segunda-feira, 30 de maio de 2011

Las hazañas de Peñarol en los 60s (3ra parte)

Primera final de la Libertadores en el Centanario. Futuros campeones.


Carrizo se anticipa a Rocha cuando River ganaba còmodamente por 2-0 en Santiago Vuelta Olìmpica en Santiago. Peñarol ha ganado una final memorable.


Spencer acecha a Carrizo en los minutos finales de la tercera final


Otra vuelta olìmpica, Joya, Goncalves y Cortès festejan


Arriba: Caetano, Mazurkiewicz, Goncalvez, Dìaz, Lezcano,Forlan, Máspoli (DT). Abajo: Abbadie, Rocha, Spencer, Cortés y Joya. Once jugadores para una hazaña




Las dos derrotas en el inicio de la Copa Libertadores de 1966 habían hecho cavilar a Roque Gastón Máspoli sobre la disposición táctica del equipo en la cancha. Néstor Goncalvez a pesar de tener un gran peso en el equipo carecía del ida y vuelta que necesitaba un volante central por aquellos tiempos en los cuales muchos rivales jugaban de contraataque y podían aprovechar los espacios vacíos que dejaba el capitán cuando incursionaba ofensivamente y Cortés carecía de la velocidad de Sasía para cubrir las espaldas tanto de “Tito” como de los laterales que se sumaban al ataque.
Por lo tanto el entrenador puso en práctica un esquema parecido al Inter de Helenio Herrera, al cual había visto el año anterior cuando visitó a Independiente en ocasión de la Copa Intercontinental. El paraguayo Lezcano jugaría de líbero por detrás de una línea defensiva conformada por Forlan y Goncalvez como marcadores centrales más Varela y Caetano como laterales. En el mediocampo Cortés sería volante central con Rocha y Abbadie como armadores y Spencer y Joya como delanteros formando un 5-3-2 que podía desdoblarse en 4-4-2 con la subida de un lateral o del propio Goncalvez o en 4-3-3 si Abbadie se sumaba al ataque en posición de puntero derecho de acuerdo a las circunstancias. También contaba con el “Cholo” Ledesma, Emilio Alfano y “Lito” Silva como variantes ofensivas y los juveniles Nelson Díaz y Tabaré González como defensores.
El equipo jugaría de visitante básicamente al contraataque aprovechando los buenos lanzadores que tenía – Cortés o Rocha – y explotando fundamentalmente la velocidad y potencia ofensiva de los morenos – Joya y Spencer – quienes además eran excelentes definidores.
De esa manera llegaron los primeros triunfos en tierras ecuatorianas ante 9 de Octubre y Emelec por 2 a 1 en ambos casos y la victoria en La Paz ante Deportivo Municipal por idéntico marcador.
Luego llegarían las victorias de local vs Jorge Wilsterman (2-0), Dep. Municipal (3-1), 9 de Octubre (2-0) y Emelec (4-1) y un partido con Nacional que fue realmente un trámite, pues ambos equipos ya estaban clasificados empero con doblete de Rocha y un gol de Joya los carboneros vencieron por 3-0.
Integró el grupo de semifinales junto a Universidad Católica de Chile y nuevamente Nacional por cuestiones reglamentarias que impedían que equipos del mismo país se enfrentaran en la final. De ese modo curiosamente 3 equipos argentinos integraban la otra llave semifinal: Independiente, Boca y River quienes pugnarían por un lugar en la final frente al modesto Guaraní que llegó a empatarle a Boca en la Bombonera y asustar a River en el Monumental.
La derrota por 0-1 en Santiago ante un metódico equipo chileno que practicaba con gran precisión la maniobra del offside no melló el ánimo del plantel, que afrontó el primer encuentro frente a Nacional como una verdadera final de la cual se proclamó vencedor por 3-0 con un triplete se Rocha, quien se transformaba en el verdugo de los “bolsos”, no solamente por sus goles sino también por lo que técnicamente demostraba en el terreno y por lo que representaba para sus rivales, como muestra queda el segundo gol en el cual tras recibir un pelotazo de Forlan amagó un pase para un compañero, eludió al sorprendido arquero Paz y entro al arco con pelota y todo paseándola por toda la red para devolverla al mediocampo con un fuerte pelotazo.
Los chilenos de la Universidad Católica fueron claramente superados en el Centenario por 2-0 (Joya y Rocha) aunque los goles llegaron recién durante la segunda etapa. La derrota de los andinos frente a Nacional (1) posibilitó que Peñarol con tan solo empatar frente a su clásico rival llegue a la final.
Nacional necesitaba ganar para avanzar a la final, pero Peñarol resistió los embates de su oponente que carecía de claridad en la definición y cuando conseguía recuperar la pelota la entretenía en el mediocampo con el juego pausado y monótono que le infringían Cortès, Goncalvez y Rocha quienes jugaban lejos del trío Spencer-Silva-Joya y llegaban con pelotazos anunciados que los defensores de Nacional se encargaban de controlar sin mayores inconvenientes. Hasta que faltando 20 minutos un gran pase por elevación de Spencer para el pique por sorpresa de Cortès rompió la defensa en línea de los “bolsos” y el volante definió con un zurdazo alto y fuerte inalcanzable para Sosa que pegó en la parte inferior del travesaño y definió el partido.
River Plate se había impuesto en el otro grupo semifinal al ganar un desempate frente al bicampeón reinante – Independiente a quien venció por 2 a 1 – , Cabe destacar que mientras Peñarol se declaraba finalista el 23 de Abril luego de haber disputado 14 compromisos coperos; los riverplatenses se clasificaron el 10 de Mayo tras jugar 17 partidos, lo que suponía una sobrecarga de partidos máxime si se tiene en cuenta que perseguía sin tregua al puntero Racing en el torneo local evidenciando una gran preparación física producto de la juventud del plantel que contrastaba con la veteranía de algunos jugadores peñarolenses.
Contaba con un plantel plagado de figuras como el experimentado arquero Amadeo Carrizo transitando los últimos años de su extensa carrera; los incansables volantes Solari y Sarnari; los hermanos Onega tan disímiles como armonizados futbolísticamente, Ermindo con su talento e inteligencia innata, Daniel con su gran capacidad goleadora; los uruguayos Matosas y Cubillas que habían dejado gratos recuerdos en Peñarol; el peruano Loayza, un prodigio técnico de refinada gambeta considerado el mejor jugador incaico hasta la aparición de Teófilo Cubillas; Oscar Mas, rápido y diminuto delantero con una diagonal temible y un impresionante remate de volea y el goleador Lallana entre otros.
Según el concepto del verborragico Renato Cesarini, su técnico, el equipo debía ser una “máquina” con una defensa fuerte y un ataque más fuerte aun. El elenco millonario arrastraba años de constantes críticas por aflojar en los momentos decisivos de los últimos torneos. A muchos jugadores se lo catalogaba como faltos de hombría y reticentes a jugar con pierna fuerte cuando los partidos se complicaban. Cesarini exigía un mayor esfuerzo y solidaridad de sus jugadores, fue así que el equipo ganó confianza y fueron apareciendo los resultados y la crítica favorable sobre todo cuando estaban en el umbral para obtener la Copa Libertadores de América.
La primera final en Montevideo se jugaría con árbitros argentinos y la revancha en Buenos Aires con referees uruguayos como parte de la confraternidad entre ambas instituciones.
El 14 de Mayo en el Centenario River planteó un esquema defensivo con la dupla de volantes Solari-Bayo en la contención y la firmeza defensiva de Sainz y Guzmán. Peñarol recién pudo quebrar el cerco defensivo a los 75 minutos cuando el “Pardo” Abbadie de gran actuación se adelantó velozmente a Carrizo y colocó el 1-0. Diez minutos después y ante el desconcierto riverplatense por la desventaja en el marcador Joya conquistó el segundo tanto con un fuerte disparo que se incrustó entre el veterano arquero y el primer palo cuando los defensores de River reclamaban offside.
