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quinta-feira, 20 de maio de 2010

El ocaso del Real Madrid de las 5 copas y la consagración de Eusebio

Puskas convirtió los 3 tantos del Real Madrid, pero no fueron suficientes.
Eusebio comenzaba su exitosa carrera internacional con la conquista de la Copa



Bela Guttman, el exitoso técnino húngaro que dejó una huella en el Benfica.


El Real Madrid todavía era considerado como uno de los mejores equipos del mundo y quería demostrarlo en la Copa de campeones de Europa de 1961/62. No por casualidad había ganado las primeras 5 ediciones cuando comenzó a disputarse la misma allá por 1955.
Todavía estaban frescas las cicatrices de la eliminación de la Copa del año anterior, la cual había sido demasiado prematura , en 8vos de final frente a su archirrival -el Barça- que lo había privado de jugar su sexta final de consecutiva gracias a los pies de Kubala, Luis Suárez, Kocsis, Czibor y algunas decisiones de los árbitros ingleses que dirigieron ambos encuentros (2-2 en casa y 1-2 en el Camp Nou) perjudicando a los “merengues” según su criterio (penales no cobrados, goles mal anulados y excesivos foules no castigados). El conjunto blaugrana luego cayó en la final ante el Benfica de Portugal por 3 a 2 en un partido vibrante y con alguna responsabilidad de su arquero Ramallets.
El triunfo en la liga de la temporada 1960/61 lo habilitaba al Real Madrid para buscar la revancha europea. Se había consagrado campeón de manera holgada aventajando al otro equipo de Madrid por 12 puntos lo que da una idea cierta de su superioridad; más aun considerando que solamente perdió 2 partidos en toda la temporada y convirtió 89 goles en 30 partidos siendo Puskas y Di Stéfano los autores de la mitad de esos goles demostrando así que a pesar de superar largamente los 30 años ambos seguían siendo importantísimos en el esquema del equipo que dirigía Miguel Muñoz.
La plantilla del Madrid era una constelación de estrellas, a los consagrados Di Stéfano y Puskas se sumaban los veloces punteros Gento y Tejada, el volante central Del Sol, el uruguayo Santamaría en la defensa y el arquero Araquistaín. Jugaban prácticamente de memoria y la solidaridad dentro del equipo era admirable tanto como su fortaleza anímica que le permitía dar vuelta partidos increíbles.
En las primeras fases de la Copa superó holgadamente al Vasas húngaro y al Odense “B” – también llamado Boldklubben 1913– danés, equipos que hoy ni siquiera clasificarían para una primera fase de Champions League, pero que como en esa época jugaba el equipo campeón de cada país era muy común cruzárselos en el arranque del torneo. Los problemas comenzaron en cuartos de final frente a la Juventus. La serie arrancó con un triunfo de visitante en Turín con gol de Di Stéfano faltando casi 10 minutos.
Pero sorpresivamente el Real Madrid cayó en su estadio, donde no perdía desde 1956, por idéntico marcador con un gol marcado por el crack argentino Enrique Sívori y un férreo catenaccio de los italianos que clausuró todas las puertas al arco defendido por . Fue así que tuvieron que jugar un desempate una semana después en el Parque de los Príncipes de París donde el equipo blanco prevaleció claramente por 3-1 clasificando a la semifinal.
El Standard de Lieja fue un rival menos difícil de lo esperado y los españoles resolvieron la serie con venciendo cómodamente 4-0 en Madrid y 2-0 de visitante para llegar a la final.
Un mes antes habían ganado nuevamente la Liga superando al Barça por 3 puntos y sin tanto brillo como la anterior temporada donde se habían despedido rápido de la Copa. Ahora los esperaba el actual campeón, el Benfica, que había superado en semifinales al Tottenham inglés por 3-1 en el estadio Da Luz de Lisboa y 2-1 en Wembley.
Tal como sucediera en el Real Madrid con don Santiago Bernabeu, Joaquim Bogalho había llegado a la presidencia del club lisboeta a mediados de los 50 con intenciones de terminar con la supremacía del Sporting de Lisboa que acaparaba todas las ligas, comenzó un profundo trabajo de reestructuración que incluyo la construcción del estadio da Luz, la búsqueda de nuevos talentos en las colonias portugesas y la contratación del técnico Otto Glaria primero y el húngaro Bela Guttman a partir de 1959.
