrellado dos veces la pelota contra los postes y Borghi nuevamente habá salvado a los suyos.
El juego era interesante a la precisión y el orden de los ataques ingleses se oponían el desorden y el entusiasmo de los estadounidenses que poco a poco se acercaban al área inglesa. John Souza hizo intervenir brillantemente al arquero inglés Williams e Inglaterra pudo abrir el marcador de contraataque a través de Motensen, pero su remate pegó en el travesaño. Posteriormente Borghi salvó un cabezazo de Finney.
Y a los 38 minutos llegó la sorpresa: Bahr recibió del volante Suoza, essquivó a un defensor inglés y metió un pelotazo desde 30 metros sin mucho peligro que Gaetjens alcanzó a tocar casi con la nuca descolocando al sorprendido Williams que salía a interceptar.
El gol fue recibido por una ovación por los 11.000 espectadores que esperaban ver una lección de los maestros ingleses y se encontraban con una realidad diferente.
Finney pudo empatar sobre el final de la etapa, pero el árbitro pitó antes que pudiera rematar.
Durante la segunda etapa Inglaterra fue una tromba, varios disparos de los británicos son detenidos por Borghi, comienza además a agigantarse la presencia de Bahr y Colombo. Recién a los 10 minutos los yanquis escapan del asedio y Suza exige a Wiliams quien desvía al corner, luego es Wright quien aleja el peligro tras una serie de rebotes en el área inglesa.
Mortensen en 2 ocasiones exige a Borghi quien responde satisfactoriamente y luego falla inexplicablemente rematano desviado junto al poste izquierdo desde una buena posición.
Faltando poco Pariani ejecuta una brillante maniobra individual pero no puede rematar al ser trabado por Ramsey cuando había quedado mano amano con Williams.
Faltando 8 minutos Columbo derriba a Mortensen en la línea del área pero el árbitro concede tiro libre. Lo ejecuta Mullen y lo contiene Borghi convertido a esta altura en gran figura del encuentro. Y llega el final ante la algarabía de los yanquis que llevan en andas al goleador Gaetjens y al delantero Souza.
El árbitro italiano declaró: “Si yo no hubiera pitado aquel partido, jamás me hubiera creído lo que sucedió allí”.
Los diarios inglese que recibían los cables telegráficos desde Río no lo peodían creer. “Información errónea” contestaban. “Rectifiquen mensaje” agregaban. Algunos diarios pensando que se trataba de una omisión publicaron: “Inglaterra 10 Estados Unidos 1. Una vez más lo inverosímil en el fútbol se trasformaba en creíble.
En la última fecha España batió a los ingleses por 1-0, con Matthews en la cancha, dejándolos fuera de la competencia con el recordado gol de Zarra y los yanquis cayeron sin atenuantes por 5-2 quizás sintiendo el desgaste producido ante los ingleses y la falta de costumbre de jugar tan seguido.
Tiempo después partieron al viejo continente Gaetjens (Racing de París) Macas (Racing white de Bégica) y Mc Ilveny (Manchester United). Keough y Bahr fueron exitosos entrenadores de la Liga Norteamericana. El resto siguió con sus empleos formales.
La vida de JoGaetjens terminó trágicamente en su país de origen bajo la dictadura de “Papa Doc” Duvalier en 1964, puesto que se había hecho muy popular y algunos de sus familiares eran firmes opositores al regimen.
En 2004 los sobrevivientes Borghi, Bahr, Keough y Pariani le contaron todos los detalles al autor Geoffrey Douglas quien escribió el libro “El partido de sus vidas”,el cual fue llevado un año después al cine en una historia digna de Hollywood con los héroes americanos triunfando sobre sus fuertes oponentes.

Síntesis:
Belo Horizonte, 29/6/1950
Espectadores: 11.000

Inglaterra (0): Williams; Ramsey, Aston, Wright (c), Hughes; Dickinson, Finney, Mannion, Bentley; Mortensen, Mullen. DT: W. Winterbottom
Estados Unidos (1): Borghi; Keough, Maca, Bahr; Mc Ilveny (c), Colombo; Wallace, Pariani, Gaetjens, E. Souza, J. Souza. DT: Bill Jeffrey