Cuatro días más tarde y ante un clima hostil se jugó el desquite. El plantel de Peñarol debió llegar al estadio en varios taxis, pues el ómnibus que debía trasladarlos al Monumental nunca llegó y la dirigencia temía que se le diera por perdido el partido por no llegar a horario. Los jugadores debieron recorrer a pie las últimas cuadras que los separaban del estadio por el incesante tráfico en los alrededores soportando una especie de Vía Crucis ante la multitud de argentinos que pugnaba por ingresar a la cancha.
Llegaron separados en varios grupos con el tiempo justo para cambiarse sin ningún tipo de calentamiento previo y cuando ingresaron al terreno de juego se encontraron inclusive con gente dentro de la pista olímpica en una improvisada tribuna que le proferiría todo tipo de agresiones verbales y físicas durante el desarrollo del encuentro.
Sin embargo el equipo se adaptó enseguida al trámite del partido y a los 32 minutos Rocha convirtió el primer tanto de penal tras tomar el rebote que había dado Carrizo en primera instancia. Onega empató de cabeza 6 minutos después desviando un centro.
Al comienzo de la segunda etapa Spencer desniveló tras empalar la pelota sobre el achique de Carrizo tras un rápido contraataque, pero enseguida empató Sarnari con una gran acometida.
Finalmente a los 73 minutos Emindo Onega convirtió el 3-2 final que desató una algarabía tal que hasta los policías encargados de controlar el orden se abrazaban con el autor del gol.
Los hechos violentos no terminaron en la cancha, continuaron en el hotel, pues cuando los jugadores regresaban fueron agredidos a golpes de puño y patadas por un gran número de iracundos simpatizantes de RIver Plate. No obstante la delegación no efectuó ningún tipo de denuncia o descargo conscientes que la situación se resolvería en terreno neutral.
A pesar que la revancha debía jugarse 72 horas después en Chile, los dirigentes de River propusieron adelantar un día el partido argumentando compromisos locales y sospechando que la recuperación de los veteranos de Peñarol sería más lenta. Cataldi y los suyos aceptaron más por orgullo y sed de venganza que por convicción y raciocinio. Además pesaba en el plantel la humillante derrota sufrida en el mismo escenario ante Independiente un año atràs. Desconocìan que los próximas 3 Copas las obtendrían en el mismo estadio.
La tarde del 20 de Mayo de 1966 en el estadio Nacional de Santiago quedaría en la historia grande del fútbol uruguayo. River no podía contar con el sobrio defensor Guzmán lesionado en el segundo cotejo entonces jugó Grispo. La superioridad de River durante la primera etapa fue notoria superando a los uruguayos en todo el campo de juego con una gran circulación de pelota, anticipo permanente y un ataque insostenible que se tradujo en un incuestionable 2-0 con tantos de Daniel Onega y Solari tras un tremendo disparo de media distancia sobre al final de la etapa.
En el complemento Màspoli sustituye a Nelson Díaz de floja tarea por el temperamental Tabaré González con la intención de reforzar la defensa. También Cesarini efectuó una modificación aunque ungido por un golpe que recibió Sainz quien solicitó el reemplazo; inicialmente la idea era reemplazarlo por Bayo, quien según algunas versiones se negó argumentando que su posición no era la de lateral, por lo tanto decidió el ingreso del delantero Lallana dado a la falta de defensores en el banco y confiado en que la supremacía esgrimida era tal que podría golear al elenco uruguayo para redondear una final perfecta.
River terminó jugando con 7 jugadores plenamente ofensivos y solamente Vieitez, Grispo y Matosas como defensores. Solari bajó a auxiliar a la defensa como improvisado lateral y el mediocampo quedó conformado por Sarnari y Ermindo Onega quedando en la delantera Cubilla por derecha, Mas por izquierda, Lallana y Daniel Onega como atacantes netos.
El funcionamiento de River no se resintió pese al cambio, y además Peñarol seguía sin imponer su presencia en la cancha aunque controlaba un poco mejor a su rival cómodo con el resultado, pero a los 60 minutos llegaría la jugada que serviría como bisagra para torcer la historia: Joya toca para Spencer quien efectúa un remate débil y bombeado que Carrizo amortigua con el pecho y luego toma despreocupadamente con sus manos (2). Los uruguayos y el público local – en su mayoría – interpretan que el arquero quiso sobrar la jugada manifestando su suficiencia ante los rivales. La acción dispara automáticamente dos efectos, el primero es la desaprobación de los espectadores que deciden a apoyar a Peñarol cuando antes disfrutaban y vitoreaban el lucido juego de River, la segunda es despertar el carácter típico de los jugadores del conjunto uruguayo ofendidos por lo que consideran una afrenta, quienes de ahora en más sacarán a relucir toda su personalidad en un momento adverso y muy difícil de revertir.
El propio Spencer, Goncalvez y Abbadie recriminan al arquero su actitud, Carrizo hace caso omiso. A partir de ese momento los jugadores de Peñarol comienza a enviar centros al área que Spencer, Rocha y Abbadie se encargarían de capitalizar con sus embestidas sobre la humanidad del experimentado arquero que comienza a ser hostigado también por Lito Silva, lesionado en la primera final, que logra ingresar al terreno y colocarse detrás de su arco para proferirle todo tipo de insultos.
A los 70 minutos Un tiro libre alto de Goncalvez aterriza de golpe en el punto del penal donde se ubicaba Spencer quien de volea y con una sorprendente media vuelta de zurda clava la pelota en un ángulo y descuenta.
A partir de ese momento Peñarol siente que River se desinfla y como el noqueador de boxeo sabe que su rival está sentido por el golpe, por lo tanto como sabe que tiene mayor poder de pegada y que psicológicamente ganó la contienda entonces se la juega a riesgo de recibir una contra que lo puede voltear por toda la cuenta.
Poco a poco River se va encerrando en su área porque Peñarol lo aprieta. Cada centro puede terminar en gol, cada disparo al arco inquieta a Carrizo. River ya no tiene salida clara y apuesta a un contraataque pero Cortès y Goncalvez roban una pelota tras otra y la tocan con criterio. De ese modo a los 72 minutos una combinación entre Spencer, Joya y Rocha rebota en un defensor riverplatense Abbadie dispara al arco desde fuera del área, la pelota se desvía en la espalda de Matosas y es el empate.
Nadie lo puede creer, a River se le escapa la Copa de las manos. Joya y Spencer presionan sobre la salida de Carrizo y los nerviosos defensores, Forlan y el “Tito” llenan el área de centros para los morenos y Rocha se ha transformado en otro atacante más. Todavía queda tiempo para que Spencer erre un gol increíble con Carrizo desparramado y otro definiendo muy alto sobre la cabeza del arquero y que sobre la hora Daniel Onega remate desde buena posición por sobre el travesaño una pelota que le bajó Lallana de cabeza y Lezcano despeje sobre la línea un remate de Lallana en un atisbo de reacción riverplatense.
Terminado el tiempo reglamentario Cesarini comprendió que su cambio había sido desatinado porque sería imposible detener la embestida del envalentonado Peñarol sin defensores y supo que algunos de sus jugadores eran víctimas de aquellos viejos fantasmas que venían negándole los títulos. Supo además que sería objeto de feroces críticas hasta el último día de su vida.