El trabajo dio sus frutos y el equipo lusitano ganó las ligas de 1960 y 1961 más la copa europea en aquella final con el Barça. El equipo se convirtió en la base de la selección que sorprendería clasificándose tercera en el mundial de Inglaterra cuatro años después, había quedado marginada de la Copa del Mundo de Chile por caer precisamente ante Inglaterra en Wembley quedando segunda en un grupo donde solamente clasificaba el primero. Su figura era un joven moreno corpulento nacido en Mozambique llamado Eusebio Da Silva Ferreira que ya asomaba como un gran goleador, a su lado estaba otro coterráneo llamado Mario Coluna quien era el director del equipo en el mediocampo, dueño de una potente pegada, fuerte y dueño de una gran técnica individual, el veterano capitán Aguas era el monumento al esfuerzo y el jugador preferido de los hinchas, Augusto además de una gran fortaleza física poseía buen juego aéreo. Ante los madridistas tenían la gran oportunidad de obtener el reconocimiento unánime de la prensa especializada en el caso de un triunfo para pasar definitivamente a la historia.
El estadio olímpico de Amsterdam fue el escenario de la final, también era holandés el referee Mr Horn que tendría alguna injerencia en el resultado final magnificada por los españoles al punto de transformarlo en el principal culpable del resultado.
La idea del técnico del Benfica era simple, tomar con marca personal a Di Stéfano y Puskas, frenar a Gento en el centro de la cancha y a partir de la pelota y a través de Augusto y Coluna distribuir el juego para que Eusebio y Aguas ganen las espaldas de Pachín y Celo y lleven peligro al arco defendido por Araquistaín.
El técnico merengue apostaba a definir rápido el partido para después hacer valer la experiencia de sus jugadores y mantener el resultado, pues a medida que pasaran los minutos las piernas de los más veteranos sentirían el esfuerzo inicial y por eso era recomendable administrar energías ante un equipo más joven y con gran velocidad.
Fue raro ver al Real Madrid enteramente vestido de azul al comienzo del match, más raro porque el Benfica conservó su vestimenta original con pantalón blanco y camiseta roja.
Comienza el partido con alternativas equilibradas aunque da la impresión que el Benfica se muestra más peligroso por algunos desaciertos de la defensa merengue, lo que obliga a Di Stéfano a replegarse para organizar el mediocampo, es así que apenas pasado un cuarto de hora recoge una pelota en defensiva y coloca un profundo pase aéreo en dirección a Puskas, quien con una larga carrera se inserta como cuña entre Mario Joao y Germano ganándoles en velocidad y bate a Costa Pereira con un fuerte remate de zurda desde el punto del penal.
Siete minutos después tras un tiro libre de Felo, Puskas domina la pelota en tres cuartos de cancha y de media vuelta bate por segunda vez al arquero lusitano con un tiro rasante y junto a un poste similar al primer gol. Todo marcha según el plan delineado por Miguel Muñoz, pero enseguida Aguas recoge un rebote en el palo tras un tiro libre de Eusebio que perforó la barrera y ante la perplejidad de los defensores españoles y la lenta reacción del arquero descuenta.
Un tiro de Eusebio nuevamente roza el palo, Real Madrid vence, pero Benfica domina y en el minuto 34 una pelota por elevación al centro del área pega en la mano por Eusebio y habilita a Cavem quien coloca el empate con un tiro desde fuera del área. Protestan los madridistas pero el árbitro holandés convalida el tanto.
A los 38 minutos Puskas tira una pared con Felo, gambetea a Germano entrando al área y pone el 3-2. Cuatro minutos después el infortunio del Real Madrid con un cabezazo de Tejada que rebota en el travesaño tras magnífico desborde y centro de Gento que le hubiera permitido aumentar la diferencia con la cual los equipos se fueron al descanso.
