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quinta-feira, 15 de setembro de 2011

Las hazañas de Peñarol en los '60 (cuarta parte)

Peñarol brillante campeòn uruguayo 1967. Arriba de izq a der: Mèndez, Goncalvez, Errea, González, Figueroa, Forlan. Abajo: Abbadie, Rocha, Silva, Spencer, Joya.



13 de Octubre de 1968 Todos corren a felicitar a Mazurkiewicz, quien ha mantenido la valla invicta superando el récord de Legnazzi en los años '20



Rubiños, arquero de Sproting Cristal descuelga el balòn ante una carga de Spencer. Copa Libertadores 1968

El equipo que obtuvo la poco recordada Supercopa de Campeones Inetrcontinentales en 1969













Es el principio del ocaso, Togneri bate a Pintos y define el partido en La Plata Vergonzosa gresca tras la final de 1970 en el Centenario
El año 1966 culminó para Peñarol sin poder alcanzar a Nacional en el Campeonato uruguayo. Algunas derrotas impensadas al comienzo del torneo más la sobrecarga de partidos de la Copa Libertadores, el Mundial de Inglaterra y la Copa Intercontinental hicieron mella en un plantel cuyas máximas figuras doblaban el codo de los 30 años. No se sacaron ventajas en los clásicos igualando 0-0 el primero y 1-1 el de la penúltima fecha a la cual Nacional llego con 2 puntos de ventaja pese al embate de los mirasoles. En la última fecha ambos ganaron y entonces los bolsos se coronaron campeones. La alegría producida por los títulos conseguidos ante River Plate y el Real Madrid minimizó lo ocurrido en el torneo local.
Tras la disputa del Campeonato Sudamericano que a comienzos de 1967 se adjudicara Uruguay en condición de local, se contrató a Elías Figueroa, defensor central de gran prestancia, de buena altura, elástico y preciso tanto en el corte de la jugada como en la salida desde el fondo, dotado además de gran calidad técnica. Un prodigio de 20 años que había llamado la atención de los clubes argentinos tras jugar para su selección durante el Mundial del año anterior. Otra viveza más de Cataldi, quien lo fue a buscar a Buenos Aires con un avión privado cuando el jugador se encontraba de gira con Santiago Wanderers y era pretendido por Huracán e Independiente. Enseguida firmó contrato y tras una gira sudamericana logró la titularidad que no abandonó nunca más hasta 1972 cuando la crisis económica de los mirasoles obligó a venderlo al Inter de porto Alegre donde prosiguió con su prolífica campaña.
El arquero Néstor Errea de Colón de Sante Fe llegó como suplente de Mazurkiewicz, pero como éste sufrió la fractura de su mano izquierda jugó como titular al comienzo de la temporada en ocasión del Torneo Competencia y la Copa de Honor
Peñarol ingresó a la Copa Libertadores en semifinales donde enfrentó a su clásico rival y al Cruzeiro que volvía a representar al país vecino tras el boicot de 1965. El equipo brasilero contaba con jugadores de la talla de Tostao, Dirceu Lopes y Piazza entre otros cracks, tenía una muy buena defensa y un típico mediocampo brasilero aunque sin alcanzar la talla del Santos de Pelé.
Nacional venía de jugar un exigente primera rueda donde había superado a chilenos, paraguayos y ecuatorianos tras 12 partidos resultando el equipo más goleador de la Copa había logrado una buena amalgama entre Viera, Espárrago, Urruzmendi, Julio César Morales y su última incorporación: el delantero brasilero Celio Taveira Filho que llegó desde Vasco da Gama con fama de goleador.
En el debut ante Nacional y en un partido parejo donde no se podían sacar ventaja, los bolsos triunfaron con un gol de Celio sobre el final de la primera etapa.
La visita a Belo Horizonte terminó con una apretada derrota por 1-0, pero se ganó en la revancha por 3 a 2 en el Centenario aunque el resultado no haya reflejado la superioridad evidenciada por los locales.
El encuentro definitorio con Nacional solo tenía un resultado posible para Peñarol si pretendía llegar nuevamente a la final: el triunfo que lo forzaría a un desempate, pues Nacional y Cruzeiro lo aventajaban por 2 puntos.
Muy cerca estuvo de lograrlo pues vencía por 2-1 con goles de Goncalvez y Spencer habiendo empatado transitoriamente Celio para los “bolsos”. El triunfo ya parecía consumado ante un equipo tricolor que jugaba con 10 jugadores por expulsión de Cincunegui al comienzo de la segunda etapa e inclusive Lezcano llegó a sentarse sobre la pelota sobrando la jugada como señal de superioridad; sin embargo y faltando un minuto un quedo de Figueroa y el propio Lezcano sumado a una tardía reacción de Errea posibilitó la sorprendente aparición de Celio que se convertía así en el verdugo peñarolense aprovechando un preciso pase del “marqués” Sosa para colocar el empate que clasificaba a Nacional para la final eliminando simultáneamente a los mirasoles de la Copa por primera vez en la historia. Fue el comienzo del final de la carrera del eficiente marcador paraguayo en el club carbonero que jugaría solo hasta fin de ese año.
Le quedaba a Peñarol el recuperar el título en el Campeonato Uruguayo para salvar el honor y no dejó ningún tipo de dudas, pues lo ganó de punta a punta e invicto obteniendo 16 triunfos y solo 2 empates ante Racing y Wanderers, convirtió 42 goles y recibió 11 resultando Spencer el máximo artillero con 11 conquistas.
Se dio el gusto además de vencer a Nacional en los 2 cotejos imponiéndose por 2 a 1 en la primera rueda y por 2 a 0 en los desquites con el aliciente de dar la vuelta olímpica que lo consagró nuevamente campeón en las narices de su propio rival en una suerte de pequeña revancha por la eliminación de la Copa en la cual Nacional no pudo en la final con el equipo de Racing Club viendo postergada una vez más la oportunidad de convertirse en campeón de América.
Para el año 1968 Peñarol apostó fuerte para recuperar la Copa Libertadores. El mayor Rafael Milans se hizo cargo de la dirección técnica del equipo tras la partida de Màspoli al Elche español. El nuevo técnico que había dirigido a la celeste entre 1964 y 1965 impuso un sistema basado en una fuerte defensa integrada por Elìas Figueroa, Tabarè González, tito Goncalvez, Oscar Caetano y Mario Mèndez, ocasional reemplazante de Forlan. Sin embargo la producción ofensiva era escasa, pese a contar con Rocha, Spencer, Cortès, Silva, Joya y Abbadie más los juveniles Francisco Bertochi y Nilo Acuña (1).
De ese modo Peñarol superó la primera fase sin mayores inconvenientes ante los paraguayos Guaraní y Libertad más el propio Nacional a quien derrotó por 1-0 con un agónico gol de Spencer para luego empatar sin goles en la revancha.
En la segunda fase Emelec de Ecuador y Deportivo Portuguesa de Venezuela no fueron rivales a la altura de los mirasoles, puesto que los derrotó tanto de local como de visitante. Más complicado fue Sporting Cristal a quien no puedo derrotar ni de local (1-1) ni de visitante (0-0). El equipo peruano contaba con jugadores de la talla de Rubiños, Mifflin, Gallardo y La Torre entre otros titulares de la selección, quienes eliminarían nada menos que a Argentina un año después en la clasificación al Mundial de México. Peñarol solamente lo aventajó por dos unidades y se clasificó a la semifinal donde enfrentó a Palmeiras, un durísimo equipo brasilero que contaba entre otros con el veterano Djalma Santos, Ademir Da Guia, Servilio y el temible Tupazinho quien sería el verdugo de los mirasoles al anotar el único gol en el Pacaembù y el sorprendente doblete en el Centenario con el cual Peñarol cayó de local por 2 a 1 tras ir en ventaja sin poder llegar a la final. Ese partido se recuerda por la gresca del final donde varios jugadores brasileros fueron agredidos por los locales.
Tras jugar 14 partidos en menos de tres meses por casi toda Sudamérica, el esfuerzo había sido importante para jugadores veteranos como Abbadie, Cortés, Joya o Spencer. A pesar de ello Peñarol ratificaría en el Torneo uruguayo su superioridad respecto a Nacional y los demás equipos al obtener el bicampeonato nuevamente invicto ganando 15 encuentros y empatando solo 3 (Nacional, River y Defensor) aventajando a su eterno rival por 6 unidades y venciéndolo por 1-0 con gol de Spencer en la penúltima fecha cuando ya se había consagrado campeón. Marcó 29 goles, resultando Spencer y Rocha los goleadores con 8 conquistas cada uno, y recibió solamente 5 (récord uruguayo) confirmando su gran labor defensiva. Como hecho anecdótico cabe resaltar que Ladislao Mazurkiewicz batió además el récord de imbatibilidad en la historia del torneo uruguayo al contabilizar 987 minutos sin recibir goles desde la fecha inicial frente a Danubio hasta que Ramón Silva de River le convirtió en la 12º (3º de la segunda rueda). Este récord aún perdura y es una muestra más de la época que este equipo marcó durante aquellos años y fundamentalmente de su trascendencia forjada en una forma de entender y jugar al fútbol que los equipos uruguayos añoraron durante décadas.
El año 1969 comenzó con novedades en Peñarol, aunque la situación económica del club no era la mejor llegaron de Argentina el genial pero discontinuo volante Ermindo Onega de River Plate y el potente delantero Alfredo “tanque” Rojas de Boca Juniors, además retornó Roberto Matosas con lo cual el club pretendía armar un equipo renovado y competitivo para pelear ante Nacional que se había reforzado Luis Cubilla, Alcides Silveira y el arquero brasilero Manga. Milton Viera, un ex “bolso” que había pasado desapercibido por Boca arribó en canje por Orlando Medina que estaba a préstamo en Colón de Santa Fe.
La Copa Libertadores arrancó sin inconvenientes para Peñarol que superó a Nacional tras sendos empates (1-1 y 2-2) y a los equipos ecuatorianos resignando solo un punto de visitante y goleando tanto a Emelec como a Barcelona por 5 a 2. Ambos equipos uruguayos clasificaron a la segunda fase donde Peñarol tuvo que enfrentarse a Olimpia de Paraguay. Un empate como local en el Centenario por 1-1 encendió las alarmas sobre todo por la pobre respuesta física y anímica del equipo para torcer el resultado. A pesar de ello se consiguió la clasificación en Asunción por la mínima diferencia con gol de Onega. Su clásico rival se convertiría días después en el rival a vencer en semifinales tras superar a Deportivo Cali y Santiago Wanderers.
Mientras tanto a fines del año anterior había comenzado a jugar la Recopa Sudamericana, un evento que reunía a los 3 campeones intercontinentales de Sudamèrica – Racing, Santos y Peñarol – y donde el ganador enfrentaría al Inter de Milán. Peñarol venció por 3-0 a Racing como local y cayò ante Santos 0-1 como visitante. Por cuestiones de organización el torneo prosiguió al año siguiente derrotando Peñarol al Santos por 3-0 en el Centenario, aunque un inesperado empate ante Racing en Avellaneda lo privò del título que quedó en manos brasileras. Días después al ahora coronel Milans presentó su renuncia por razones personales aunque existían conflictos con la dirigencia desde el torneo anterior cuando el equipo ganaba sin convencer y era mezquino en ataque aunque el pobre empate como local ante Olimpia aceleró el final. También se acusaba al preparador físico, el capitán Luis Coll, de una intensa preparación que había dejado a los jugadores en mala forma sobre todo teniendo en cuenta la edad de varios de los titulares. También se rumoreaba que los jugadores ya no soportaban màs el régimen castrense de Milans y que éstos lo dejaron en “off side”
Ernesto “cholo” Ledesma asumió de manera interina para disputar los partidos con Nacional. Los “bolsos” vencieron por 2-0 en el primer partido con goles de Maneiro y Mujica. Peñarol se impuso en la revancha con un solitario gol de Spencer por lo que debieron disputar un desempate para definir el finalista.
Tras 120 minutos pobres donde se pegó más de los que se jugó ninguno de los dos equipos pudo abrir el marcador clasificando Nacional por haber convertido un gol más.
La eliminación caló hondo tanto en el plantel como en la dupla Gûelfi-Cataldi. Las críticas periodísticas eran feroces y la hinchada comenzaba a impacientarse. Fue entonces cuando surgió la idea de suscribir un bono patrimonial para obras a futuro.
Sin embargo el gran golpe publicitario fue la contratación del técnico brasilero Oswaldo Brandao. El entrenador gaùcho de vasta trayectoria en su país había obtenido el campeonato Nacional Argentino con Independiente en 1967 y se lo reconocía como un hombre con fama de severo y de carácter fuerte que poseía el don de saber motivar a sus jugadores y exigirlos al máximo para lograr sus objetivos.
Evidentemente no tardaría mucho en chocar con los caudillos mirasoles a quienes suprimió privilegios y exigió físicamente con entrenamientos a doble turno hasta llegar a un cansancio prematuro que los más veteranos no podían soportar. Esto abrió las puertas de la titularidad a aquellos jugadores más jóvenes eternamente postergados por los monstruos sagrados que debían resignarse al banco de los suplentes o a buscar nuevos horizontes. Pronto Joya, Abbadie, Cortès, Varela y “Lito” Silva expresaron su disconformidad y quedaron relegados al banco de suplentes o separados del plantel. Tras la obtención ajustada del Torneo Cuadrangular y un auspicioso debut en el Campeonato Uruguayo con victorias ante Cerro y Bella Vista, aparecieron algunos magros empates y una inesperada derrota ante Liverpool, que significó el final de un invicto de 56 partidos (2), sembraron las primeras dudas. Sin embargo el detonante fue la exclusión de Spencer como titular por el juvenil goleador Lamberck de quien mucho se esperaba y poco cumpliera.