A pesar de todo el alargue pesaba en los veteranos uruguayos que recién consiguieron la desventaja a los 12 minutos del alargue con una fórmula muy repetida: centro de Forlan y cabezazo extraordinario de Spencer aventajando a sus marcadores y venciendo a Carrizo. Allí se terminó la Copa aunque para rubricar la hazaña Rocha convirtió también de cabeza 6 minutos después el 4-2 definitivo y lapidario para las aspiraciones de un desdibujado River Plate. Todavía quedó tiempo para dos fouls de Carrizo contra Spencer fuera del área en sendos mano a mano que denotaban la impotencia del arquero ante lo inevitable. Esa jornada marcarìa el nacimiento del mote de "gallinas" para denominar a los riverplatenses, quizàs por la sensación de miedo o estupor que eriza la piel tanto como estas aves (3).
Terminó el partido y jugadores, técnico, dirigentes y allegados se confundieron en lágrimas y abrazos. Poco más de un millar de hinchas carboneros deliraba en las tribunas.
El regreso a Montevideo fue motivo de festejos similares al Maracanazo de 1950. Los jugadores fueron recibidos como auténticos héroes. Pero todavía quedaba un desafío: La Copa Intercontinental frente al Real Madrid.
El conjunto merengue ya había jubilado a sus leyendas como Di Stèfano y Puskas. Una nueva generación de jugadores asomaba destacándose Amancio, Grosso, Velázquez, Sanchis y Pirri a los cuales se los llamó “los ye-ye” por una producción fotográfica que habían realizado con unas pelucas imitando a los famosísimos Beatles.
Pero más allá de lo anecdótico, era un equipo cuyos jugadores habían crecido viendo jugar al equipo de las cinco Copas de Europa y procuraba recuperar su mística. Habían dado el gran golpe al eliminar al campeón Inter de Milán en semifinales y después derrotar en la final al duro Partizan de Belgrado por 2-1 tras revertir la desventaja inicial.
Muchos de los jugadores ibéricos conocían a los uruguayos por la meritoria actuación del Mundial de Inglaterra y sabían que el rival no era fácil, pero sostenían que obteniendo un buen resultado de visitante no tendrían inconvenientes para vencer en Madrid. Sin embargo el estado físico de los jugadores que regresaban de la Copa del Mundo no era el más óptimo por lo que se dejaba ver en los primeros partidos del Campeonato Uruguayo, donde un par de derrotas y algunos empates dejaban al equipo mirasol lejos del puntero Nacional.
El primer encuentro se disputó en Montevideo el 12 de Octubre de 1966 ante un Centenario repleto. Sorprendió la marca personal que impusieron los “merengues”. Sin embargo a los 39 minutos tras un saque lateral una combinación entre Abbadie y Spencer culminó con un una gambeta finísima del ecuatoriano que dejó desairados a Zocco y De Felipe y definió sobre la salida de Betancort.
Pachìn dejó al visitante en inferioridad numérica por agresión de Pachìn a Spencer, aunque el árbitro ignoró un cabezazo anterior de Rocha al defensor madridista, por lo que durante la segunda etapa el equipo local manejó pelota, terreno y marcador ante la siempre férrea marcación de los madridistas. Por eso no resultó extraño que el 2-0 se haya producido cuando faltaban apenas 5 minutos para el epílogo Abbadie colocó un pase en profundidad para la entrada de Spencer quien definió fuerte y rasante sobre la salida del golero español. Los europeos se quejaron del estado del campo de juego y del tamaño de la pelota – más chica que la que acostumbraban jugar en el viejo continente – que les impedía un mejor control del juego. Pero tenían gran confianza para vencer en la revancha, puesto que consideraban que el cansancio del viaje y la propia presión del público local inclinaría la cancha en dirección al arco defendido por Mazurkiewicz y la diferencia llegaría por decantación.
Los fanáticos del Real Madrid agotaban pasajes para Lausanna, destino del partido de desempate, mientras la dirigencia reservaba el Hotel. A nadie le cabía en la cabeza otro resultado más que el triunfo en Chamartìn (actual Santiago Bernabeu). Regresaba Gento luego de una lesión, él sería el único sobreviviente en cancha de la gloriosa final de 1960 (el restante era Pachìn, suspendido). Spencer tampoco podía olvidar los 5 goles recibidos y Goncalvez sentía la impotencia de haber quedado marginado por una amigdalitis, ambos tomaban este partido como una auténtica revancha.
Màspoli tenía claro que debía esperar al Real Madrid en su propio campo apelando a la fórmula que tantos éxitos le había deparado en la Libertadores. Gento sería tomado en forma escalonada por Abbadie, Tabaré González (reemplazaba a Forlàn, lesionado en la ida) y si conseguía pasar lo cruzaría Lezcano; Caetano con Serena, Lezcano y Varela sobre Grosso y Amancio; Goncalvez y Cortès peleando el el medio con Velázquez e imponiendo su toque corto y prolijo; Rocha y Abbadie de lanzadores, el “pardo” colaborando también en la contención; finalmente Joya y Spencer como puntas. La idea fundamental era aguantar los embates iniciales para después imponer su ritmo y llevar a los españoles al terreno que más le convenía.
El 25 de Octubre y ante el arbitraje del italiano Lo Bello se disputó la segunda final. Tal como suponía Màspoli el Real Madrid salió a buscar el resultado desde el pitazo inicial, pero luego de los 10 minutos Peñarol se acomodó en la cancha y en menos de 10 minutos creó tres situaciones por intermedio de Spencer y Joya e inclusive se anuló un gol del ecuatoriano por supuesta mano.
A la media hora una genialidad de Rocha terminó con un discutido penal cometido por Calpe que el mismo Pedro se encargó de convertir. Con la ventaja Peñarol se relajó e hizo circular la pelota ante el nerviosismo de los jóvenes jugadores del Real Madrid que no encontraban la forma de penetrar tan cerrado esquema defensivo. Casi sobre el final del primer tiempo un vertiginoso recorrido de Spencer eludiendo rivales por derecha desde el mediocampo que incluyó una pared devuelta de taco por Joya cuando el ecuatoriano entraba al área culminó con un suave remate sobre la salida de Betancort que colocó el 2-0 ante el estupor de los locales. Una verdadera lección de cómo se debe jugar de visitante tituló el “La Gazzeta dello Sport” refiriéndose al planteo de los sudamericanos. El segundo tiempo estuvo de más, puesto que Peñarol cerró aun más sus líneas y ante la impotencia del local el encuentro decayó en interés y emotividad. Peñarol soportó con entereza los asedios del local, tocó con tranquilidad cuando recuperó la pelota y creó algún peligro con las pelotas largas en dirección a Spencer, Joya o Abbadie hasta que Lo Bello decretó el final. Peñarol tocaba el cielo con las manos, no solo se había vengado del Real Madrid y en su propia casa, además se había proclamado como el mejor equipo del Mundo tras una temporada extenuante con la Copa Libertadores y el mundial de Inglaterra con un plantel compuesto en su mayoría por veteranos de gran experiencia que ya sentían el paso de los años, pero que estaban dotados de una gran fibra combativa y un eximio dominio del balón que les permitía dar vuelta los partidos más difíciles y doblegar a los mejores equipos del Mundo.
El balance era prácticamente inmejorable, de las 7 Copas Libertadores jugadas hasta 1966 Peñarol había jugado 6, ganando la mitad de ellas, llegando a 2 finales y a una semifinal. Tres veces había disputado la Copa Intercontinental venciendo en 2 oportunidades. El club era reconocido no solo en América sino también en toda Europa, sus jugadores eran figuras de renombre disputadas por muchos clubes, las arcas del Club recaudaban fondos por títulos, giras y derechos de televisión que solamente eran superados en América por el Santos de Pelé. El club estaba en el pináculo de sus 75 años de vida.
Pero lentamente comenzaría la declinación que significaba el final de un ciclo paralelamente al el resurgimiento del rival de toda la vida, aunque en la transición aguardaban nuevas hazañas.