A los 52 minutos un avance de Coluna termina con un fuerte remate desde fuera del área que sorprende a Araquistaín entrando esquinado junto al poste y colocando nuevamente la igualdad.
El clima se enrarece dentro de la cancha, los madridistas protestan todo, por ejemplo el corte de una jugada que había iniciado Gento y tras sufrir falta de Caven y eludirlo el árbitro había marcado la infracción deteniendo una jugada que podía llevar peligro al área portuguesa sin tener en cuenta la ley de ventaja. Cinco minutos después son los lusitanos quienes protestan por un gol invalidado a Aguas por offside tras falta lanzada por Eusebio.
La lesión de Casado quien chocó fuerte con Simoes y seguirá en el partido parado como puntero derecho en una pierna, lo obliga al Madrid a reajustar sus líneas pasando Tejada al como volante derecho, Del Sol como volante central y Celo como lateral derecho. En ese cambio de posiciones Benfica intensificó sus ataques a espaldas de Pachín y Del Sol donde Eusebio, Coluna y Simoes empezaron a ganar con facilidad sobre el ala Santamaría-Celo y provocaron el desequilibrio.
Pero el colmo llegaría a los 65 cuando Aguas ingresa al área se lleva por delante a Santamaría y el árbitro interpreta que el español lo carga antirreglamentariamente señalando penal. Eusebio toma la falta y coloca el 4-3 que es protestado enérgicamente por los jugadores del Real Madrid por la sanción anterior.
El nerviosismo de los españoles provoca un minuto después una falta al borde del área. La ejecuta Coluna tocando corto para Eusebio, quien libre de marcas sentencia al vapuleado Araquistaín colocando el 5-3 que será definitivo.
El Real Madrid saca a relucir su sangre de campeón, pero al buscar la hazaña pero con un hombre menos se le reducen las posibilidades. Sin embargo Gento logra exigir nuevamente a Costa Pereira. A los 76 Di Stéfano ingresa al área y es derribado pero esta vez el árbitro interpreta que no hubo falta, como consecuencia el público mayoritariamente a favor del Benfica, pero indignado con los fallos del referee abuchean a su compatriota.
Pasan los minutos y faltando 10 Augusto hace revolcar a Araquistaín con un fortísimo disparo de derecha. Los portugueses se hacen dueños de la pelota y la hacen circular manteniendo la ventaja a veces exasperando a los aficionados sobre todo cuando la juegan con su portero.
Y así llega el final y la nueva consagración del Benfica, esta vez con total justicia sin exceptuar los fallos arbitrales. Eusebio intercambia camiseta con Di Stéfano en lo que tácitamente supone un traspaso de mando. Bela Guttman no llegará a un arreglo con los dirigentes porque a criterio de ellos solicitaba bastante dinero. Entonces se va lanzando su profética frase –Sin mí, el Benfica no volverá a ganar una Copa Europea en 100 años-. Teniendo en cuanta que ya pasaron más de cincuenta y que el equipo lisboeta perdió las finales de Copa de Campeones de 1963 ante Milan, 1964 frente al Inter, 1968 contra Manchester, 1988 vs PSV Eindhoven y 1990 cayendo ante Milan, más la UEFA de 1983 frente al Anderlecht se comenzó a hablar de la “maldición de Bela Guttman”. En ocasión de la disputa de la final de 1990 que se realizara en Viena, la dirigencia del Benfica envió una comitiva para que llevara flores a la tumba del húngaro situada en esa ciudad, pero no se pudo quebrar el hechizo.
El Real Madrid no soportó ningún hechizo, pero la veteranía de algunas figuras y el consiguiente recambio le llevarían unos años y fue así que llegó nuevamente a la final durante la temporada 1963/64 cayendo ante el Inter de Helenio Herrera por 3-1. Dos años después con una nueva camada de jugadores apodada la generación Ye-Ye donde Sanchís, Pirri, Velásquez y Grosso reemplazarían a Puskas, Di Stéfano, Del Sol y Santamaría el equipo blanco se consagraría nuevamente campeón europeo derrotando al Partizan de Belgrado por 2-1. Luego pasarían más de 20 años hasta la generación de Hierro, Mijatovic, Redondo, Raúl y cía para volver a proclamarse rey de Europa, pero esa es otra historia….