El 28 de Septiembre cayó ante Nacional por 2-0 con goles del verdugo Celio y el recientemente contratado Luis Artime marcó no solo el fin de una larga hegemonía de nueve años sin conocer la derrota ante su clásico rival por la Copa Uruguaya (3), sino que también alejó a los mirasoles del título, pues quedaban a 5 puntos de su acérrimo rival y obligados no solo a realizar una muy buena segunda rueda sino además a esperar que los “bolsos” dejaran puntos por el camino, cosa que finalmente no sucedió puesto que la diferencia final fue de seis puntos obteniendo Nacional 43 unidades contra 39 de los aurinegros si se suman los 18 partidos del torneo más las 5 fechas del hexagonal final, un ridículo invento para estirar un poco más la temporada. Nacional iniciaba así su época más gloriosa que coincidiría casualmente con el ocaso de su eterno rival.
Pero la única alegría del año fue la obtención de la Supercopa de clubes sudamericanos ganadores de la Copa Intercontinental, una versión ampliada de aquel torneo que en Mayo le arrebatara el Santos. Los restantes participantes fueron Racing Club, Estudiantes de La Plata y el propio equipo de Pelé.
Se jugó durante los dos últimos meses del año y los partidos rememoraban viejas rencillas entre los jugadores por lo que no se trató de un simple torneo amistoso sino de una mini Copa Libertadores. EL torneo comenzó con un trabajado empate frente a Racing en Avellaneda (0-0) y una gran victoria frente a Estudiantes – reciente bicampeón de América – por 3 a 1 en el Centenario con doblete de Rocha y el restante de Losada.
El partido clave fue la victoria frente al Santos ante un Centenario repleto y tras remontar un tempranero gol de Pelé con tantos de Spencer y Onega que sirvieron para decorar el 2-1 final.
A pesar de la derrota por 2-0 sufrida en San Pablo, los carboneros continuaron su marcha con una inapelable victoria como local frente a Racing por 4-1 con 2 de Spencer y otros tantos de Rocha, por lo que debían disputar el encuentro final frente a Estudiantes en el reducto de La Plata.
Se sabía que la cancha y la mala fama del rival serían dos escollos importantes para los manyas que con solo empatar se adjudicaban el título, en cambio una victoria de los locales suponía la consagración de Racing Club.
La primera etapa finalizó con el marcador a favor de los locales con gol de Verde, Sin embargo en el segundo tiempo Brandao reemplazó a Ermindo Onega – castigado sin piedad por Pachamé y completamente ausente del partido – por el “pocho” Cortés quien se juntó con el “tito” Goncalvez, el verdugo “Rocha” y un movedizo Losada y así dieron vuelta el partido. Enseguida Rocha logró el empate eludiendo al arquero tras un gran pase en profundidad de Forlan y siete minutos después un desborde de Losada por derecha concluyó con un centro rasante para la entrada de rocha quien nuevamente no tuvo inconvenientes en marcar el gol que suponía la confirmación del único título que faltaba en las vitrinas de Peñarol. Sin embargo esa Copa permaneció olvidada en el imaginario popular durante muchos años hasta que la Conmebol la oficializó recién en 2005.
De esa manera 7 jugadores se adjudicaban la hazaña de haber logrado todos los títulos nacionales e internacionales posibles para el club: Mazurkiewicz, Forlan, Goncalvez, Caetano, Rocha, Spencer y Cortés.
A comienzos de 1970 arrancó la Copa Libertadores. Peñarol y Nacional empataron 1 a 1 en el debut con goles de Onega y Morales. Luego llegaron los enfrentamientos con los equipos venezolanos como visitante, empató sin goles ante Valencia y venció a Deportivo Galicia por 1 a 0 con gol de Onega. Aunque el paso por la Copa parecía firme y los rivales no tenían gran jerarquía el malestar entre los caudillos y el técnico Brandao ya se había trasladado a la comisión directiva. La gota que rebalsó el vaso fue la exclusión del “Tito” Goncalvez y de Spencer del plantel titular, quienes se presentaron ante la dirigencia para expresar un ultimátum: O Brandao o ellos.
Lo cierto es que más allá de todo comentario se sospechaba que la verdadera intención de traer al técnico brasilero era la de jubilar a los ídolos que impedían al ascenso de jugadores más jóvenes y no garantizaban el lógico recambio que se produciría una vez que dejaran de jugar, además el club necesitaba vender para emparejar las cuentas que cada vez eran màs desfavorables.
Fue así que llegaron varias promesas al club, el arquero Corbo de gran trayectoria en los ’70, los defensores Rodolfo Sandoval y Jorge Peralta, los volantes Ricardo Soria, Alfredo Lamas y Edison Amoroso y el atacante Waldemar Cáceres. Ninguno de ellos sobrepasaba los 23 años.
Con Abbadie jubilado, Joya y Silva fuera de sus planes; solamente Cortés, Rocha y Onega aportaban su experiencia del medio hacia adelante. Con ellos más la base defensiva de Matosas, Figueroa, Forlan, Caetano y Mazurkiewicz afrontaría la Copa, aunque no esperaba encontrarse con algunos imponderables que entorpecerían sus planes y acelerarían algunos regresos.
El primer inconveniente que tuvo que soportar Brandao fue el doping positivo detectado a Caetano y Cortés tras el empate sin goles frente a Nacional en la revancha que los marginaba de la competencia. Varela, Goncalvez y Silva habían sido separados del plantel días antes por la comisión directiva a raíz de sus declaraciones contra el polémico técnico. Pese a ello el equipo derrotó al Deprotico Galicia por 4 a 1 y cinco días màs tarde logró la máxima goleada jamás igualada en la Copa al derrotar a Valencia por 11 a 2! Con triplete de Rocha y doblete de Spencer, Onega y Losada en lo que supuso la vuelta triunfal de ecuatoriano al equipo titular.
Con la clasificación a la segunda ronda donde los rivales eran Guaraní de Paraguay y la Liga Deportiva Universitaria de Ecuador se produjo el éxodo de 8 jugadores a la selección con vistas al Mundial de México por lo tanto no pudo contar más con Mazurkiewicz, Matosas, Rocha, Losada, Corbo, Sandoval y los indultados Caetano y Cortés. Por lo tanto los carboneros afrontaron la definición de la Copa con solamente 16 jugadores. Conviene repasar la formación que debutó ante LDU en Quito en el comienzo de la segunda fase para despejar todas las dudas: Sergio Blanco de 19 años debutante absoluto en el arco, Rubén Soria de lateral derecho, Figueroa y Jorge Peralta de centrales y Alberto Martìnez, hábil lateral izquierdo completaban la defensa; Milton Viera, Goncalvez y Onega de volantes; Nilo Acuña, Lambreck y Spencer en la delantera. Triunfaron por 3 1 1 con goles de Acuña, Spencer y Onega con una maravillosa actuación del arquero Blanco.
Posteriormente cayeron por 2-0 ante Guaraní en Asunción y se desquitaron en el Centenario con un agónico tanto de Spencer que vulneraba por fin al imbatible arquero Aguilera.
Con la única variante de Mario González por Acuña – expulsado ante Guaraní – el equipo de Brandao repetía la misma formación por cuarto partido consecutivo. Ganaba cómodamente por 2-0 con goles de Onega y Goncalvez hasta que el otrora seguro Blanco se metió un gol en contra al intentar despejar un corner por sobre el travesaño. Así y todo el equipo clasificó para la semifinal ante la sorprendente Universidad de Chile que había eliminado nada menos que a Nacional en un desempate en Porto Alegre.
El equipo chileno tenía una sólida defensa, un mediocampo de buen toque en el cual se destacaban Hodge, Marcos y Aranguiz y el prodigioso puntero derecho Pedro Araya dueño de una velocidad y un habilidad francamente sorprendentes y al cual muchos uruguayos recordaban de su destacada actuación en el Sudamericano de 1967.
El primer encuentro en Chile fue un ajustado triunfo de los locales en el cual el arquero Blanco fue responsable directo de una desafortunada maniobra que posibilitó el gol de Araya. Poco pudo hacer Peñarol para empatar el partido, máxime si se tiene en cuenta que el gigante Cáceres fue expulsado.
La revancha en el Centenario fue favorable para los carboneros que vencieron por 2 a 0 con goles de Onega y Spencer. Ariel Pintos, ex arquero de Danubio, sustituyó en la valla al denostado Blanco, quien nunca más atajaría en la primera de Peñarol. Se forzó entonces a un desempate que se jugó 48 horas después en el estadio de Racing de Avellaneda en un campo pesado.
Marcos de penal abrió el marcador para los chilenos, empatando Lamberck en el segundo tiempo. En los 90 minutos no se pudo quebrar el marcador en parte gracias a la magnífica actuación de Pintos y fue necesario ir a un alargue.
Peñarol se clasificaba con el empate a la final por haber convertido un gol más que su oponente, sin embargo a 9 minutos del final Hodge colocó el 2-1.
Todo parecía definido y se notaba que Peñarol no tenía respuestas físicas pata torcer la historia, pero lo que sobraban eran agallas, por lo que fueron todos a la carga quizás recordando Aquella tarde-noche de Santiago cuando River les había “mojado la oreja”cuatro años atrás. Faltando solo dos minutos una falla del arqueo Neff a quien la pelota mojada se le resbaló de las manos y fue a caer a los pies de Jorge Peralta que con un fuerte remate marcó el impensado empate y la clasificación a la final.
El bicampeón de América Estudiantes de la Plata aguardaba en la final. Se sabía que era un equipo fuerte, preparado que jugaba al límite del reglamento y que manejaba muy bien la pelota parada tanto a favor como en contra, por lo tanto era muy difícil sorprenderlo.
El 21 de Mayo de 1970 en el estadio Jorge Luis Hirschi de la Plata se disputó la primera final en un ambiente ensordecedor. Sin Spencer lesionado y reemplazado por Alfredo Lamas, el plan de Peñarol fue aguantar el partido tratando de enfriar con el toque de Onega y Goncalvez en el mediocampo y la fortaleza de Elías Figueroa tanto por arriba como por abajo con Nilo Acuña como única preocupación para Pachamé y el fondo de Estudiantes. EL defensor chileno se cansó de rechazar pelotas que caían dentro de su propia área hasta que a los 87 minutos un enésimo rechazo suyo terminó con una pelota caída a los pies de Togneri que desde 30 metros colocó un furibundo remate de izquierda inalcanzable para Pintos anotando el único gol de cotejo. Casi empata Peñarol al final cuando Rudzki despeja en la línea y con Errea vencido un remate de Lamberck.
Para la revancha en Montevideo se esperaba una batalla recordando lo que había ocurrido dos años atrás con Palmeiras. Peñarol hizo sentir el jugo duro a un equipo totalmente indolente como el “pincharrata”. Veròn, Echecopar y Conigliaro no se amedrentaron.
Pudo ponerse en ventaja el elenco uruguayo a los 12 minutos cuando un remate del “tornillo” Viera pegó en el poste y Errea despejó al corner el rebote tomado por Martìnez. Sin embargo poco a poco Peñarol se fue desinflando, Onega aparecía de manera intermitente, Acuña y Lamberck no podían imponer su técnica individual y Estudiantes enfriaba el partido.
La respuesta física no era la mejor pues el poco recambio del plantel estaba haciendo mella en las piernas de los mirasoles que estuvieron cerca del triunfo en el minuto 89 cuando Errea tapó muy bien un inquietante cabezazo de Onega unto a un poste.
Estudiantes se convertía en tricampeón de América aguantando el empate en el propio estadio Centenario y como campeón pretendía dar la vuelta olímpica, una situación que ninguno de los uruguayos estaba dispuesto a tolerar. La respuesta de algunos jugadores de Peñarol como el Tito Goncalvez hacia ciertas actitudes de los argentinos fue desmedida, prueba de ello pueden dar Medina y Solari. Lo cierto que se generó una terrible trifulca donde Bilardo, Viera, Verón, Lamberck, Errea y Martìnez fueron los más exaltados repartiendo puñetazos y patadas a diestra y siniestra inclusive en el camino hacia los vestuarios hasta que finalmente la policía pudo poner orden. Poletti (4) y Goncalvez fueron detenidos y recuperaron su libertad a instancias de Cataldi, ahora Secretario de Industria y Comercio. Tras la final Brandao siguió hasta el vencimiento de su contrato a fines de Mayo, por lo que Máspoli nuevamente tomó las riendas del equipo tras su regreso de España.
Una época dorada se terminaba. Tito Goncalvez se retiró el 9 de Diciembre en el encuentro frente a Cerro por el campeonato Uruguayo y cuando Nacional era virtualmente campeón. Joya se había vuelto a Perú en Abril para terminar su carrera en Juan Aurich. Rocha y Forlan fueron a pasear su fútbol al San Pablo de Brasil al igual que Lito Silva (Palmeiras). Spencer volvería a Ecuador en Febrero de 1971 y Mazurkiewicz llegaría a Atlètico Mineiro al otro año al igual que Figueroa (Inter de Porto Alegre) y Cortés un poco más lejos (Atlante de México). Comenzaba una nueva era signada por los títulos de Nacional que obtuvo el tetracampeonato uruguayo (1969 al 72), inclusive en el `71 por fin se consagraría Campeón de América tras 3 intentos fallidos y dejando afuera a los mirasoles en la primera rueda. Los mirasoles tendrían que esperar hasta 1973 con la aparición del gran goleador Fernando Morena para volver a festejar un título local y tras una década anémica en títulos internacionales recién obtendría la Copa Libertadores en 1982.
Tal como se puede apreciar en esta serie de notas, Peñarol fue protagonista central de la década del ’60 cuando la Copa Libertadores despuntaba. Con una buena estrategia dirigencial y jugadores dispuestos a dejar el alma por la camiseta, poseedores de una gran personalidad y en muchos casos dotados con una inconfundible clase, llevaron al club a los primeros planos internacionales. Sus hazañas prolongaron el legado de aquellos viejos héroes uruguayos como, Lorenzo Fernández, Gestido, Anselmo, Obdulio Varela, Schiaffino, Ghiggia, Míguez entre otros y permanecen en el recuerdo de quienes vivieron aquellas épocas dejando una marca indeleble, pues hoy cualquier futbolero del Mundo conoce como es “GANAR A LO PEÑAROL”.