(1) Fernando Riera, famoso por dirigir a la Selección Chilena en 1962 y al Benfica de Eusebio un año después, había tomado la dirección técnica de Nacional tras haber dirigido y clasificado paradójicamente a Universidad Católica durante la primera fase de esta misma Copa.
(2) Aunque el propio Amadeo declaró que la pelota le había pegado en el pecho y que no tuvo intención de cargar a sus rivales, en el mundillo del fútbol argentino se sabía de las fanfarronerías del arquero. El propio presidente de River Plate Américo Liberti manifestó que Carrizo fue el responsable de la reacción de los contrarios y de echarse el público en contra porque es muy fácil sobrar en la buena, pero hay que tener la guapeza suficiente en las malas.
(3) Una semana después(29/5/66) visitando a Banfield por el torneo local, los simpatizantes locales arrojaron al terreno de juego una gallina con una banda roja adherida a sus plumas que simbolizaba una original chanza ante la tremenda derrota de Santiago
.

quinta-feira, 5 de maio de 2011

El Barça de Guardiola hace historia

Esta columna nace de alguien que ama profundamente el fútbol y el presente del FC Barcelona no puede pasar desapercibido para quienes pretenden gozar de un espectáculo de alto vuelo futbolístico en estas épocas de tanta mezquindad y partidos aburridos que parecen escapados más de los tratados de ajedrez que de la esencia del más popular de los deportes.
El Barça está en la puertas de la galería de los grandes equipos de la historia, esa que exhibe al Real Madrid de Di Stéfano, Puskas, Kopa y Gento; el Santos de Pelé, Coutinho, Dorval, Pepe y Mengalvio; el Ajax de Cruyff, Neskeens, Rep, Keizer; el Flamengo de Zico, Tita, Nunes y Junior o el Milan de Gullit, Van Basten, Rijkard y Maldini.
Pero en qué consiste el juego que practica el Barça? Porqué es tan superior a sus rivales? De qué manera logra desembarazarse de los más astutos planes defensivos de sus rivales y terminar triunfador en la mayoría de los encuentros?
En las siguientes líneas trataré de desmenuzar las razones de la actualidad del equipo dirigido tácticamente por “Pep” Guardiola.
Evidentemente la génesis de este Barça está en el Fútbol Total holandés creado por Rinus Michels y continuado por Stevan Kovacs en el Ajax de principios de los años ’70. Su máxima figura era Johan Cruyff, un jugador sencillamente fenomenal, hábil en el manejo de la pelota, inteligente en la creación y distribución, buen definidor, poseedor de un despliegue físico extraordinario que le permitía moverse por todos los sectores del terreno y encontrar siempre una posición libre cuando las marcas a presión de sus rivales lo hostigaban. Con 8 jugadores del Ajax el sistema se trasladó a la selección holandesa. Pero Cruyff no jugaba solo, a su lado tenía algunos intérpretes de lujo como Neskeens, Van Hanegem, Krol, Rep y Rensenbrink.
La idea fundamental de aquel equipo era recuperar la pelota presionando a sus rivales en todo el terreno a veces hasta con 2 o tres jugadores y manteniendo a todo el equipo en un bloque de 30/40 metros, por lo que muchas veces los delanteros contrarios quedaban naturalmente en offside, maniobra que los defensores holandeses practicaban con matemática precisión. Una vez obtenido el balón comenzaba una serie de toques donde no solamente circulaba el balón sinó también los jugadores en búsqueda de nuevas posiciones para mostrase libres para le recepción. Los piques y amagues eran permanentes y la cobertura defensiva funcionaba correctamente. Pero la “Naranja Mecánica” de 1974 tenía un talón de Aquiles: no poseía un delantero neto que transformara en goles todas las posibilidades que creaban, por lo tanto en la final chocó con Sepp Maier y la granítica defensa alemana que le impidieron proclamarse campeones del Mundo.
Años después Johan Cruyff desembarcó en el Barcelona como técnico donde obtuvo 4 Ligas, 2 Copas del Rey, una Copa de Csampeones, una Recopa Europea, una Supercopa de Europa y 3 Supercopas de España.
Más allá de los títulos el Barça de Cruyff se caracterizó por imponer un estilo definido basado en un flexible 3-4-3 con buen toque de balón y creatividad, un mediocampo de lujo y veloces delanteros que muchas veces se tiraban a las bandas para permitir la entrada franca de los volantes.
Ese equipo contaba con grandes figuras como Stoichkov, Romario, Ronald Koeman, Michel Laudrup, Guardiola, Bakero, Salinas, Sergi, Begurustain y se hizo mundialmente conocido como el “Drem Team”, pero tuvo su epílogo la noche que el Milan lo vapuleó en la final de la Champions League de 1993/94 en Atenas venciéndolo por 4-0.
La impronta de los técnicos holandés siguió con la llegada del polémico Luis Van Gaal y el desembarco de algunos jugadores holandeses del brillante Ajax de 1995 como Cocu, Bogarde, Zenden, Kluivert, los hermanos De Boer y Overmars má el aporte de Rivaldo y Figo no hizo más que potenciar ese juego exquisito de buen toque y velocidad aunque a veces la tozudez táctica de su entrenador haya privado a los espectadores de mejores espectáculos. Sin embargo se obtuvieron 2 Ligas consecutivas y una Copa del Rey pero no le perdonaron jamás la derrota ante Valencia en las semifinales de la Champios League de 1999/2000 y se tuvo que ir. Volvió sin pena ni gloria en 2003/2004, pero es a partir de la llegada al banquillo de Frank Rijkaard cuando todo comienza a cambiar.
Con un Ronaldinho imparable más los aportes de Eto’o, Deco, Rafa Márquez y Edmilson el club consiguió dos Ligas y la Champions de 2005/6 venciendo en la final al difícil Arsenal de Arsene Wenger. A las endiabladas jugadas del astro brasileño se sumaban los primeros arranques de un juvenil argentino procedente de la cantera llamado Lionel Messi que junto a los jóvenes Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Gerard Piqué, Sergio Busquets comenzarían la época más gloriosa desde el “Dream Team”.
Pero el verdadero cambio comienza con la llegada de Guardiola en mayo de 2008. El nuevo técnico que se había desempeñado como entrenador del Barcelona “B” puso su foco en los juveniles tras las partidas de Ronaldinho al Milan y Deco al Chelsea. La llegada de los brasileros Dani Alves y Maxwell fue fundamental para los planes del técnico, pues siempre fue gustoso de los laterales con proyección.
Sin dudas el éxito actual del Barça está basado en su trabajo de divisiones inferiores en el complejo “La Masia” ubicado en las afueras de la Ciudad Condal donde se gestó la historia que tantos frutos está dando actualmente al club. Allí los futuros cracks de otras latitudes disponen de una residencia con todas las comodidades, cuidados alimenticios, atención médica y psicológica y aprenden los secretos técnicos y tácticos para que una vez que lleguen a primera división se acoplen perfectamente el sistema de juego que pondera el cuerpo técnico.
El sistema más utilizado es un 4-3-3 que puede mutar a 3-4-3 cuando Dani Alves juega de volante o a un 3-4-4 cuando suben ambos laterales e Iniesta se adelanta unos metros para juntarse con Messi.
El respeto por la tenencia del balón y el toque rápido, preciso y a una velocidad increíble son las marcas de origen del elenco blaugrana. Sin embargo la disciplina táctica se manifiesta en los relevos y la solidaridad defensiva para la recuperación del balón, sobre todo por parte de Busquets, Piqué y el veterano Puyol que ha dejado atrás el juego iracundo de sus comienzos con Van Gaal en el banquillo para transformarse en un gran jugador, ordenado y criterioso que a sus 33 años contagia con sui ímpetu a sus compañeros.