quarta-feira, 2 de setembro de 2009

El Real Madrid más brillante

Publicidad original de la inolvidable final


Puskas anota su cuarto gol de cabeza

Fue la final que enfrentaba a David y a Goliat. El escenario fue el estadio de Hampden Park en Glasgow y más de 130.000 espectadores tuvieron la suerte de presenciar este partido.
El Real Madrid llegaba a su quinta final de Copa de Campeones de Europa tas haber batido al Barcelona con un doble 3-1. Los alemanes habían superado sin mucho esfuerzo al Glasgow Rangers por 6-1 y 6-3 con marcadores que se asemejaban más a un partido de tenis que de fútbol.
Pero más alla de los números, la diferencia entre ambos equipos era abismal. Los merengues habían dominado el continente durante 4 años durante los cuales se alzaron con otras tantas copas y tenían una mentada mística copera. Además habían logrado 4 títulos de liga desde la temporada 1953/54. Tenía un plantel con grandes figuras como el argentino Alfredo Di Stéfano, un jugador notable y con un gran espíritu ganador; el húngaro Ferenc Puskas, poseedor de un potente remate con pierna izquierda y “Paco” Gento, un velocísimo puntero izquierdo. Del Sol, Santamaría, Zárraga, Canario y Marquitos acompañaban muy bien a estos geniales futbolistas.
Los alemanes se habían adjudicado la incipiente Liga Alemana durante la temporada 1958/59 luego de haberse impuesto en su región, superar en la siguiente etapa al Verder Bremen y al Colonia marcando la escalofriante cifra de 26 goles en 6 partidos y venciendo en la final al Kickers Offenbach por 5-3. Su mejor jugador era el interior izquierdo Alfred Pfaff, jugador de vasta campaña en el Eintracht e integrante de la selección campeona en Suiza 1954 apodado “Don Alfredo”. Stinka, Kress y Stein eran los más destacados valores dentro del modesto conjunto germano, pero se trataba de ilustres desconocidos.
Precisamente la carta que jugarían los teutones sería la del esfuerzo físico y la fortaleza anímica que habían esgrimido sus compatriotas 6 años atrás en tierras helvéticas.
Lo cierto es que este Real Madrid a diferencia de los húngaros contaba además de un gran nivel de juego con una potencia arrolladora y una sólida defensa y había enfrentado y superado años atrás a los mejores equipos italianos, franceses, ingleses y a sus archirrivales del Atlético Madrid y Barça. La primera experiencia internacional de los alemanes era precisamente esta Copa.
Los alemanes comenzaron el partido arrollando a los merengues y no fue casualidad que Kress convirtiera el tanto de la apertura tras un centro de Lindner.
A partir de ese momento el Madrid sintió el golpe y con una gran muestra de amor propio de Canario y los precisos toques de Di Stéfano y Puskas emparejó las acciones y consiguió traves de la “Saeta Rubia” el empate tras centro del citado Canario y luego la ventaja tras aprovechar un rebote corto del arquero Loy.
Antes del final del primer tiempo llegó el tercero tras un furibundo zurdazo de Puskas desde la punta izquierda.
El segundo tiempo fue un verdadero vendaval blanco, los esforzados alemanes no supieron ni pudieron controlar la inteligencia de los pases de Di Stéfano, la movilidad de Puskas, ni la habilidad de Gento. Los jugadores del real Madrid brindaron una elegante exhibición de gambetas, amagues, toques, tacos con una velocidad y precisión asombrosas.
Así llegó el cuarto gol convertido de penal por Puskas tras una infracción sobre Di Stéfano. El húngaro también consiguió el quinto gol de cabeza al culminar una maravillosa maniobra de contraataque, tras un corner mal ejecutado por los alemanes, en la cual tocaron la pelota casi todos los jugadores del elenco español.
Un rato después en 5 minutos sobrevinieron 4 goles, Puskas colocó el 6-1 con un zurdazo de media vuelta al ángulo superior estableciendo su carta conquista personal, acortaron diferencias los alemanes a través de Stein. Al sacar de mitad de cancha y tras 6 toques el argentino ingresó por el centro del ataque y colocó un remate rasante que no pudo ser detenido por el arquero germano.
El último fue nuevamente obra de Stein tras capturar un pase corto de Marquitos a su arquero.
A esta altura del partido los espectadores que colmaron el estadio no se cansaban de aplaudir y ovacionar una verdadera lección de fútbol de uno de los mejores equipos de los que se tenga memoria, a pesar que en un principio la multitud se inclinaba por el más débil.
“Hemos vencido al equipo alemán porque no ahorramos esfuerzos. Durante la hora y media de juego jugamos a todo tren. Ni después de marcar siete goles trato de reposar”. expresó el entrenador Miguel Muñoz.
El Real Madrid conquistaba su 5ta. Copa de Campeones de Europa consecutiva y cerraba la etapa más brillante del club como decía don Santiago Bernabeu.
Meses después se convertiría en el mejor equipo del Mundo al superar a Peñarol de Uruguay en la primera Copa Intercontinental al igual 0-0 en Uruguay y demoler por 5-1 en Madrid. Comenzaba así a convertirse en uno de los clubes más grandes del planeta, privilegio que ostenta hasta nuestros días.
La historia del Eintracht sería muy distinta, su único título internacional sería la Copa UEFA de 1980 y sumaría además 4 Copas de Alemania, muy lejos de la gloria de los merengues.
Sin dudas fue éste uno de los partidos más recordados de la historia y afortunadamente existen copias fílmicas donde se lo puede observar y disfrutar íntegro.