(1) Ambos fueron ídolos en el Monterrey de México a mediados de los `70. Francisco “el tano” Bertocchi, un talentoso volante ofensivo de buena pegada y gran precisión en el toque había recalado en 1969 en la LDU de Quito desplazado de Peñarol por Rocha y Onega, allí se convirtió en el goleador de la Copa Libertadores de 1970 con 9 tantos. Distinto fue el caso de Nilo Acuña, habilidoso puntero derecho que comenzó a alternar de titular cuando Abbadie ya tenía 37 años y se quedó con el puesto tras el retiro del pardo”
(2) La última derrota sufrida fue en el Torneo Uruguayo fue el 28 de Agosto de 1966 ante Cerro (0-1). Desde entonces ganó 43 partidos y empató 13 hasta la mencionada derrota del 14 de Septiembre de 1969 ante Liverpool (0-2). La mayor goleada fue ante Danubio por 6 a 2 el 11/10/67 y logró una seguidilla de 13 triunfos consecutivos entre el 21/11/67 (Fénix 1-0) y el 21/9/68 (Cerro 1-0).
(3) La última derrota databa del 2 de Octubre de 1960 cuando perdió por 3 a 2. En ese lapso acumuló 10 triunfos y 7 empates en el Torneo Uruguayo. Cabe destacar que es clásico fue el último partido oficial disputado por Julio César Abbadie con la camiseta aurinegra ingresando en el segundo tiempo. Tambièn fue el primer triunfo local en un clásico para Emilio “Cococho” Álvarez en su dilatada trayectoria para Nacional.
(4) El arquero Alberto Poletti, quien se encontraba todavía suspendido por su actuación en la bochornosa final intercontinental frente al Milan en la Bombonera del año anterior, había concurrido a apoyar al equipo en dicha final por si el clima se ponía pesado, lo mismo que el boxeador José Menno que terminó inclusive con un ojo hinchado.