Gol: 38’ Gaetjens (EEUU)
Árbitro: Generoso Datillo (Italia)



quinta-feira, 17 de setembro de 2009

Futbol espectáculo en Liverpool

Absoluta plasticidad en esta pelota disputada
Fue uno de los partidos más bellos de la historia de los mundiales donde se conjugaron armonía, plasticidad, refinada técnica individual, asombrosa precisión colectiva, nobleza de ambos equipos para brindarse por el espectáculo sin ningún tipo de especulaciones, juego leal sin violencia entre dos maravillosas selecciones.
Situémonos en el Mundial de Inglaterra disputado en 1966. Brasil y Hungría integraban el grupo 3 junto a Portugal y Bulgaria. En la primera fecha Brasil había superado a los búlgaros con dos goles de tiro libre, uno convertido por Pelé y el otro por Garrincha. Pelé había sido despiadadamente castigado ante la atónita mirada del referee alemán Tschenscher. El DT Vicente Feola había decidido resguardarlo para el choque decisivo ante Portugal que había batido a los húngaros por 3 a 1 en el debut.
Brasil integraba junto al local y Alemania Federal el selecto lote de favoritos para adjudicarse el torneo. Los verdeamarelhos buscaban el tricampeonato para el cual habían conformado un equipo con una gran diferencia generacional, por un lado los bicampeones Pelé, Garrincha, Bellini, Djalma Santos, Zito, Gilmar, Orlando (algunos por muy por encima de los 30 años) y por otro los jóvenes Tostao, Gerson, Jairzinho, Brito, Edu (quienes recién alcanzarían su madurez futbolística cuatro años después).
Sobre una lista inicial de 46 jugadores se había realizado una depuración para cubrir el cupo de los 22 exigidos por la FIFA, lo que da una idea clara de la abundancia de cracks que existía en tierras brasileras por aquellos años razón por la cual hubo críticas por los nombres excluidos del plantel que viajó al viejo continente.
Esos cuestionamientos fueron absorbidos por el cuerpo técnico que nunca estuvo conforme con los resultados futbolísticos de cada partido habida cuenta de los cambios constantes en las alineaciones.
Hungría había conseguido formar una selección con características ofensivas similares a aquel equipo de oro de Puskas y compañía. La invasión Rusa de 1956 había provocado el éxodo de sus principales figuras especialmente a España. Los años ´60 encontraban a Hungría alineada al bloque soviético del Este tras la división europea formada por la “cortina de hierro”.
Los magiares habían tenido una actuación meritoria en Chile ´62 al caer en cuartos de final ajustadamente ante los checos, de los cuales se vengaron en la final de los Juegos Olímpicos de Tokio en 1964 obteniendo el Oro Olímpico.
Se destacaban en su formación Florian Albert, Ferenc Bene, Lajos Tichy, Janos Farkas y Kalman Meszoly (quien sería técnico de la selección durante el Mundial ´82).
Albert era un jugador espigado y finísimo poseedor de un gran toque y una destacada inteligencia, era capaz de colocar la pelota donde quisiera. Fue balón de Oro al año siguiente y tuvo la particularidad de desarrollar toda su carrera profesional en el Ferencvaros.
En noviembre del año anterior un seleccionado “B” de Brasil había batido a estos mismos húngaros por 5-3 en San Pablo, Lima fue el único brasilero de los titulares en el Mundial que jugó ese match.
Comenzó el partido en el estadio de Goodison Park de la ciudad de los Beatles y Brasil tomó rápidamente el protagonismo, el arquero húngaro Gelei tuvo que esforzarse para echar al corner un tiro de muy larga distancia de Lima y tras otro corner un cabezazo de Tostao se fue cerca del palo. La respuesta de Hungría fue un estiletazo de Sipos en profundidad para la entrada de Bene por derecha quien enganchó dos veces desparramando escandalosamente a Altair, evitó el cierre de Bellini y definió magistralmente ante la salida de Gilmar, iban solamente 2 minutos y Hungría sorprendía a los campeones del mundo.
El partido era de ida y vuelta. Jairzinho y Tostao comandaban los avances de Brasil que llevaban algún peligro, Albert arrancaba en el centro del campo y llegaba hasta el borde del área brasilera con pelota dominada cuando no descargaba antes en Bene, Farkas o Rakosi.
A los 14 minutos en una jugada aislada llegó el empate de Brasil. Garrincha ejecutó un tiro libre rasante que rebotó en un jugador húngaro, la pelota derivó en Tostao quien clavó un terrible zurdazo al ángulo más alejado del portero Gelei.
A los 20 minutos pudo apreciarse una bellísima jugada colectiva de los húngaros que no terminó en gol por la oportuna estirada de Gilmar quien desvió un potente cabezazo de Bene tras una serie de cuatro pases de cabeza del trío Albert-Farkas-Bene ante la sorprendida mirada de los defensores cariocas y la admiración de los espectadores.
El final del primer tiempo dejó una duda sobre la resistencia física de los brasileros ante el ataque húngaro sobre todo por los veteranos que conformaban el scratch y una certeza: era uno de los mejores partidos del Mundial.
Comenzó la segunda etapa con un tenue dominio brasilero que se vió cristalizado con un par de ocasiones de Jairzinho, una de ellas fue un perfecto cabezazo invalidado por off side. Paulo Henrique y Djalma Santos ya se habían convertido definitivamente en volantes, Tostao y Lima organizaban el juego y Garrincha mostraba algunas pinceladas de tu talento en el que sería su partido de despedida.
Pero Hungría comenzó a capitalizar los huecos sobre las espaldas de los adelantados laterales por lo que Bene y Rakosi tenían gran libertad para llegar con la pelota en sus pies. Albert arrancaba desde muy atrás y casi siempre llegaba a posiciones de ataque. Fue el suicido brasilero.
Así llegó la ventaja magiar, una verdadera obra de arte: Mathetsz tocó para Albert quien arrancó desde su propio campo avanzó unos metros, colocó un extraño pase con efecto para la subida de Bene, esté tiró un centro al corazón del área que tomó Farkas de volea y entró pegado al poste izquierdo de Gilmar que ni siquiera tuvo tiempo de reaccionar.
Minutos antes habían ensayado una jugada muy parecida y la pelota había sido desviada por Farkas junto al mismo palo, en la segunda el delantero no falló.
Un rato después un arranque desde mitad de cancha de Albert eludiendo camisetas amarillas termina con un pase a Bene quien es derribado en el área cuando pretendía desbordar a Paulo Enrique. Meszoly ejecuta brillantemente el penal y coloca el 3-1 definitivo, que pudo haberse modificado si no le anulaban un gol a Frakas tras otro de los arranques de Albert de mitad de cancha gambeteando brasileros.
El final fue apoteótico con todos los espectadores aplaudiendo y vivando a rabiar un espectáculo con la máxima esencia futbolística flotando en el aire, una obra digna de teatro con grandes intérpretes y una puesta en escena magistral.
Hungría seguiría su camino clasificando en esta rueda y cayendo 1-2 ante los rusos en cuartos de final, pero sin renunciar a su fútbol.
Brasil perdería duramente ante Portugal y haría las maletas rápidamente para aún con la vuelta de Pelé y 8 cambios más con respecto a este partido, lo que denotaba la falta de rumbo del team comandado por Feota. Soberbia y desorganización titularían los periódicos cariocas.
El buen fútbol agregaba un partido más a su rica historia.