El Barça rompe con todos los esquemas defensivos que se le plantean porque resuelve todo a partir de la administración del balón intentando crear superioridad numérica donde sus rivales dejan el mínimo resquicio. Desecha el juego vertical que muere indefectiblemente en los pies y la cabeza de los defensores centrales y desborda por las puntas con la velocidad de sus laterales, la habilidad de Pedro, la diagonal desde la derecha al centro que practica Messi. Cuando no puede entrar por las puntas abre surcos en las defensas centrales con los piques cruzados de Messi o Villa tratando de aprovechar los huecos a espaldas de los marcadores para recibir los pases milimétricos de Iniesta o Xavi con un timming que desafía las leyes de la física y que a veces resulta difícil de explicar la justeza en tiempo y espacio para los destinatarios de esos pases.
Es un equipo con carácter que ha tenido la oportunidad de enfrentar y superar a los mejores equipos de Europa que han caído rendidos a su juego. Pocos equipos se atrevieron a jugarle de igual a igual, el Real Madrid lo intentó durante la liga de la pasada temporada, pero cayó humillado por 5-0 en el Nou Camp víctima de un paseo futbolístico que será recordado para la posteridad. El Inter de José Mourinho logró maniatarlo en las semifinales de la pasada Champions League dejándolo fuera de la definición de la preciada Copa. El mismo técnico quiso repetir el esquema recientemente con el Real Madrid presentando un planteo mezquino, inclusive de local con los resultados y polémicas que ya conocemos.
Como si todo esto fuera poco cuenta con 8 campeones mundiales y europeos vistiendo la casaca roja de la selección que han progresado futbolísticamente dando una prueba de personalidad importante cuando se sobrepusieron a la derrota inicial con Chile en el Mundial de Sudáfrica y no pararon hasta la consagración derrotando sucesivamente a Portugal, Alemania y Holanda en partidos muy cerrados no exentos de juego brusco y tomándose la revancha que los Hierro, Raúl, Luis Henrique y demás jugadores se merecían en aquellos tiempos cuando España tenía el estigma de no poder sobrepasar los cuartos de final de cualquier competencia internacional.
La mayoría de los equipos los espera abroquelados defensivamente intentando cerrar todos los caminos, pero Xavi, Iniesta, Pedro, Messi y sus compañeros se encargan de romper todo tipo de cerrojo con su toque a ras de piso, sus piques y su velocidad; a veces sorprenden con cambios de frente de 30 o 40 metros lanzados con asombrosa exactitud y vuelven a triangular hasta crear supremacía sobre el rival o desequilibrar individualmente. La altura de los más talentosos no es la ideal para el juego aéreo, por eso en las pelotas paradas suben a cabecear los más altos como Puyol, Piqué, Busquets, Keita o Abidal quienes también muestran su firmeza defensiva cuando caen centros aéreos al área defendida por el arquero Victor Valdés.
Precisamente a partir del arquero comienza la gestación de las jugadas de toda la cancha del equipo culé, el gol convertido frente al Real Madrid por la vuelta de las semifinales de la Champions League es un claro ejemplo del juego que pretende el técnico: El arquero fue presionado en la salida, al no poder tocar la pelota a Piqué marcado de cerca por otro jugador madridista, Dani Alves ocupó el sector lateral derecho a la altura del medio campo y recibió el pase por elevación del portero que en vez de patearla lejos y sin dirección buscó la posición del brasilero, avanzó unos metros cruzando la línea central tocó al medio para Iniesta y este colocó la asistencia precisa para la definición de Pedro de zurda. Solo cuatro toques para cruzar toda la cancha ante un equipo con un rígido esquema táctico como su clásico rival, la verdadera esencia del fútbol.
La vuelta de Abidal y Puyol al equipo plantea un debate acerca de la conformación de la línea defensiva, pues el argentino Mascherano se ha desempeñado con buenas actuaciones como marcador central cuando todos sabemos que su puesta habitual es el de volante central, pero Busquets en inamovible en esa posición y Keita es su sustituto natural. Sin embargo el equipo no pierde su funcionamiento cuando ingresan los jugadores que habitualmente no son titulares como el holandés Afellay, el brasilero Adriano o los juveniles Jeffren y Bojan, pues saben que es su oportunidad de jugar y mostrarse en un equipo netamente ganador en el cual ansían llegar a la titularidad.
Messi es el verdadero crack que juega de media punta, no es un auténtico armador ni un goleador de área, pero demuestra que puede combinar ambas cualidades instintivamente; ha marcado 52 goles durante toda la temporada (51 partidos) y es un notable asistente. Fue galardonado durante las dos últimas temporadas con el Balón de Oro, obtuvo 13 títulos en el Club con apenas 23 años y ya es el tercer goleador de la historia del club (179 conquistas). Pero más allá de los números estamos en presencia de un auténtico fenómeno futbolístico que no nos deja de sorprender. Su verdadero secreto está en el arranque sorpresivo de la jugada donde aventaja en décimas de segundos a sus marcadores y se torna imparable, posee un notable dominio del balón en velocidad que le permite enganchar eludiendo rivales por sus dos perfiles hasta acomodar el remate con su prodigiosa pierna izquierda. Cuando recibe en situaciones comprometidas, a veces marcado por 2 rivales, toca rápido y no se queda en la misma posición sino que va a buscar la descarga, o se lleva las marcas para la entrada franca de un compañero.
La actitud ganadora del equipo parece mantenerse aun en los encuentros más difíciles o cuando alguna de sus figuras no tiene un buen partido. Siempre irrumpe alguno de los demás y desnivela. El juego colectivo se mantiene y la idea también, pueden perder pero respetandoi su filosofía cuasi artística del manejo de la pelota. Cuesta cortar los circuitos futbolísticos de Barça por la gran cantidad de recursos de los cuales dispone el equipo. Será difícil superar la performance de este equipo de aquí a algunos años.
Pese a todo el conjunto de Guardiola se encamina a lograr su tercera Liga Española consecutiva con una buena diferencia de puntos con su archirrival, se le escapó la Copa del Rey por muy poco por culpa de un gran cabezazo de Cristiano Ronaldo y ha llegago nuevamente a la final de la Champions League donde deberá enfrentar al poderoso Manchester United, cuyos jugadores querrán vengar la derrota sufrida en la final de 2009.
Quizás el equipo inglés sea un duro escollo para los catalanes por tratarse de un equipo fogueado con jugadores de gran experiencia en este tipo de definiciones cono Giggs, Van der Sar, Rooney, Ferdinand, Scholes; lo cierto es que los azulgranas también acreditan un buena experiencia internacional.
Lo que más puede complicar al Barça es el oficio de los conducidos por Ferguson para manejar los partidos mediante el toque corto y el pelotazo largo hacia las bandas y luego imprimir su ritmo arrollador basado en el juego físico y su gran poderío aéreo que puede complicar a la defensa, pero también deberá cuidarse el elenco inglés de los piques de Messi y Pedro e impedir la circulación de Xavi, Iniesta y el adelantamiento de los laterales. Todo hace suponer que estaremos ante una gran final el próximo 28 de Mayo en Wembley.
Independientemente del resultado de esta final, por todo lo realizado hasta acá y lo que puede esperarse en el futuro este Barcelona está escribiendo una página memorable en los libros de historia de fútbol. Ojalá que los próximos equipos tomen como modelo la idea y la filosofía del conjunto dirigido por Guardiola para que el fútbol siga siendo el espectáculo deportivo más maravilloso del Mundo.