segunda-feira, 30 de maio de 2011

Las hazañas de Peñarol en los 60s (3ra parte)

Primera final de la Libertadores en el Centanario. Futuros campeones.


Carrizo se anticipa a Rocha cuando River ganaba còmodamente por 2-0 en Santiago Vuelta Olìmpica en Santiago. Peñarol ha ganado una final memorable.


Spencer acecha a Carrizo en los minutos finales de la tercera final


Otra vuelta olìmpica, Joya, Goncalves y Cortès festejan


Arriba: Caetano, Mazurkiewicz, Goncalvez, Dìaz, Lezcano,Forlan, Máspoli (DT). Abajo: Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya. Once jugadores para una hazaña




Las dos derrotas en el inicio de la Copa Libertadores de 1966 habían hecho cavilar a Roque Gastón Máspoli sobre la disposición táctica del equipo en la cancha. Néstor Goncalvez a pesar de tener un gran peso en el equipo carecía del ida y vuelta que necesitaba un volante central por aquellos tiempos en los cuales muchos rivales jugaban de contraataque y podían aprovechar los espacios vacíos que dejaba el capitán cuando incursionaba ofensivamente y Cortés carecía de la velocidad de Sasía para cubrir las espaldas tanto de “Tito” como de los laterales que se sumaban al ataque.
Por lo tanto el entrenador puso en práctica un esquema parecido al Inter de Helenio Herrera, al cual había visto el año anterior cuando visitó a Independiente en ocasión de la Copa Intercontinental. El paraguayo Lezcano jugaría de líbero por detrás de una línea defensiva conformada por Forlan y Goncalvez como marcadores centrales más Varela y Caetano como laterales. En el mediocampo Cortés sería volante central con Rocha y Abbadie como armadores y Spencer y Joya como delanteros formando un 5-3-2 que podía desdoblarse en 4-4-2 con la subida de un lateral o del propio Goncalvez o en 4-3-3 si Abbadie se sumaba al ataque en posición de puntero derecho de acuerdo a las circunstancias. También contaba con el “Cholo” Ledesma, Emilio Alfano y “Lito” Silva como variantes ofensivas y los juveniles Nelson Díaz y Tabaré González como defensores.
El equipo jugaría de visitante básicamente al contraataque aprovechando los buenos lanzadores que tenía – Cortés o Rocha – y explotando fundamentalmente la velocidad y potencia ofensiva de los morenos – Joya y Spencer – quienes además eran excelentes definidores.
De esa manera llegaron los primeros triunfos en tierras ecuatorianas ante 9 de Octubre y Emelec por 2 a 1 en ambos casos y la victoria en La Paz ante Deportivo Municipal por idéntico marcador.
Luego llegarían las victorias de local vs Jorge Wilsterman (2-0), Dep. Municipal (3-1), 9 de Octubre (2-0) y Emelec (4-1) y un partido con Nacional que fue realmente un trámite, pues ambos equipos ya estaban clasificados empero con doblete de Rocha y un gol de Joya los carboneros vencieron por 3-0.
Integró el grupo de semifinales junto a Universidad Católica de Chile y nuevamente Nacional por cuestiones reglamentarias que impedían que equipos del mismo país se enfrentaran en la final. De ese modo curiosamente 3 equipos argentinos integraban la otra llave semifinal: Independiente, Boca y River quienes pugnarían por un lugar en la final frente al modesto Guaraní que llegó a empatarle a Boca en la Bombonera y asustar a River en el Monumental.
La derrota por 0-1 en Santiago ante un metódico equipo chileno que practicaba con gran precisión la maniobra del offside no melló el ánimo del plantel, que afrontó el primer encuentro frente a Nacional como una verdadera final de la cual se proclamó vencedor por 3-0 con un triplete se Rocha, quien se transformaba en el verdugo de los “bolsos”, no solamente por sus goles sino también por lo que técnicamente demostraba en el terreno y por lo que representaba para sus rivales, como muestra queda el segundo gol en el cual tras recibir un pelotazo de Forlan amagó un pase para un compañero, eludió al sorprendido arquero Paz y entro al arco con pelota y todo paseándola por toda la red para devolverla al mediocampo con un fuerte pelotazo.
Los chilenos de la Universidad Católica fueron claramente superados en el Centenario por 2-0 (Joya y Rocha) aunque los goles llegaron recién durante la segunda etapa. La derrota de los andinos frente a Nacional (1) posibilitó que Peñarol con tan solo empatar frente a su clásico rival llegue a la final.
Nacional necesitaba ganar para avanzar a la final, pero Peñarol resistió los embates de su oponente que carecía de claridad en la definición y cuando conseguía recuperar la pelota la entretenía en el mediocampo con el juego pausado y monótono que le infringían Cortès, Goncalvez y Rocha quienes jugaban lejos del trío Spencer-Silva-Joya y llegaban con pelotazos anunciados que los defensores de Nacional se encargaban de controlar sin mayores inconvenientes. Hasta que faltando 20 minutos un gran pase por elevación de Spencer para el pique por sorpresa de Cortès rompió la defensa en línea de los “bolsos” y el volante definió con un zurdazo alto y fuerte inalcanzable para Sosa que pegó en la parte inferior del travesaño y definió el partido.
River Plate se había impuesto en el otro grupo semifinal al ganar un desempate frente al bicampeón reinante – Independiente a quien venció por 2 a 1 – , Cabe destacar que mientras Peñarol se declaraba finalista el 23 de Abril luego de haber disputado 14 compromisos coperos; los riverplatenses se clasificaron el 10 de Mayo tras jugar 17 partidos, lo que suponía una sobrecarga de partidos máxime si se tiene en cuenta que perseguía sin tregua al puntero Racing en el torneo local evidenciando una gran preparación física producto de la juventud del plantel que contrastaba con la veteranía de algunos jugadores peñarolenses.
Contaba con un plantel plagado de figuras como el experimentado arquero Amadeo Carrizo transitando los últimos años de su extensa carrera; los incansables volantes Solari y Sarnari; los hermanos Onega tan disímiles como armonizados futbolísticamente, Ermindo con su talento e inteligencia innata, Daniel con su gran capacidad goleadora; los uruguayos Matosas y Cubillas que habían dejado gratos recuerdos en Peñarol; el peruano Loayza, un prodigio técnico de refinada gambeta considerado el mejor jugador incaico hasta la aparición de Teófilo Cubillas; Oscar Mas, rápido y diminuto delantero con una diagonal temible y un impresionante remate de volea y el goleador Lallana entre otros.
Según el concepto del verborragico Renato Cesarini, su técnico, el equipo debía ser una “máquina” con una defensa fuerte y un ataque más fuerte aun. El elenco millonario arrastraba años de constantes críticas por aflojar en los momentos decisivos de los últimos torneos. A muchos jugadores se lo catalogaba como faltos de hombría y reticentes a jugar con pierna fuerte cuando los partidos se complicaban. Cesarini exigía un mayor esfuerzo y solidaridad de sus jugadores, fue así que el equipo ganó confianza y fueron apareciendo los resultados y la crítica favorable sobre todo cuando estaban en el umbral para obtener la Copa Libertadores de América.
La primera final en Montevideo se jugaría con árbitros argentinos y la revancha en Buenos Aires con referees uruguayos como parte de la confraternidad entre ambas instituciones.
El 14 de Mayo en el Centenario River planteó un esquema defensivo con la dupla de volantes Solari-Bayo en la contención y la firmeza defensiva de Sainz y Guzmán. Peñarol recién pudo quebrar el cerco defensivo a los 75 minutos cuando el “Pardo” Abbadie de gran actuación se adelantó velozmente a Carrizo y colocó el 1-0. Diez minutos después y ante el desconcierto riverplatense por la desventaja en el marcador Joya conquistó el segundo tanto con un fuerte disparo que se incrustó entre el veterano arquero y el primer palo cuando los defensores de River reclamaban offside.
Cuatro días más tarde y ante un clima hostil se jugó el desquite. El plantel de Peñarol debió llegar al estadio en varios taxis, pues el ómnibus que debía trasladarlos al Monumental nunca llegó y la dirigencia temía que se le diera por perdido el partido por no llegar a horario. Los jugadores debieron recorrer a pie las últimas cuadras que los separaban del estadio por el incesante tráfico en los alrededores soportando una especie de Vía Crucis ante la multitud de argentinos que pugnaba por ingresar a la cancha.
Llegaron separados en varios grupos con el tiempo justo para cambiarse sin ningún tipo de calentamiento previo y cuando ingresaron al terreno de juego se encontraron inclusive con gente dentro de la pista olímpica en una improvisada tribuna que le proferiría todo tipo de agresiones verbales y físicas durante el desarrollo del encuentro.
Sin embargo el equipo se adaptó enseguida al trámite del partido y a los 32 minutos Rocha convirtió el primer tanto de penal tras tomar el rebote que había dado Carrizo en primera instancia. Onega empató de cabeza 6 minutos después desviando un centro.
Al comienzo de la segunda etapa Spencer desniveló tras empalar la pelota sobre el achique de Carrizo tras un rápido contraataque, pero enseguida empató Sarnari con una gran acometida.
Finalmente a los 73 minutos Emindo Onega convirtió el 3-2 final que desató una algarabía tal que hasta los policías encargados de controlar el orden se abrazaban con el autor del gol.
Los hechos violentos no terminaron en la cancha, continuaron en el hotel, pues cuando los jugadores regresaban fueron agredidos a golpes de puño y patadas por un gran número de iracundos simpatizantes de RIver Plate. No obstante la delegación no efectuó ningún tipo de denuncia o descargo conscientes que la situación se resolvería en terreno neutral.
A pesar que la revancha debía jugarse 72 horas después en Chile, los dirigentes de River propusieron adelantar un día el partido argumentando compromisos locales y sospechando que la recuperación de los veteranos de Peñarol sería más lenta. Cataldi y los suyos aceptaron más por orgullo y sed de venganza que por convicción y raciocinio. Además pesaba en el plantel la humillante derrota sufrida en el mismo escenario ante Independiente un año atràs. Desconocìan que los próximas 3 Copas las obtendrían en el mismo estadio.
La tarde del 20 de Mayo de 1966 en el estadio Nacional de Santiago quedaría en la historia grande del fútbol uruguayo. River no podía contar con el sobrio defensor Guzmán lesionado en el segundo cotejo entonces jugó Grispo. La superioridad de River durante la primera etapa fue notoria superando a los uruguayos en todo el campo de juego con una gran circulación de pelota, anticipo permanente y un ataque insostenible que se tradujo en un incuestionable 2-0 con tantos de Daniel Onega y Solari tras un tremendo disparo de media distancia sobre al final de la etapa.
En el complemento Màspoli sustituye a Nelson Díaz de floja tarea por el temperamental Tabaré González con la intención de reforzar la defensa. También Cesarini efectuó una modificación aunque ungido por un golpe que recibió Sainz quien solicitó el reemplazo; inicialmente la idea era reemplazarlo por Bayo, quien según algunas versiones se negó argumentando que su posición no era la de lateral, por lo tanto decidió el ingreso del delantero Lallana dado a la falta de defensores en el banco y confiado en que la supremacía esgrimida era tal que podría golear al elenco uruguayo para redondear una final perfecta.
River terminó jugando con 7 jugadores plenamente ofensivos y solamente Vieitez, Grispo y Matosas como defensores. Solari bajó a auxiliar a la defensa como improvisado lateral y el mediocampo quedó conformado por Sarnari y Ermindo Onega quedando en la delantera Cubilla por derecha, Mas por izquierda, Lallana y Daniel Onega como atacantes netos.