Síntesis:Mundial Inglaterra ´66 Primera fase Grupo CFecha: 15-7-1966 Lugar: Liverpool, Estadio Goodison Park (52000 espectadores)Arbitro: Dagnall (Inglaterra)Jueces de línea: Howley (Inglaterra) y Yamasaki (Portugal) HUNGRIA 3: Gelei; Mátrai, Káposzta, Szepesi, Mészöly; Sipos (cap.), Bene, Mathesz; Albert, Farkas, RakosiBRASIL 1: Gilmar; Djalma Santos, Bellini (cap.), Altair, Paulo Enrique; Gerson, Lima,Garrincha; Tostão, Alcindo, Jairzinho Goles: 2´ Bene (H), 14’ Tostão (B), 64’ Farkas (H), 72´ Mészöly (H) de penal.

terça-feira, 4 de agosto de 2009

El partido que cambió la historia

Fig. 2

Fig. 1
El miércoles 25 de Noviembre de 1953 se jugó en el aristocrático césped de Wembley en Londres un encuentro que dividió en dos a la historia del fútbol del Siglo XX sentando las bases de la táctica moderna.
Se enfrentaban el equipo local y Hungría y el resultado de ese partido determinaría la muerte del sistema WM a manos de una versátil novedad que se transformaba en 4-2-4.
Tras la segunda guerra mundial por fin los maestros ingleses se habían decidido a abandonar las islas británicas y participar de encuentros y giras internacionales. Duras habían sido las derrotas ante los bravos españoles y los amateurs de Estados Unidos, pero el cansancio del viaje a tierras brasileras y la falta de adaptación fueron razones para minimizar el fracaso.
En Europa seguían siendo una de las mayores potencias y lo habían reafirmado en 1948 demoliendo a los italianos, que tenían la base del poderoso Torino, por 4-0 en Turín.
Como locales apenas habían sufrido un par de derrotas frente a sus vecinos escoceses (1-3) en Wembley y frente a los irlandeses (0-2) en Goodison Park, ambas en 1949. Ninguna selección no británica había podido doblegarlos en suelo inglés. Hasta que aparecieron los magiares.
Gustav Sebes había seleccionado una base de jóvenes jugadores del Honvoed y el MTK Hungaria y les había transmitido sus ideas de un juego libre siguiendo la escuela del Danubio de preguerra junto a modernos conceptos tácticos. Los húngaro se consagraron campeones olímpicos en Helsinki 1952 sorprendiendo por su rapidez y preciso toque corto, su elegante técnica y su incontenible ataque. Contaba con figuras de la talla del zurdo capitán Ferenc Puskas, Nandor Hidegkuti, Sandor Koscis, Zoltan Czibor, Jozsef Bozsik y al momento de enfrentar a los británicos llevaban 24 partidos invicto desde 1950 aunque sus últimos resultados no habían conformado a la prensa local que tampoco les auguraba un buena visita a Wembley.
Los británicos habían invitado a los magiares para confirmar su superioridad, pero solamente habían escuchado hablar de Puskas y sus muchachos, nunca los habían visto jugar.
Confiaban en su juego de pelotazos largos, desborde y búsqueda del oportuno cabezazo, contaban para ello con el temibles wing derecho Stanley Matthews dueño de una extraña habilidad y precisión en el centro para la llegada de Stan Mortensen y Jackie Sewell. Jugaba también el mítico capitán Billy Wright y alguien que años después aprendería mucho de esta lección Alf Ramsey, futuro campeón mundial en 1966 quien estaba jugando su último encuentro internacional.
A los húngaros no se les permitió entrenar en Wembley y fue desechada su intención de no usar la pesada pelota británica durante más de un tiempo.
La primer sorpresa que recibieron esa tarde los ingleses fue que la ubicación en el campo de juego de los húngaros no se correspondía con los números de sus casacas, pensaron que se trataría de un toque de excentricidad de los visitantes. Fue así que el defensor central Harry Johnston acudió a la marca del nº 9 Hidegkuti que se desmpeñaba como insider en lugar de centrodelantero, dejaron sin marcas al nº 8 Kocsis y al nº 10 Puskas pensando que eran insiders cuando en realidad eran centroforwards. El desconcierto en las marcas fue terrible y la inferioridad numérica ante el permanente cambio de posiciones sumado a la propia habilidad de los del Danubio provocaron la tragedia.
La segunda sorpresa fue encontrarse perdiendo al minuto de comenzado el partido y tras un fuerte y efectivo disparo del Hidegkutti tras un corto quiebre de cintura.