terça-feira, 19 de abril de 2011

Muchos equipos ningún candidato

La mitad más una de las fechas se han jugado en el torneo Clausura 2011 en Argentina y todavía no se vislumbra un candidato. La irregularidad es tan evidente que de los 20 equipos, 18 de ellos están separador por 9 puntos y la mitad de ellos por 4 unidades.
La mediocridad de los equipos puede explicarse por diferentes factores tales como ausencia de grandes figuras, veteranos de mil batallas que tratan de imponer su oficio a expensas de su decadente estado físico, juveniles que no está preparados para la primera división, mucho nervio y poca sangre fría, planteos excesivamente defensivos con prioridad excesiva a la marca sobre la propia creación hacen que los equipos piensen primero en su propio arco y mucho después en el de enfrente; máxime cuando el único puntero, el otrora poderoso River Plate (19) juega a evitar la promoción en lugar de mostrar en el terreno las razones su liderazgo. De esa manera “valioso empate” como visitante en La Plata frente a una pobre expresión futbolística – que muy poco tiene del vistoso juego al cual nos tiene acostumbrado su técnico Ángel Cappa – denominada Gimnasia y Esgrima de la Plata (10), mucho más cerca de descender al Nacional B que de permanecer en primera si no cambia su actitud. Solo Rinaudo y Aued parecen jugadores de primera división del fútbol argentino el resto encajaría perfectamente en cualquier equipo del ascenso.
Así está nuestro vapuleado fútbol argentino, el equipo que manda en la tabla de posiciones convirtió solo 9 goles en 10 fechas, pero también es cierto que recibió 4 tantos lo que explica en gran parte la preocupación de su técnico J.J. López por estar más atento a la tabla de abajo que a la de arriba. Mariano Pavone es el llanero solitario que bastante bien se las arregla pese a las pocas pelotas claras que le llegan de parte de Lamela, Buonanotte o Lanzini. Deberá arriesgar un poco más si con el transcurso de las fechas se encuentra con la posibilidad inesperada de salir CAMPEON. Habrá que avisarle a J.J. López antes que se le vaya el tren por mirar tan fijamente la tabla de abajo.
A un punto y con un encuentro pendiente que se completará el próximo miércoles frente a San Lorenzo, Vélez Sarsfield acecha con el envión anímico de su reciente clasificación a 8vos de final de la Copa Libertadores y tras haber conseguido un agónico empate frente a Colón en Santa Fe en tiempo de descuento y cuando las piernas empezaban a pesar después del largo viaje desde Venezuela.
Olimpo de Bahía Blanca (17) al igual que RIver Plate juega con las 2 tablas, se hace fuerte de local y cierra su defensa de visitante apostando a la efectividad de Rolle, Maggiolo y el paraguayo Bareiro. Protagonizó un vibrante encuentro frente a Estudiantes (también 17) que dejó en claro que tiene posibilidades concretas de permanecer en primera división.
El otro equipo de La Plata ha caído en una meseta en el torneo local acumulando 3 fechas sin victorias, algo inusual en el equipo de Verón y compañía, que está tratando de recuperar a Braña y Ré, dos jugadores fundamentales del “pincharrata” sin embargo su andar en la Copa Libertadores es cómodo (a pesar de las dos goleadas sufridas frente al imparable Cruzeiro se clasificó sin problemas a octavos).
A Godoy Cruz de Mendoza (17) le vino muy bien la eliminación de la Copa, pues se ha recuperado dejando a Argentinos Juniors (15) sin invicto aunque el equipo de la Paternal haya méritos suficientes para llevarse al menos un punto de San Luis, pero la brillante definición de Villar tras un yerro producido por un potente saque de arco de Torrico fue suficiente para obtener los 3 puntos.
Racing (16) volvió al triunfo después de cuatro fechas venciendo por 2-0 nada menos que a su clásico rival independiente (13). Victoria sin discusiones con una formidable actuación del colombiano Teófilo Gutiérrez, autor de un gol y asistidor del restante con un magnífico pase de taco. Del otro lado las cosas no andan nada bien, tras el espejismo de la Copa Sudamericana y un buen comienzo en la Libertadores todo se desplomó con la prematura eliminación de esta competencia. Los resultados en el ámbito local tampoco ayudan y el equipo rojo tendrá serios problemas con los promedios en la próxima temporada si no endereza el timón. La continuidad del turco Mohamed está en el tapete.
San Lorenzo (15) no logra hacer pie de local aunque tendrá la oportunidad de acercarse a la punta si derrota al equipo de Vélez. Al aquipo dirigido por Ramón Díaz le falta juego y sobre todo gol. Por momentos su juego se reduce a lo que pueda producir con pelota parada, poco para un aspirante al título.
Lanús (15) siempre está a mitad de camino entre arrancar y quedarse y es que tras haber brindado buenas actuaciones como frente a Racing y Boca cae en pozos futbolísticos inexplicables como frente a All Boys o San Lorenzo que le impiden llegar más arriba en la tabla. Tiene buenos jugadores como Valeri, Regueiro y Camoranesi pero a veces no logra solucionar los cortocircuitos que se producen en el mediocampo y deja puntos en el camino.
Argentinos Juniors (15) tiene la mente puesta en su posible clasificación para octavos de la Copa Libertadores frente a Fluminense, pero no descuida el torneo local. A partir de su solidez defensiva y del trabajo de sus volantes llega muy limpia la pelota a los delanteros y es capaz de sorprender a cualquier equipo aunque su juego diste del equipo que ganó el Clausura del año pasado.
Boca Juniors (11) es una bomba a punto de explotar. Tal como le sucediera a Basile, Alves, y Borghi, Julio César Falcioni no encuentra el equipo que lo satisfaga. Los problemas defensivos que fueron el talón de Aquiles de los últimos torneos parecen agravarse, los delanteros marcan pocos goles y hasta Palermo extraña la red, solo la magia y los goles de Riquelme han evitado que el desastre fuera aun mayor aunque el controvertido volante no encuentre interlocutores futbolísticos. Además del tema futbolístico tampoco la situación institucional es la ideal, dentro de la comisión directiva coexisten varios sectores y cada uno de ellos juga un partido aparte. El final es impredecible, lo cierto es que si el equipo xeneize no levanta cabeza durante las próximas fechas corre el riesgo de padecer los mismos problemas de promedio que River Plate en la próxima temporada.
Son varios los equipos que luchan por permanecer en la categoría. Gimnasia y Esgrima de La Plata y Quilmes (6) son los más comprometidos y solamente una gran levantada o una caída pronunciada de sus contrincantes podrá salvarlos de jugar en el Nacioanl B durante la próxima temporada. El conjunto cervecero dirigido por Carusso Lombardo tiene pese a ser actualmente el último en el promedio las mejores chances puesto que solamente divide sus puntos por una sola temporada y puede aprovechar anímicamente su primera victoria del campeonato lograda el último viernes frente al famélico Newell´s Old Boys (5) que recientemente abandonara Roberto Sensini.
Un escalón arriba están Huracán (11), Olimpo y Tigre (12) y todavía más arriba aparecen All Boys (11), River, Independiente y Arsenal (10). Su suerte dependerá exclusivamente de los puntos que obtengan All Boys y Olimpo – que cuentan con el mismo criterio que Quilmes – además de sus propias actuaciones. Pero todavía no hay nada absolutamente definido.
Banfield (15) y Colón (14) deambulan por la mitad de tabla. Los santafesinos entrenados ahora por Mario Sciacqua buscarán revertir fundamentalmente sus actuaciones de local donde su estadio dejó de ser “el Cementerio de los elefantes” para convertirse en la tumba futbolística del ex entrenador Fernando Gamboa tras sufrir cuatro derrotas consecutivas.
Así y todo con más sinsabores que éxitos, pero como siempre con mucha pasión y gran polémica prosigue el torneo argentino. En las próximas cuatro fechas probablemente el panorama esté un poco más claro en cuanto a lo estadístico, porque es difícil que se aclare futbolísticamente, ya que parafraseando a un ex presidente de esta nación “El fútbol argentino está condenado al éxito” o absuelto al fracaso?.

quarta-feira, 16 de março de 2011

Las hazañas de PEñarol en los ´60 (2º parte)

Juan Vicente Lezcano, eficiente marcador paraguayo.
El astro brasilero y su cancerbero. Pelé y el "cholo" Ledesma posan para los fotógrafos.

Ladislao Mazurkiewicz, figura estelar bajo los tres palos.


Peñarol campeón invicto del Torneo Uruguayo de 1964 con su técnico Máspoli de pie