El funcionamiento de River no se resintió pese al cambio, y además Peñarol seguía sin imponer su presencia en la cancha aunque controlaba un poco mejor a su rival cómodo con el resultado, pero a los 60 minutos llegaría la jugada que serviría como bisagra para torcer la historia: Joya toca para Spencer quien efectúa un remate débil y bombeado que Carrizo amortigua con el pecho y luego toma despreocupadamente con sus manos (2). Los uruguayos y el público local – en su mayoría – interpretan que el arquero quiso sobrar la jugada manifestando su suficiencia ante los rivales. La acción dispara automáticamente dos efectos, el primero es la desaprobación de los espectadores que deciden a apoyar a Peñarol cuando antes disfrutaban y vitoreaban el lucido juego de River, la segunda es despertar el carácter típico de los jugadores del conjunto uruguayo ofendidos por lo que consideran una afrenta, quienes de ahora en más sacarán a relucir toda su personalidad en un momento adverso y muy difícil de revertir.
El propio Spencer, Goncalvez y Abbadie recriminan al arquero su actitud, Carrizo hace caso omiso. A partir de ese momento los jugadores de Peñarol comienza a enviar centros al área que Spencer, Rocha y Abbadie se encargarían de capitalizar con sus embestidas sobre la humanidad del experimentado arquero que comienza a ser hostigado también por Lito Silva, lesionado en la primera final, que logra ingresar al terreno y colocarse detrás de su arco para proferirle todo tipo de insultos.
A los 70 minutos Un tiro libre alto de Goncalvez aterriza de golpe en el punto del penal donde se ubicaba Spencer quien de volea y con una sorprendente media vuelta de zurda clava la pelota en un ángulo y descuenta.
A partir de ese momento Peñarol siente que River se desinfla y como el noqueador de boxeo sabe que su rival está sentido por el golpe, por lo tanto como sabe que tiene mayor poder de pegada y que psicológicamente ganó la contienda entonces se la juega a riesgo de recibir una contra que lo puede voltear por toda la cuenta.
Poco a poco River se va encerrando en su área porque Peñarol lo aprieta. Cada centro puede terminar en gol, cada disparo al arco inquieta a Carrizo. River ya no tiene salida clara y apuesta a un contraataque pero Cortès y Goncalvez roban una pelota tras otra y la tocan con criterio. De ese modo a los 72 minutos una combinación entre Spencer, Joya y Rocha rebota en un defensor riverplatense Abbadie dispara al arco desde fuera del área, la pelota se desvía en la espalda de Matosas y es el empate.
Nadie lo puede creer, a River se le escapa la Copa de las manos. Joya y Spencer presionan sobre la salida de Carrizo y los nerviosos defensores, Forlan y el “Tito” llenan el área de centros para los morenos y Rocha se ha transformado en otro atacante más. Todavía queda tiempo para que Spencer erre un gol increíble con Carrizo desparramado y otro definiendo muy alto sobre la cabeza del arquero y que sobre la hora Daniel Onega remate desde buena posición por sobre el travesaño una pelota que le bajó Lallana de cabeza y Lezcano despeje sobre la línea un remate de Lallana en un atisbo de reacción riverplatense.
Terminado el tiempo reglamentario Cesarini comprendió que su cambio había sido desatinado porque sería imposible detener la embestida del envalentonado Peñarol sin defensores y supo que algunos de sus jugadores eran víctimas de aquellos viejos fantasmas que venían negándole los títulos. Supo además que sería objeto de feroces críticas hasta el último día de su vida.
A pesar de todo el alargue pesaba en los veteranos uruguayos que recién consiguieron la desventaja a los 12 minutos del alargue con una fórmula muy repetida: centro de Forlan y cabezazo extraordinario de Spencer aventajando a sus marcadores y venciendo a Carrizo. Allí se terminó la Copa aunque para rubricar la hazaña Rocha convirtió también de cabeza 6 minutos después el 4-2 definitivo y lapidario para las aspiraciones de un desdibujado River Plate. Todavía quedó tiempo para dos fouls de Carrizo contra Spencer fuera del área en sendos mano a mano que denotaban la impotencia del arquero ante lo inevitable. Esa jornada marcarìa el nacimiento del mote de "gallinas" para denominar a los riverplatenses, quizàs por la sensación de miedo o estupor que eriza la piel tanto como estas aves (3).
Terminó el partido y jugadores, técnico, dirigentes y allegados se confundieron en lágrimas y abrazos. Poco más de un millar de hinchas carboneros deliraba en las tribunas.
El regreso a Montevideo fue motivo de festejos similares al Maracanazo de 1950. Los jugadores fueron recibidos como auténticos héroes. Pero todavía quedaba un desafío: La Copa Intercontinental frente al Real Madrid.
El conjunto merengue ya había jubilado a sus leyendas como Di Stèfano y Puskas. Una nueva generación de jugadores asomaba destacándose Amancio, Grosso, Velázquez, Sanchis y Pirri a los cuales se los llamó “los ye-ye” por una producción fotográfica que habían realizado con unas pelucas imitando a los famosísimos Beatles.
Pero más allá de lo anecdótico, era un equipo cuyos jugadores habían crecido viendo jugar al equipo de las cinco Copas de Europa y procuraba recuperar su mística. Habían dado el gran golpe al eliminar al campeón Inter de Milán en semifinales y después derrotar en la final al duro Partizan de Belgrado por 2-1 tras revertir la desventaja inicial.
Muchos de los jugadores ibéricos conocían a los uruguayos por la meritoria actuación del Mundial de Inglaterra y sabían que el rival no era fácil, pero sostenían que obteniendo un buen resultado de visitante no tendrían inconvenientes para vencer en Madrid. Sin embargo el estado físico de los jugadores que regresaban de la Copa del Mundo no era el más óptimo por lo que se dejaba ver en los primeros partidos del Campeonato Uruguayo, donde un par de derrotas y algunos empates dejaban al equipo mirasol lejos del puntero Nacional.
El primer encuentro se disputó en Montevideo el 12 de Octubre de 1966 ante un Centenario repleto. Sorprendió la marca personal que impusieron los “merengues”. Sin embargo a los 39 minutos tras un saque lateral una combinación entre Abbadie y Spencer culminó con un una gambeta finísima del ecuatoriano que dejó desairados a Zocco y De Felipe y definió sobre la salida de Betancort.
Pachìn dejó al visitante en inferioridad numérica por agresión de Pachìn a Spencer, aunque el árbitro ignoró un cabezazo anterior de Rocha al defensor madridista, por lo que durante la segunda etapa el equipo local manejó pelota, terreno y marcador ante la siempre férrea marcación de los madridistas. Por eso no resultó extraño que el 2-0 se haya producido cuando faltaban apenas 5 minutos para el epílogo Abbadie colocó un pase en profundidad para la entrada de Spencer quien definió fuerte y rasante sobre la salida del golero español. Los europeos se quejaron del estado del campo de juego y del tamaño de la pelota – más chica que la que acostumbraban jugar en el viejo continente – que les impedía un mejor control del juego. Pero tenían gran confianza para vencer en la revancha, puesto que consideraban que el cansancio del viaje y la propia presión del público local inclinaría la cancha en dirección al arco defendido por Mazurkiewicz y la diferencia llegaría por decantación.
Los fanáticos del Real Madrid agotaban pasajes para Lausanna, destino del partido de desempate, mientras la dirigencia reservaba el Hotel. A nadie le cabía en la cabeza otro resultado más que el triunfo en Chamartìn (actual Santiago Bernabeu). Regresaba Gento luego de una lesión, él sería el único sobreviviente en cancha de la gloriosa final de 1960 (el restante era Pachìn, suspendido). Spencer tampoco podía olvidar los 5 goles recibidos y Goncalvez sentía la impotencia de haber quedado marginado por una amigdalitis, ambos tomaban este partido como una auténtica revancha.
Màspoli tenía claro que debía esperar al Real Madrid en su propio campo apelando a la fórmula que tantos éxitos le había deparado en la Libertadores. Gento sería tomado en forma escalonada por Abbadie, Tabaré González (reemplazaba a Forlàn, lesionado en la ida) y si conseguía pasar lo cruzaría Lezcano; Caetano con Serena, Lezcano y Varela sobre Grosso y Amancio; Goncalvez y Cortès peleando el el medio con Velázquez e imponiendo su toque corto y prolijo; Rocha y Abbadie de lanzadores, el “pardo” colaborando también en la contención; finalmente Joya y Spencer como puntas. La idea fundamental era aguantar los embates iniciales para después imponer su ritmo y llevar a los españoles al terreno que más le convenía.
El 25 de Octubre y ante el arbitraje del italiano Lo Bello se disputó la segunda final. Tal como suponía Màspoli el Real Madrid salió a buscar el resultado desde el pitazo inicial, pero luego de los 10 minutos Peñarol se acomodó en la cancha y en menos de 10 minutos creó tres situaciones por intermedio de Spencer y Joya e inclusive se anuló un gol del ecuatoriano por supuesta mano.
A la media hora una genialidad de Rocha terminó con un discutido penal cometido por Calpe que el mismo Pedro se encargó de convertir. Con la ventaja Peñarol se relajó e hizo circular la pelota ante el nerviosismo de los jóvenes jugadores del Real Madrid que no encontraban la forma de penetrar tan cerrado esquema defensivo. Casi sobre el final del primer tiempo un vertiginoso recorrido de Spencer eludiendo rivales por derecha desde el mediocampo que incluyó una pared devuelta de taco por Joya cuando el ecuatoriano entraba al área culminó con un suave remate sobre la salida de Betancort que colocó el 2-0 ante el estupor de los locales. Una verdadera lección de cómo se debe jugar de visitante tituló el “La Gazzeta dello Sport” refiriéndose al planteo de los sudamericanos. El segundo tiempo estuvo de más, puesto que Peñarol cerró aun más sus líneas y ante la impotencia del local el encuentro decayó en interés y emotividad. Peñarol soportó con entereza los asedios del local, tocó con tranquilidad cuando recuperó la pelota y creó algún peligro con las pelotas largas en dirección a Spencer, Joya o Abbadie hasta que Lo Bello decretó el final. Peñarol tocaba el cielo con las manos, no solo se había vengado del Real Madrid y en su propia casa, además se había proclamado como el mejor equipo del Mundo tras una temporada extenuante con la Copa Libertadores y el mundial de Inglaterra con un plantel compuesto en su mayoría por veteranos de gran experiencia que ya sentían el paso de los años, pero que estaban dotados de una gran fibra combativa y un eximio dominio del balón que les permitía dar vuelta los partidos más difíciles y doblegar a los mejores equipos del Mundo.
El balance era prácticamente inmejorable, de las 7 Copas Libertadores jugadas hasta 1966 Peñarol había jugado 6, ganando la mitad de ellas, llegando a 2 finales y a una semifinal. Tres veces había disputado la Copa Intercontinental venciendo en 2 oportunidades. El club era reconocido no solo en América sino también en toda Europa, sus jugadores eran figuras de renombre disputadas por muchos clubes, las arcas del Club recaudaban fondos por títulos, giras y derechos de televisión que solamente eran superados en América por el Santos de Pelé. El club estaba en el pináculo de sus 75 años de vida.
Pero lentamente comenzaría la declinación que significaba el final de un ciclo paralelamente al el resurgimiento del rival de toda la vida, aunque en la transición aguardaban nuevas hazañas.