Sin dudas la táctica fue el complemento a esa natural técnica que consagró al cuadro magiar como uno de los mejores de la historia. El cambio táctico fundamental fue el retraso de Hidegkuti a posición de media punta y el adelantamiento de los volantes Puskas y Kocsis para jugar como arietes y junto a los extremos Budai (derecho) y Czibor (izquierdo) formar una línea de 4 atacantes que superaba en número a los 3 defensores ingleses. A pesar de esta modificación el sistema permitía cierta elasticidad, puesto que Hidegkuti realizaba incursiones ofensivas arrancando desde atrás e intercambiaba posiciones con Puskas, cuando los ingleses se dieron cuenta y trataron de retarsar al volante central Wright los húngaros respondieron con la subida por sorpresa de Bozsik a quien Zakarias cubría por detrás, a veces subían los laterales de la defensa Buzanzsky y Lantos que llegaban a la línea de medios con facilidad (Fig. 1).
Tantos jugadores en ataque podían llegar a ser un problema cuando el rival tenía el control del balón, los medios retrocedían, Zakarías se replegaba y se formaba una línea de 4 defensores junto al libre Lorant y los citados laterales, y hasta en algunas ocasiones cuando el equipo estaba muy adelantado el arquero Groscis se atrevía a jugar como una especie de líbero. Quedaba entonces mucho espacio entre la línea defensiva y el ataque por lo que se aprovechaban muy bien los contraataques dirigidos por Boszik (gran recuperador y distribuidor de pelotas), Hidegkuti y Puskas, todos ellos excelentes lanzadores y con gran manejo de la pelota (Fig. 2).
Toda una síntesis de fútbol moderno veinte años antes de la Holanda de Cruyff.
Tuvo chances Hungría en los primeros 10 minutos para aumentar, inclusive se anuló un gol de Hidegkuti tras una pared con Puskas por supuesto off side.
A los 14 minutos llegó el empate inglés que a la postre sería el único festejo de los asistentes a Wembley esa tarde. Sewell marca tras un profundo pase de Mortensen.
Sin embargo 5 minutos después los magiares vuelven a desnivelar cuando tras un penal de Johnson a Puskas que el referee no sanciona, Hidegkuti toma un rebote y bate al arquero inglés con un derechazo rasante.
Budai gana por enésima vez la espalda a Eckersley y coloca un centro corto que es capturado por Puskas al borde del área chica, el capitán húngaro pisa la pelota hacia atrás haciendo pasar escandalosamente de largo al capitán inglés y con su misma pierna izquierda la acomoda y remata al primer palo de Merrick. Es la apoteosis del fútbol, a partir de ese gol los ingleses saben que van a perder, no hay manera de detener el incesante ballet húngaro.
Tres minutos después llega el cuarto tras un tiro libre rasante de Bozsik que es desviado en el camino por Puskas descolocando al arquero inglés.
Queda tiempo para el descuento inglés por intermedio de Mortensen en una jugada muy parecida al primer gol entrando por el centro de la defensa húngara.
Termina un primer tiempo vibrante con el resultado 4-2 a favor de los magiares y una insospechada superioridad en el campo de juego.
Inglaterra sale a quemar las naves, se lo pierde Matthews ante Groscis. Hungría espera para lanzar el contraataque y tras una falta a favor cabeceada por Kocsis al palo, elk genial Bozsik toma el rebote fuera del área y con un tremendo derechazo coloca el quinto gol.
De pronto una sucesión de pases de malabarismo incluyendo dos cabezazos y el pase final de Puskas por elevación, Hidegkuti coloca de sobrepique el sexto y definitivo gol.
El público inglés premia con aplausos la resolución de la jugada, es la síntesis del fútbol exquisito: técnica más precisión.
Minutos después Alf Ramsey de penal coloca cifras definitivas al marcador: Hungría 6 Inglaterra 3.
El resto del segundo tiempo estuvo de más y solo sirvió para que los húngaros se floreen y los ingleses se adelanten gracias al juego de Matthews y Mortenses quienes dispusieron de algunas oportunidades ante Grocsis.
El Balance final del partido cuenta 35 remates al arco de los húngaros contra 5 de las británicos. Todo un resumen de lo ocurrido en el field.
Siete meses más tarde sería la revancha en Budapest y los húngaros demostrarían con un lapidario 7-1 que este triunfo no había sido casual.
La historia después es conocida, lo magiares perderían inexplicablemente la final del Mundial de Suiza ´54 con los alemanes y tras la invasión soviética de 1956 el equipo se desarmó, pues Puskas brillaría en el Real Madrid al igual que Czibor y Kocsis en el Barcelona. Solo Bozsik y Grocsis jugarían en el Mundial de Suecia ’58.
Los ingleses comenzarían un derrotero que culminó con el título en casa en el Mundial 1966 con algunos puntos oscuros y sospechas nunca aclaradas.
Pero esas son otras historias.