Pedro Virgilio Rocha eximio volante de formidable remate y buen cabezazo
Con la firme intención de mantener su reinado, los dirigentes carboneros repatriaron al “pardo” Abbadie procedente de Lecce con 32 años y una vasta experiencia en Italia para reemplazar al joven Luis Cubilla quien cruzaba el Océano Atlántico para recalar en el poderoso Barcelona. La otra incorporación resonante fue la llegada del brasilero Moacyr quien se desempeñaba en River Plate de Argentina como parte del llamado “Fútbol Espectáculo” que se había puesto de moda a comienzos de los ’60 en el vecino país que consistía en la contratación demesurada de jugadores extranjeros por parte de los principales clubs – a riesgo de llevarse algunas sorpresas - para favorecer el alicaído fútbol argentino que tras el desastre del Mundial de Suecia se había vuelto mezquino y poco atrayente para los aficionados.
Peñarol no era ajeno a ese fenómeno, pero a diferencia de los equipos argentinos supo realizar mejores contrataciones (Joya, Spencer) y además impulsó a algunos jugadores de divisiones inferiores que en 1962 llegarían a la titularidad, tal el caso del exquisito volante Pedro Virgilio Rocha o el destacado defensor Roberto Matosas y además mantuvo la base que había logrado los títulos anteriores: Sasía, Goncalvez, Cabrera, Maidana, Cano y Lezcano entre otros.
Tras una propuesta de Washington Cataldi ante la Confederación Sudamericana de Fútbol (CSF) se decidió que a partir de 1962 el campeón reinante ingrese en semifinales de la Copas Libertadores, eso posibilitó que ingresara un segundo equipo del país campeón, ese año fue Nacional – subcampeón del año anterior – con la condición que si clasificaba en la primera fase enfrente al campeón en semis para evitar una final entre coterráneos.
Nacional había contratado a Hugo Bagnulo con el propósito de detener la serie de triunfos locales de Peñarol. Había conformado un buen plantel con un buen arquero como Sosa, defensores de gran categoría y fuerte personalidad como Troche y “cococho” Álvarez más un incansable y bravo centrocampista como Eliseo Álvarez, un veloz puntero derecho como Domingo Pérez y la potencia goleadora de Escalada y Douksas. Superó sin problemas en la primera rueda nada menos que al poderoso Racing argentino de Belén, Rubén Sosa, Pizzutti, Sachi y Corbatta y al Sporting Cristal peruano y sería el esperado rival de los mirasoles, quienes veían de reojo y con desconfianza el buen funcionamiento de su eterno rival en la Copa.
Pero una vez más las tratativas de Cataldi lograron una postergación para luego del Mundial de Chile aduciendo que la Selección Uruguaya tenía concretada una gira de amistosos por Europa y necesitaría nutrirse de jugadores de ambos equipos. Los aceitados contactos del dirigente carbonero en Buenos Aires – sede por ese entonces de la CSF – y la falta de reacción de los dirigentes de Nacional posibilitaron que el plan se cumpliera.
Tras la partida de Roberto Scarone – para dirigir junto a Bagnulo y Juan López la selección durante la disputa del Mundial de Chile – se contrató para la nueva temporada al entrenador húngaro Bela Guttman recientemente desvinculado de Benfica, un técnico que le sumaría una dosis de táctica europea al equipo carbonero colocando a Spencer decididamente de centrodelantero y ensayando las variantes más disparatadas en un equipo con jugadores dotados de una avasallante personalidad y estilo de juego que chocaba constantemente con las ideas del magiar.
Nacional sufrió la desgracia de la fractura de tibia y peroné de Eliseo Álvarez en el partido ante URSS por el Mundial chileno, razón por la cual jugó el suplente Rubén González, un volante de notable calidad y buenos pases, pero situado en las antípodas del lesionado. Así y todo los “bolsos” se impusieron por 2 a 1 con goles del propio González y el “negro” Escalada descontando Moacyr para los carboneros; Peñarol terminó con 9 – por expulsiones del brasilero autor del gol y de “tito” Goncalvez – y Nacional con 10 – Manicera se fue a las duchas antes de tiempo –.
Para la revancha Peñarol se jugaba todo conscientes que un empate depositaba a sus rivales en la final. Fue una clara victoria por 3 a 1 con doblete de Spencer y el restante de Cabrera descontando Douksas para los “bolsos”, este encuentro también fue accidentado ya que fueron expulsados uno por bando: Edgardo González y Escalada.
Para el encuentro de desempate del 22 de Julio no cabía nadie en el Centenario, Petronilo Acosta adelantó a los albos, pero apareció el héroe ecuatoriano para salvar a los mirasoles y empatar el encuentro. Se disputaron 30 minutos de alargue que no pudieron afectar el resultado. Peñarol clasificó entonces por haber marcado un gol más en los tres encuentros. En la final lo esperaba nada menos que el Santos de Pelé.
Pelé pudo jugar las finales tras reponerse de una lesión muscular sufrida en el Mundial de Chile ante Checoslovaquia. El astro estaba en el pináculo de su carrera a los 22 años y se había constituido en jugador, cerebro, conductor y goleador de ese mítico equipo donde oficiaba de director de orquesta. Sus compañeros Pepe, Coutinho, Mengalvio, Dorval lo secundaban en un concierto donde los toques, los amagues, el pelotazo largo con admirable precisión, el pique por sorpresa y el remate de media distancia eran sus armas más poderosas.
La primera final en el Centenario fue sorpresiva para los locales puesto que el Santos supo aguantar los embates de los mirasoles y jugando con gran tranquilidad ganaba al final del primer tiempo por 2-0 con doblete de Coutinho. Peñarol fue una tromba en el complemento, pero una y otra vez Gilmar impedía el descuento hasta que faltando 15 minutos Spencer colocó el definitivo 2-1 que prácticamente consagraba campeón al equipo brasilero, pues ni el más optimista esperaba una victoria en Brasil después de lo que acababan de presenciar.
Sin embargo, Peñarol hizo un partido extraordinario en el pequeño estadio de Villa Belmiro. Se puso en ventaja con gol de Spencer tras una magnífica pared con Sasía, empató Dorval tras gran jugada individual 10 minutos después, y casi al final de la primera etapa Mengalvio estableció el 2 a 1 parcial que ratificaba en la red la gran presión a la cual fue sometido el equipo aurinegro.
Pero a pesar de la ventaja local el clima estaba bastante caldeado pues la “torcida” y el banquillo del Santos reclamaban que el juez chileno Carlos Robles no había sancionado dos claros penales a Coutinho y Pepe.
El colmo llegó con el empate de Spencer tras un corner cuando los locales reclamaban que los delanteros uruguayos le habían lanzado arena a los ojos al experimentado arquero Gilmar. Dos minutos después el “pepe” Sasía desnivelaba, aunque los paulistas protestaban por infracción sobre Calvet en la jugada del gol.
A partir de ese momento comenzó una lluvia de botellas, una de ellas impactó en la cabeza del propio referee. Como consecuencia de ello el árbitro fue retirado aturdido al vestuario donde fue atendido por los médicos mientras los dirigentes locales, cuerpo técnico y hasta políticos le exigían con amenazas inclusive que continuara el partido. El mismo se reanudó casi una hora y media después con los espectadores en estado de vigilia. Pagao empató a los 77 minutos pero el clima seguía espeso, otra botella impactó en el juez de línea Massaro y una piedra sobre la humanidad de Juan Lezcano; nuevamente el partido se suspendió por 10 minutos y se reanudó. Cuando faltaban 5 minutos una falta de Mauro sobre Joya al borde del área es sancionada por el árbitro como penal, pero luego de las encendidas protestas de los jugadores brasileros reconsidera el fallo y cobra tiro libre. Finalmente da por concluido el encuentro cuando todavía faltaban 3 minutos para cumplir el tiempo reglamentario.
Santos festeja el título de manera descontrolada. Jugadores, cuerpo técnico, dirigentes y algunos “torcedores” se abrazan, corren, saltan y gozan. Pero el árbitro no tenía la misma opinión, de modo que informó a Cataldi y al representante de la CSF que el partido oficial había sido suspendido a los 51’ por falta de garantías y que los restantes minutos se jugaron de manera amistosa para evitar mayores incidentes por la presión que habían ejercido los dirigentes santistas sobre su persona, por lo tanto el empate de Santos no tenía validez y el resultado final era 3-2. Estos dichos fueron ratificados días después en su informe oficial. Los brasileros apelaron el fallo ante la CSF sin obtener resultados. Se propuso disputarse un desempate el 17 de Agosto en el estadio Monumental de RIver Plate en Argentina. Peñarol se presentó formalmente a sabiendas que el Santos no lo haría – adujeron problemas de calendario – y así realmente ocurrió.