(1) Fernando Riera, famoso por dirigir a la Selección Chilena en 1962 y al Benfica de Eusebio un año después, había tomado la dirección técnica de Nacional tras haber dirigido y clasificado paradójicamente a Universidad Católica durante la primera fase de esta misma Copa.
(2) Aunque el propio Amadeo declaró que la pelota le había pegado en el pecho y que no tuvo intención de cargar a sus rivales, en el mundillo del fútbol argentino se sabía de las fanfarronerías del arquero. El propio presidente de River Plate Américo Liberti manifestó que Carrizo fue el responsable de la reacción de los contrarios y de echarse el público en contra porque es muy fácil sobrar en la buena, pero hay que tener la guapeza suficiente en las malas.
(3) Una semana después(29/5/66) visitando a Banfield por el torneo local, los simpatizantes locales arrojaron al terreno de juego una gallina con una banda roja adherida a sus plumas que simbolizaba una original chanza ante la tremenda derrota de Santiago
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terça-feira, 1 de fevereiro de 2011

Las hazañas de Peñarol en los 60s

Una formación de Peñarol de 1958 cuando comenzaba el ciclo histórico
Equipo de Peñarol que debutó en la Copa Libertadores de 1960 ante Jorge Wilsterman


Puskas del Real Madrid maniobra ante William Martínez y Pino de Peñarol en la primera final de clubs de 1960



Alberto Spencer, el mejor jugador ecuatoriano de toda la historia. Autor de los goles decisivos de Peñarol




Néstor "tito" Goncalvez, 571 partidos con la camiseta aurinegra entre 1957 y 1970