Síntesis:
Inglaterra: Gil Merrick (Birmingham City) – Alf Ramsey (Tottenham Hotspur), Bill Eckersley (Blackburn Rovers) – Billy Wright (Wolverhampton Wanderers) (c), Harry Johnston (Blackpool), Jimmy Dickinson (Portsmouth) – Stanley Matthews (Blackpool), Ernie Taylor (Blackpool), Stan Mortensen (Blackpool), Jackie Sewell (Sheffield Wednesday), George Robb (Tottenham Hotspur) DT: Walter Winterbottom
Hungary: Gyula Grosics (Honvéd) 76´(Sándor Gellér (MTK Hungária FC)) , Jenő Buzánszky (Dorog), Mihály Lantos (MTK Hungária FC), József Bozsik (Honvéd), Gyula Lóránt (Honvéd), József Zakariás (MTK Hungária FC), László Budai (Honvéd), Sándor Kocsis (Honvéd), Nándor Hidegkuti (MTK Hungária FC), Ferenc Puskás (Honvéd), Zoltán Czibor (Honvéd) DT: Gusztáv Sebes
Goles: 1´, 20´ y 53´ Hidegkuti (H); 13´ Sewell (I); 20´y 24´ Puskas (H); 38´ Mortensen (I); 50´ Puskas (H); 53´ Ramsey (I) de penal.
Arbitro: Leo Vieky (Holanda)


Estadio: Wembley, Londres


Espectadores: 100.000