Síntesis:
Real Madrid 7: Domínguez; Marquitos, Santamaría, Pachín; Vidal, Zárraga (c); Canario, Del Sol, Di Stéfano, Puskas y Gento. Entrenador: Miguel Muñoz.
Eintracht Frankfurt 3: Loy; Lutz, Eigenbrodt, Höfer; Weilbächer, Stinka; Kress, Lindner, Stein, Pfaff (c) y Meier. Entrenador: Paul Oswald.
Árbitro: John Mowat (Escocia)
Goles:18´ Kress (EF); 27´, 30´ y 73´ Di Stéfano(RM); 45´, 56´, 60´y 71´ Puskas (RM); 72´ y 75 ´ Stein (EF)
Estadio: Hampden Park, Glasgow. Escocia
Espectadores: 135.000

terça-feira, 4 de agosto de 2009

El partido que cambió la historia

Fig. 2

Fig. 1
El miércoles 25 de Noviembre de 1953 se jugó en el aristocrático césped de Wembley en Londres un encuentro que dividió en dos a la historia del fútbol del Siglo XX sentando las bases de la táctica moderna.
Se enfrentaban el equipo local y Hungría y el resultado de ese partido determinaría la muerte del sistema WM a manos de una versátil novedad que se transformaba en 4-2-4.
Tras la segunda guerra mundial por fin los maestros ingleses se habían decidido a abandonar las islas británicas y participar de encuentros y giras internacionales. Duras habían sido las derrotas ante los bravos españoles y los amateurs de Estados Unidos, pero el cansancio del viaje a tierras brasileras y la falta de adaptación fueron razones para minimizar el fracaso.
En Europa seguían siendo una de las mayores potencias y lo habían reafirmado en 1948 demoliendo a los italianos, que tenían la base del poderoso Torino, por 4-0 en Turín.
Como locales apenas habían sufrido un par de derrotas frente a sus vecinos escoceses (1-3) en Wembley y frente a los irlandeses (0-2) en Goodison Park, ambas en 1949. Ninguna selección no británica había podido doblegarlos en suelo inglés. Hasta que aparecieron los magiares.
Gustav Sebes había seleccionado una base de jóvenes jugadores del Honvoed y el MTK Hungaria y les había transmitido sus ideas de un juego libre siguiendo la escuela del Danubio de preguerra junto a modernos conceptos tácticos. Los húngaro se consagraron campeones olímpicos en Helsinki 1952 sorprendiendo por su rapidez y preciso toque corto, su elegante técnica y su incontenible ataque. Contaba con figuras de la talla del zurdo capitán Ferenc Puskas, Nandor Hidegkuti, Sandor Koscis, Zoltan Czibor, Jozsef Bozsik y al momento de enfrentar a los británicos llevaban 24 partidos invicto desde 1950 aunque sus últimos resultados no habían conformado a la prensa local que tampoco les auguraba un buena visita a Wembley.
Los británicos habían invitado a los magiares para confirmar su superioridad, pero solamente habían escuchado hablar de Puskas y sus muchachos, nunca los habían visto jugar.
Confiaban en su juego de pelotazos largos, desborde y búsqueda del oportuno cabezazo, contaban para ello con el temibles wing derecho Stanley Matthews dueño de una extraña habilidad y precisión en el centro para la llegada de Stan Mortensen y Jackie Sewell. Jugaba también el mítico capitán Billy Wright y alguien que años después aprendería mucho de esta lección Alf Ramsey, futuro campeón mundial en 1966 quien estaba jugando su último encuentro internacional.
A los húngaros no se les permitió entrenar en Wembley y fue desechada su intención de no usar la pesada pelota británica durante más de un tiempo.
La primer sorpresa que recibieron esa tarde los ingleses fue que la ubicación en el campo de juego de los húngaros no se correspondía con los números de sus casacas, pensaron que se trataría de un toque de excentricidad de los visitantes. Fue así que el defensor central Harry Johnston acudió a la marca del nº 9 Hidegkuti que se desmpeñaba como insider en lugar de centrodelantero, dejaron sin marcas al nº 8 Kocsis y al nº 10 Puskas pensando que eran insiders cuando en realidad eran centroforwards. El desconcierto en las marcas fue terrible y la inferioridad numérica ante el permanente cambio de posiciones sumado a la propia habilidad de los del Danubio provocaron la tragedia.
La segunda sorpresa fue encontrarse perdiendo al minuto de comenzado el partido y tras un fuerte y efectivo disparo del Hidegkutti tras un corto quiebre de cintura.