Peñarol la noche que se consagró campeón del Mundo ante el Benfica de Portugal







El horizonte de Peñarol a fines de los ´50 no era el más claro. Nacional se había consagrado tricampeón uruguayo entre 1955 y 1957; los jóvenes héroes del Maracanazo como Schiaffino y Ghiggia habían sido transferidos a Italia y los veteranos como el arquero Máspoli, el gran capitán Obdulio Varela y Rodríguez Andrade se retiraban, mientras tanto Omar Míguez jugaba sus últimos partidos con la aurinegra. Solamente la habilidad de Julio César “pardo” Abbadie y la prestancia defensiva de William Martínez suplían en parte el carácter de fuego de aquellos caudillos, pero la tentación económica del Génova italiano fue irresistible para el puntero derecho que emigró en 1956. Los problemas financieros comenzaban a ser frecuentes en el club y la falta de títulos ofuscaba a sus seguidores y ensalzaba a la prensa.
Los vientos de cambio llegaron con la elección de la nueva comisión directiva comandada por Gastón Güelfi, Washington Cataldi y Fernando Parrabere a principios de 1958. La flamante dirigencia no solo buscó formar un equipo competitivo para salir del atolladero, sino que también cimentó el crecimiento institucional del club fijando sucesivas metas, conscientes de la importancia del equipo aurinegro en Uruguay y la trascendencia que podían alcanzar a nivel sudamericano y Mundial.
Para esa temporada repatriaron desde Italia al injundioso goleador Juan “el verdugo” Hohberg y del fútbol de la pequeña localidad de Salto llegó un jugador que con su gran personalidad y dotes de mando emularía al mismísimo Obdulio, respondía al nombre de Néstor Gonçalvez, pero todos lo conocerían años después por “Tito”. Con el aporte goleador de Carlos Borges y la frescura juvenil de un desequilibrante Luis Cubilla los “carboneros” fueron a recuperar la gloria perdida. El arquero Luis Maidana, buen atajador bajo los 3 palos y sobretodo en pelotas aéreas; más el corpulento defensor brasilero Milton Alves da Silva más conocido como Salvador se consolidarían lo largo de la temporada como los puntales defensivos.
Hugo Bagnulo fue contratado como entrenador, se trataba de un hombre sencillo, campechano, de bajo perfil, pero firme a la hora de marcar el rumbo a sus dirigidos quienes lo consideraban como a un padre.
El torneo uruguayo de 1958 estaba llegando a su fin, y como generalmente ocurría, Nacional y Peñarol peleaban palmo a palmo el título. Por esos tiempos la diferencia entre ambos y el resto era tan abismal que los clásicos se pactaban para la penúltima fecha y el vencedor seguramente resultaba el campeón. Ese año no fue la excepción, los clásicos rivales llegaron empatados en puntos y Peñarol triunfó por 2-1 con goles del argentino Hohberg y Roberto “la gata” García tras remontar la desventaja inicial que supuso el tanto de Escalada. Un empate 1-1 con Defensor en la última fecha hizo realidad el tan ansiado título que representaría el comienzo de la era dorada de los mirasoles.
Al año siguiente el torneo quedó igualado entre ambos contendientes a pesar que Peñarol le había sacado una importante ventaja de 6 puntos a Nacional que en las últimas fechas consiguió remontar gracias a los goles del repatriado Walter Gómez. Por lo tanto debió jugarse un desempate que extrañamente se demoró hasta el 20 de marzo de 1960. Para ese entonces Peñarol se había reforzado con la llegada del desconocido jugador argentino Carlos Linazza y el ecuatoriano Alberto Spencer, recomendado por Juan López (1) quien lo había visto en acción el Campeonato Sudamericano extra de 1959 causándole una gran impresión. Gracias a la intervención de Washington Cataldi en la Asociación Uruguaya de fútbol ambos futbolistas pudieron disputar la final.
Roberto Scarone tomó la conducción técnica a partir de ese encuentro donde Peñarol venció por 2-0 a Nacional con tantos de Cubilla y Linazza de penal, ambos en los últimos 10 minutos de un partido que se recuerda más por los ocho expulsados después de una trifulca en el mismísimo terreno de juego – W. Martínez, Aguerre, Borges y Hohberg por los “manyas” (2) ; R. González, W. Gómez, Collazo y Escalada por los “bolsos” – que por el resultado final, lo que representa el ímpetu con el que se disputaban aquellas finales. Al día siguiente Güelfi lo llama por teléfono a Bagnulo felicitándolo por el triunfo y con la intención de otorgarle una medalla por el título conseguido, pero el entrenador entiende que los títulos se ganan en la cancha y desecha el ofrecimiento demostrando su honestidad y hombría de bien.
Con la obtención del título Peñarol se clasificó para disputar la incipiente Copa de campeones de América (hoy Libertadores), para la cual sus dirigentes apuntaron todos sus dardos porque imaginaban que en el futuro el torneo tendría una trascendencia similar a la Copa de Campeones de Europa y representaría una vidriera internacional para su club y sus destacados jugadores.
El primer rival fue Jorge Wilsterman de Bolivia en el estadio Centenario el 19 de Abril de 1960. Borges tuvo el privilegio de convertir el primer tanto de la reciente Copa a los 13 minutos de la primera parte. A la postre Peñarol no tuvo contemplaciones con su rival, lo goleó 7 a 1 – con 4 conquistas de Spencer – y con esa ventaja fue a jugar la revancha en los 2500 m de altura de Cochabamba donde igualaron 1-1.
En semifinales enfrentaron a San Lorenzo de Argentina empataron 1-1 en Montevideo y 0-0 en Buenos Aires aunque perdieron a Cubilla para el partido definitorio por ser expulsado. El desempate debía realizarse como correspondía a cualquier competencia en terreno neutral, pero ante la imposibilidad de realizarlo en Chile a causa del terremoto de Concepción la dirigencia argentina aceptó jugar nuevamente en Montevideo tras rehusar los uruguayos la propuesta de Asunción. El arreglo estipuló que San Lorenzo recibiera parte de la recaudación y que los jueces de línea fueran argentinos. No obstante para los argentinos el torneo no resultaba de la misma importancia que le adjudicaban los uruguayos. Lo cierto es que los uruguayos vencieron por 2-1 con doblete de Spencer y cierta polémica por el primer tanto. El ecuatoriano explotaría en esta Copa como un tremendo y astuto goleador, certero en el juego aéreo y veloz para el desmarque y la definición, atributos que lo llevarían a convertir 48 goles en 77 partidos de Copa Libertadores y 113 tantos en 166 apariciones en torneos uruguayos entre 1960 y 1970.
La final serla con Olimpia de Paraguay que representaba un equipo duro y aguerrido de las mismas características que Peñarol, aunque con jugadores de menor categoría donde podían destacarse el zaguero Edelmiro Arévalo, capitán de la selección; los hermanos Lezcano y el fortísimo delantero Luis Doldán.
Todavía los uruguayos recordaban la durísima derrota infringida por los paraguayos por 5-0 en 1957 que los alejó definitivamente del Mundial de Suecia. William Martínez, Tito Goncalvez y Carlos Borges habían estado aquella tarde aciaga al igual que Arévalo y Echagüe por el lado de los guaraníes, solo faltaría Juan Lezcano suspendido por su reciente expulsión. Sin embargo el temple de los jugadores de Peñarol no sería fácil de doblegar en esta ocasión.
Peñarol se impuso en el Centenario el 12 de Junio de 1960 por 1-0 con un gol de Spencer faltando 11 minutos y tras jugar toda la segunda etapa con 10 jugadores por la expulsión de Juan Lezcano. El encuentro fue muy disputado con más marca que fútbol y las defensas prevalecieron sobre los ataques.
La revancha del 19 de Junio en el difícil reducto de Puerto Sajonia – desde 1974 ostenta el nombre de Defensores del Chaco – en Asunción fue del mismo trámite que en Montevideo, con la diferencia que desde todas las tribuas caían objetos que tenían como destino a los jugadores orientales.Casi sobre la media hora del primer tiempo el conjunto local se puso en ventaja con gol de Hipólito Recalde. Los uruguayos fueron al frente pero la defensa guaraní parecía impasable, Claudio Lezcano recurría a todo tipo de recursos para frenar a Spencer. Scarone movió las piezas reemplazando al moreno ecuatoriano por el veterano Hohberg, quien en la primera pelota dividida que disputó le mostró a Lezcano la auténtica “garra charrúa” aplicándole un codazo de advertencia. Con su experiencia y el respeto que imponía Peñarol tuvo mejor claridad ofensiva y faltando 7 minutos Luis Cubilla marcó el empate que les otorgó a los aurinegros su primer título continental.
Con la intención de consagrar al mejor equipo del mundo se disputó la primera Copa del Mundo de clubs (futura Copa Intercontinental) entre el ganador de la flamante Copa de Campeones de América y el campeón de la Copa Europea. Serían 2 partidos en cada uno de los estadios y un probable desempate en el reducto de la segunda final.
El rival de Peñarol fue el poderosísimo Real Madrid de Di Stéfano, Puskas, Gento, Del Sol, Canario, Santamaría entre otros cracks, un equipo que se había consagrado campeón de Europa durante cinco años consecutivos y que había cimentado una auténtica mística ganadora. La primera final en el estadio Centenario reducido a la categoría de lodazal con una persistente lluvia no deparó vencedores ni vencidos, no pudo apreciarse la verdadera calidad de los jugadores de ambos elencos ni tampoco pudo abrirse el marcador, el empate representaba para los madrileños una ventaja importante para la revancha.
Dos meses después, exactamente el 4 de Septiembre de 1960, en el estadio de Chamartín (actualmente Santiago Bernabeu) se disputó el partido de vuelta. Peñarol, que no pudo contar con la invalorable presencia de “tito” Goncalvez quien fue suplantado por William Martínez ocupando el grandote Majewksi la posición de éste último en la zaga central, este cambio resultaría letal para que los aurinegros que fueron sorprendidos por un furibundo ataque del Real Madrid que se los llevó por delante impidiendo todo intento de juego por parte de los uruguayos. En 10 minutos de juego ya ganaban los “merengues” por 3-0 con 2 goles de Puskas y otro de Di Stéfano con cierta dosis de fortuna. Los uruguayos se mostraban impotentes ante tanto derroche de velocidad y precisión de los locales, quienes con la tranquilidad de la ventaja inicial redondearon un 4-0 al final del primer tiempo y colocaron el definitivo y lapidario 5-1 en el complemento.
La aplastante derrota no hizo mucha mella en el plantel que nunca descuidó su participación en el torneo local. De este modo llegó al final del torneo igualado en puntos con el sorprendente conjunto de Cerro. Por primera vez un conjunto “chico” terminaba en la primera posición y estuvo a seis minutos de consagrarse campeón, pero el empate de Spencer ante Racing en la última jornada los privó de la hazaña. El 18 de Diciembre de 1960 ante un repleto estadio Centenario y en una calurosa tarde se jugó el partido definitorio que rápidamente se decidió en favor de Peñarol cuando una violenta infracción de “tito” Goncalvez dejó literalmente fuera del partido al diminuto y habilidoso volante Miguel Britos, quien sufrió una luxación de clavícula pero permaneció en el campo de juego porque no se permitían los cambios, ante la impasible mirada del referee Esteban Marino. A los pocos minutos una desafortunada acción del arquero González Acuña a quien el balón le rebotó en la espalda y se introdujo en su portería tras un remate de Júpiter Crescio le dio la ventaja a los “carboneros”. La fortuna acompañó a Peñarol puesto que en una acción similar tras remate de Pinto la pelota rebotó en el arquero Maidana y se fue al corner. Nuevamente Crescio y Spencer ampliaron la ventaja, pero descontó Waldemar González de penal colocando el definitivo 3-1 que posibilitó el tricampeonato de los mirasoles.
Para el comienzo de 1961 la comisión directiva fue ratificada tras las elecciones del 21 de Enero. Dicha aceptación les dio vía libre para su nuevo emprendimiento que era llevar a Uruguay la moda del “fútbol espectáculo” adoptada por sus pares de Argentina (Boca y River) que consistía en la contratación de grandes astros del exterior con el fin de mejorar el decadente fútbol doméstico, pero Peñarol pensaba en grande y apuntaba a retener la Copa Libertadores y obtener la Copa Mundial de Clubs. Con tal propósito arribaron al club José “pepe” Sasía, ex Defensor y circunstancialmente en Boca Junios quien vendría a demostrar su gran habilidad y su indomable personalidad en cada uno de los encuentros; el peruano Juan Joya de River Plate, un finísimo y veloz delantero que sería el acople perfecto para la potencia de Spencer; el paraguayo Juan Vicente Lezcano, adversario de las finales del año anterior con Olimpia, el lateral derecho Edgardo “el diablo” Gónzález procedente de Liverpool y el lateral izquierdo José Rótulo de Central Español.
El primer obstáculo que debió sortear el elenco uruguayo fue Universitario de Perú al cual derrotó cómodamente por 5-0 (doblete de Spencer y Joya, el restante de Sasía) en el Centenario y avanzando a pesar del 0-2 sufrido en Lima, marcador exiguo gracias al respeto que los peruanos le profesaban al campeón de América.
Nuevamente Olimpia de Paraguay se cruzaba en el camino de los mirasoles para las semifinales. El partido de ida en el Centenario fue favorable a los locales por 3 a 1 en base a su fuerza y calidad futbolística frente a los vehementes paraguayos que querían tomarse revancha de lo ocurrido un año antes. Salvo algunas brusquedades de Sasía, amparadas por el árbitro argentino Nai Foino, no quedaron dudas de la superioridad charrúa. Sin embargo los medios paraguayos exacerbaron los hechos y la revancha se jugó en medio de un clima hostil donde se alimentó un exagerado nacionalismo por parte de los fanáticos que se trasladó irremediablemente al field.
El partido fue conocido como “la guerra de las narajas” y el principal destinatario era nada más y nada menos que el mismísimo “pepe” Sasía, quien lejos de amedrentarse se transformó en el abanderado de su equipo y hasta se dio el lujo de convertir el penal que abrió el camino para la heroica victoria por 2 a 1 en la cual Cubilla convirtió el segundo tanto. El plantel debió retirarse escoltado por la policía local y hasta el propio presidente Güelfi sufrió el impacto de una botella que le produjo un corte en la cabeza, pero a pesar de todo Peñarol estaba nuevamente en la final.
Palmeiras no parecía un rival fácil en los papeles previos, contaba en sus filas con el veterano pero todavía temible puntero Julinho, el delantero Chinezinho y el afamado lateral campeón del mundo Djalma Santos.
El 4 de Junio en Montevideo se disputó al primera final y los brasileños aguantaron el partido hasta el último minuto cuando Luis Cubilla fue a presionar a Djalma Santos cuyo remate defectuoso cayó en los pies de Spencer que agradeció el regalo marcando el tanto decisivo.
Siete días después en el estadio Pacaembú se San Pablo las cosas se le facilitaron a los visitantes cuando a los 4 minutos un furibundo remate de Sasía pegado al travesaño perforó la red entendiendo el árbitro argentino Praddaude que había sido gol a pesar de las protestas de todo el público y los jugadores locales. Nadie pudo comprobar jamás la veracidad del gol, la única evidencia fue la red rota ya que no hubo fotografías ni filmaciones que pudieran establecer lo contrario.
A partir de ese momento el partido quedó a merced de la experiencia de los charrúas quienes, a pesar de sufrir el empate de Nardo tras brillante combinación con Julinho en el minuto 70, defendieron con uñas y dientes la ventaja lograda en el Centenario destacándose la labor del defensor Núber en la última línea. Peñarol lograba así el bicampeonato de América y ahora esperaba al sorprendente Benfica de Eusebio y compañía que había vencido al grandioso Real Madrid en la final de la Copa de Campeones de Europa decretando que el quíntuple campeón de Europa también tenía fecha de vencimiento.
Costa Pereira, Cruz, Coluna, Aguas, Caven y José Augusto más la reciente aparición de un delantero moreno de 19 años oriundo de Mozambique con un destacado físico y gran pegada llamado Eusebio componían la columna vertebral de un equipo que haría historia en Europa durante toda la década y extenderían sus actuaciones en la selección portuguesa.
La primera final en el estadio Da Luz de Lisboa se decidió a favor de los locales por medio de un gol de Coluna, pese a ello la actuación de los “carboneros” fue aceptable y nada tuvo que ver con el papelón de Madrid. El equipo aprovechó el viaje para participar también en la Copa Ramón de Carranza que se disputaba en Cádiz y donde los orientales vencieron a Atlético de Madrid y cayeron en la final por 2-1 ante Barcelona.
Había mucha confianza respecto de la revancha que se disputó el 17 de Septiembre de 1961 en el Centenario y los jugadores no defraudaron, golearon 5 a 0 (2 goles de Joya y Spencer, 1 de Sasía) a un desprevenido equipo lusitano que reservó a Eusebio con alguna molestia física para el probable desempate, por lo tanto dos días después se disputó el desempate en el mismo estadio.
El técnico Bela Gutman había tomado sus providencias reforzando defensivamente su equipo conocedor del poderío ofensivo de los locales. Ingresaron Neto por Joao y Humberto por Saravia en la defensa e incluyo a Aguas por Santana y Eusebio regresó por Mendes buscando mayor presencia física arriba.
El encuentro comenzó con un tempranero gol de Sasía. Eusebio empató a los 35 minutos. El trámite del encuentro fue parejo y con posibilidades para ambos equipos pese a la dureza de la marca. Cuando faltaban solo 5 minutos para cumplimentar los 90 el referee sancionó penal para Peñarol y “pepe” Sasía lo transformó en gol con un impresionante remate que dejó al arquero portugués sin ningún tipo de reacción. Peñarol era campeón del Mundo en su propia casa y para regocijo se todos sus hinchas.
A raíz de los compromisos internacionales Peñarol postergó varios de sus encuentros del torneo uruguayo para fin de año. Sin embargo una caída de Nacional ante Racing y la derrota ante Peñarol en el primer clásico por 1 a 0 con gol de Spencer dejó a los “bolsos” a un punto del campeón del Mundo y con la obligación de vencerlos en la última fecha para cortar la racha de su eterno rival.
El 26 de Noviembre se jugó el partido decisivo ante un Centenario repleto. Todo empezó muy bien para Nacional puesto que se retiró a los vestuarios ganando 2 a 0 al término de la primera etapa. Pero apenas comenzado el segundo tiempo Peñarol fue una tromba, enseguida descontó Walter Aguerre y luego Ángel Rubén Cabrera, un finísimo goleador, en dos oportunidades dio vuelta el partido logrando un nuevo título para los carboneros. La campaña fue extraordinaria teniendo en cuenta que además disputó la Copa Libertadores y la Intercontinental: 30 puntos sobre 36 posibles 13 ganados, 4 empatados y apenas una derrota, 51 goles a favor, de los cuales Spencer se anotó con 18 conquistas en igual cantidad de partidos y lo siguió Cabrera con 14 tantos en 11 partidos.
Los títulos abrumaban: en solo cuatro temporadas habían conseguido otros tantos campeonatos locales, dos Copas Libertadores y una Intercontinental. Tenía un equipo situado a la altura de los mejores de Europa con jugadores experimentados y algunos juveniles que recién asomaban como Rocha.
Como corolario en 1962 realizaría una gira de partidos amistosos a imagen y semejanza del Real Madrid o el Santos de Pelé para pasear su fútbol y mostrar sus cracks por el viejo continente. Mientras tanto sus dirigentes eran aun más ambiciosos, querían consolidar el liderazgo sudamericano, pero otros equipos como Santos, Boca e Independiente tratarían de impedírselo.



(1) “Entrenador” de la selección uruguaya entre 1950 y 1954 en el estricto sentido de la palabra, ya que se trataba de un organizador del grupo que participaba en la formación del equipo y evaluaba el estado físico y anímico de cada jugador sin profesar demasiadas indicaciones. O. Varela, Máspoli, Gambetta y Tejera eran quienes ordenaban al equipo dentro de la cancha dejando la parte técnica librada a las condiciones innatas de cada jugador. El término “Director Técnico” comienza a tener auge a partir de la década del 60 con la irrupción de Karl Rappan, Helenio Herrera, Juan Carlos Lorenzo, Nereo Rocca y Osvaldo Zubeldía entre otros. Estos últimos priorizan la táctica (especialmente la defensiva) sobre la técnica e introducen el pizarrón en la charla técnica y la práctica de las jugadas con pelota parada como una manera de obtener ventajas a partir de las deficiencias de los rivales.
(2) El apelativo manya viene de la pronunciación del italiano “mangia merda” y se refiere a la fama de gallinas que tenían en la década de 1910, éste era el mote que usaban los de Nacional para denominarlos despectivamente, pero luego sus hinchas lo adoptaron como propio. También le dicen carboneros porque su nombre original era Central Uruguay Railway Company y su sede estaba en el barrio de los talleres de ferrocarril que a principios del siglo XX funcionaba a carbón alimentado a paladas por los obreros. También le dicen mirasoles, por la flor del girasol que es negra y amarilla como los colores de su camiseta. Por contraposición, a Nacional le dicen bolsos porque el escudo del club en la vieja camiseta estaba sobre un bolsillo superior izquierdo a la altura del pecho, entonces comenzaron a llamarlos “bolsilludos” y posteriormente se acortó por resultar más fácil su pronunciación.