Sin dudas la táctica fue el complemento a esa natural técnica que consagró al cuadro magiar como uno de los mejores de la historia. El cambio táctico fundamental fue el retraso de Hidegkuti a posición de media punta y el adelantamiento de los volantes Puskas y Kocsis para jugar como arietes y junto a los extremos Budai (derecho) y Czibor (izquierdo) formar una línea de 4 atacantes que superaba en número a los 3 defensores ingleses. A pesar de esta modificación el sistema permitía cierta elasticidad, puesto que Hidegkuti realizaba incursiones ofensivas arrancando desde atrás e intercambiaba posiciones con Puskas, cuando los ingleses se dieron cuenta y trataron de retarsar al volante central Wright los húngaros respondieron con la subida por sorpresa de Bozsik a quien Zakarias cubría por detrás, a veces subían los laterales de la defensa Buzanzsky y Lantos que llegaban a la línea de medios con facilidad (Fig. 1).
Tantos jugadores en ataque podían llegar a ser un problema cuando el rival tenía el control del balón, los medios retrocedían, Zakarías se replegaba y se formaba una línea de 4 defensores junto al libre Lorant y los citados laterales, y hasta en algunas ocasiones cuando el equipo estaba muy adelantado el arquero Groscis se atrevía a jugar como una especie de líbero. Quedaba entonces mucho espacio entre la línea defensiva y el ataque por lo que se aprovechaban muy bien los contraataques dirigidos por Boszik (gran recuperador y distribuidor de pelotas), Hidegkuti y Puskas, todos ellos excelentes lanzadores y con gran manejo de la pelota (Fig. 2).
Toda una síntesis de fútbol moderno veinte años antes de la Holanda de Cruyff.
Tuvo chances Hungría en los primeros 10 minutos para aumentar, inclusive se anuló un gol de Hidegkuti tras una pared con Puskas por supuesto off side.
A los 14 minutos llegó el empate inglés que a la postre sería el único festejo de los asistentes a Wembley esa tarde. Sewell marca tras un profundo pase de Mortensen.
Sin embargo 5 minutos después los magiares vuelven a desnivelar cuando tras un penal de Johnson a Puskas que el referee no sanciona, Hidegkuti toma un rebote y bate al arquero inglés con un derechazo rasante.
Budai gana por enésima vez la espalda a Eckersley y coloca un centro corto que es capturado por Puskas al borde del área chica, el capitán húngaro pisa la pelota hacia atrás haciendo pasar escandalosamente de largo al capitán inglés y con su misma pierna izquierda la acomoda y remata al primer palo de Merrick. Es la apoteosis del fútbol, a partir de ese gol los ingleses saben que van a perder, no hay manera de detener el incesante ballet húngaro.
Tres minutos después llega el cuarto tras un tiro libre rasante de Bozsik que es desviado en el camino por Puskas descolocando al arquero inglés.
Queda tiempo para el descuento inglés por intermedio de Mortensen en una jugada muy parecida al primer gol entrando por el centro de la defensa húngara.
Termina un primer tiempo vibrante con el resultado 4-2 a favor de los magiares y una insospechada superioridad en el campo de juego.
Inglaterra sale a quemar las naves, se lo pierde Matthews ante Groscis. Hungría espera para lanzar el contraataque y tras una falta a favor cabeceada por Kocsis al palo, elk genial Bozsik toma el rebote fuera del área y con un tremendo derechazo coloca el quinto gol.
De pronto una sucesión de pases de malabarismo incluyendo dos cabezazos y el pase final de Puskas por elevación, Hidegkuti coloca de sobrepique el sexto y definitivo gol.
El público inglés premia con aplausos la resolución de la jugada, es la síntesis del fútbol exquisito: técnica más precisión.
Minutos después Alf Ramsey de penal coloca cifras definitivas al marcador: Hungría 6 Inglaterra 3.
El resto del segundo tiempo estuvo de más y solo sirvió para que los húngaros se floreen y los ingleses se adelanten gracias al juego de Matthews y Mortenses quienes dispusieron de algunas oportunidades ante Grocsis.
El Balance final del partido cuenta 35 remates al arco de los húngaros contra 5 de las británicos. Todo un resumen de lo ocurrido en el field.
Siete meses más tarde sería la revancha en Budapest y los húngaros demostrarían con un lapidario 7-1 que este triunfo no había sido casual.
La historia después es conocida, lo magiares perderían inexplicablemente la final del Mundial de Suiza ´54 con los alemanes y tras la invasión soviética de 1956 el equipo se desarmó, pues Puskas brillaría en el Real Madrid al igual que Czibor y Kocsis en el Barcelona. Solo Bozsik y Grocsis jugarían en el Mundial de Suecia ’58.
Los ingleses comenzarían un derrotero que culminó con el título en casa en el Mundial 1966 con algunos puntos oscuros y sospechas nunca aclaradas.
Pero esas son otras historias.

Síntesis:
Inglaterra: Gil Merrick (Birmingham City) – Alf Ramsey (Tottenham Hotspur), Bill Eckersley (Blackburn Rovers) – Billy Wright (Wolverhampton Wanderers) (c), Harry Johnston (Blackpool), Jimmy Dickinson (Portsmouth) – Stanley Matthews (Blackpool), Ernie Taylor (Blackpool), Stan Mortensen (Blackpool), Jackie Sewell (Sheffield Wednesday), George Robb (Tottenham Hotspur) DT: Walter Winterbottom
Hungary: Gyula Grosics (Honvéd) 76´(Sándor Gellér (MTK Hungária FC)) , Jenő Buzánszky (Dorog), Mihály Lantos (MTK Hungária FC), József Bozsik (Honvéd), Gyula Lóránt (Honvéd), József Zakariás (MTK Hungária FC), László Budai (Honvéd), Sándor Kocsis (Honvéd), Nándor Hidegkuti (MTK Hungária FC), Ferenc Puskás (Honvéd), Zoltán Czibor (Honvéd) DT: Gusztáv Sebes
Goles: 1´, 20´ y 53´ Hidegkuti (H); 13´ Sewell (I); 20´y 24´ Puskas (H); 38´ Mortensen (I); 50´ Puskas (H); 53´ Ramsey (I) de penal.
Arbitro: Leo Vieky (Holanda)


Estadio: Wembley, Londres


Espectadores: 100.000