Finalmente y ante la desinteligencia de las parte la CSF intervino fijando el 30 de Agosto como fecha definitiva. Los aficionados argentinos, más una buena cantidad de uruguayos y un puñado de brasileros tuvieron la oportunidad única de observar cómo se dirimía la historia entre dos de los mejores equipos de la década un entusiasta Peñarol y un Santos todavía disconforme que ratificó plenamente su superioridad venciéndolo por 3 a 0.
El primer gol, a los 11 minutos, fue una acción desafortunada de Caetano en contra de su propia valla tras desviar un tiro débil de Coutinho. Luego apareció Pelé en el complemento, primero con un remate de más de 25 metros inalcanzable para Maidana y finalmente cuando faltaba un minuto resolvió como lo hacen los cracks, durmió con el pecho un centro y de sobre pique la clavó en el segundo palo.
Peñarol caía por primera vez en una final de Copa Libertadores, sin embargo le quedaría tiempo para conseguir una de las mejores campañas que se recuerden en el Campeonato uruguayo de ese año. Consiguió 33 puntos sobre 36 posibles, ganó 16 empató 2-2 con Defensor y solo perdió 1-2 frente a Fénix. Convirtió 54 goles – de los cuales Spencer fue al máximo anotador con 17– y solo recibió 9.
Peñarol se dio el gusto de derrotar a Nacional 4-1 con triplete de Sasía y el restante de Abbadie en el primer clásico. Bela Guttman viajó a Europa por problemas de salud y asumió interinamente Pelegrín Anselmo, un ídolo de los años ‘20 y ’30, hasta la vuelta del húngaro.
En el clásico de la segunda ronda triunfaron nuevamente los aurinegros por 2 a 0 con tantos de Spencer y Joya y lograron así el campeonato dando la vuelta olímpica en el Centenario frente a sus rivales de toda la vida y logrando lo que se llamó el “Quinquenio” tras obtener el título por quinto año consecutivo. Los festejos se extendieron durante varios días e inclusive faltaba un partido con Fénix al cual vapulearon por 4-1 para coronar la fiesta.
Guttman se fue al concluir el torneo. Comentan algunos cracks de la época que no terminaban de entender sus indicaciones y que la situación que precipitó la despedida fue la prohibición de tomar mates (1) en la concentración de “Los Aromos”, algo que ningún uruguayo de pura cepa podría asimilar.
Para la temporada de 1963 se contrató como entrenador a Roque Máspoli, ex arquero de los carboneros y de la “celeste” que había sido parte del “Maracanazo”. Regresó Ernesto “el cholo” Ledesma de Wanderers y no se produjeron grandes novedades en el plantel.
La reconquista de la Copa Libertadores era el gran objetivo. El primer rival fue el modesto Everest de Ecuador, un equipo que estaba futbolísticamente muy lejos de la actualidad de la LDU de Quito. Peñarol se paseó tanto en Guayaquil (5-0) como en Montevideo (9-1). El hecho curioso fue que en ambos cotejos Alberto Spencer se enfrentó a su hermano Jorge y que a pesar de la goleada propinada en Ecuador, el delantero no pudo convertir, pero en el desquite convirtió 5 goles.
Boca Juniors fue el rival en semifinales. Se trataba del primer equipo argentino que disputaba seriamente la Copa pese a las críticas del periodismo que cuestionaban su desapego al torneo local donde alternaban muchos suplentes. Era un equipo con una gran defensa y jugadores de gran experiencia entre los que se encontraban el arquero Errea, el caudillo Rattín, el brasilero Orlando, el incansable veterano Grillo tras su retorno del Milan; Alberto Gónzalez, de gran despliegue, la dupla Ángel Clemente Rojas - “Beto” Menéndez en la creación y una delantera donde el brasilero Paulo Valentim y Sanfilippo podían jugar juntos sin inconvenientes a pesar de ser ambos grandes goleadores, todos llevados de la mano por la dupla técnica que integraban Adolfo Pedernera y Aristóbulo Deambrosi(1).
En Montevideo Boca demostró que a costa de un gran esfuerzo físico, futbolístico y psicológico podía doblegar a Peñarol. Lo derrotó 2 a 1 con doblete de Valentim y un gol en contra de Orlando. La clave del partido estuvo en la gran actuación del delantero brasilero que resultó imparable, de Rulli maniatando a Rocha, de la zaga central dejando pocos espacios para los embates de Spencer, y de Néstor Errea anticipando brillantemente las jugadas de peligro y salvando su valla ante disparos de todo calibre.
La revancha en la Bombonera fue favorable al local desde el comienzo y se puso en ventaja con un extraordinario tanto de Sanfilippo al inicio del complemento, luego se dedicó a aguantar el resultado ante la inoperancia de Peñarol que no logró imponer su juego y en un partido que se calentó resultando expulsados Caetano y Abbadie por los uruguayos y Valentim y Novarini (reemplazó a Rattín, lesionado, en el complemento) por los argentinos. Por primera vez Peñarol no llegaba a la final de la Copa Libertadores, y la revancha con el Santos tendría que esperar al menos un año.
Tampoco pudo Peñarol adjudicarse el torneo Uruguayo, pues dos derrotas ante el modesto Racing lo alejaron del título pese a vencer a Nacional en los dos encuentros por 2-1 y 1-0 quedando solo a un punto del campeón y consagrando a Pedro Rocha como goleador del torneo – 18 goles – . Solo pudo ganar esa temporada el Torneo Cuadrangular, una competencia de menor importancia. Fue el primer año sin títulos de la trío dirigente Güelfi-Cataldi-Parrabere, pero pronto se recuperarían con creces.
No participó de la Copa Libertadores de 1964 pues Nacional había roto la hegemonía aurinegra del Quinquenio, por lo tanto se dedicó enteramente al Campeonato Uruguayo que obtuvo finalmente de manera invicta con 12 puntos de diferencia sobre Rampla Juniors y 13 sobre Nacional – más entusiasmado con la Copa Libertadores que con el torneo local – ganando 16 encuentros y empatando solo 2 ante Racing y Wanderes y ultimando a Nacional por 2-1 en la primera rueda y 2-0 en la penúltima fecha cuando ya se había adjudicado el título. Convirtió 42 tantos y solo recibió 11.
Con el monto de la millonaria transferencia de Roberto Matosas a River Plate por una suma que se consideraba exagerada en esa época para un defensor, fueron incorporados Héctor “Lito” Silva, proveniente de Danubio y Miguel Reznik, jugador argentino de Independiente de Medellín que contribuyeron con sus goles a la gran campaña y lograron que los mirasoles vuelvan a jugar la Copa Libertadores en 1965.
Nuevamente apareció la mano de Cataldi con la habilitación del “pardo” Abbadie para disputar el torneo continental, puesto que por la expulsión ante Boca de 1963 había sido suspendido por un año, la CSF convalidó el reclamo de Peñarol que argumentó que al no participar de la edición del año anterior la pena estaba cumplida. Integró el grupo 3 formado por Deportivo Galicia de Venezuela y Guaraní de Paraguay que a primera vista resultaba sencillo.
El modesto equipo venezolano fue un rival más difícil de lo esperado, un empate a cero en Caracas fue considerado valioso teniendo en cuenta que Lezcano y Rocha fueron expulsados, siendo suspendido el primero por el resto del torneo y significando una baja importante para el conjunto dirigido por Máspoli. Pero Cataldi no se quedó con los brazos cruzados y denunció que el conjunto venezolano había incluido en su formación a su compatriota Leopardi, quien no se encontraba habilitado por la AUF para jugar en Galicia. La CSF falló a favor de Peñarol y entonces le dio por ganado el partido por 2-0 en un fallo inédito.
La revancha en el Centenario fue un partido arduamente disputado donde el local venció 2-0 con tantos de Joya y Abbadie, sin embargo Edgardo González resultó fracturado tras un choque en el primer tiempo siendo reemplazado por el joven Forlan. Abbadie y Sasía tuvieron que retirarse lesionados en los últimos minutos. El “pardo” no volvería a jugar en la Copa de ese año.
Peñarol debía suplir la ausencia de Spencer, quien se recuperaba de una lesión, por lo que jugaba con “lito” Silva o Reznik como centrodelantero, pero ante la dolencia de Sasía jugaron juntos ante el Guaraní dirigido por Ondino Viera (2) en Asunción. El agobiante calor y la fuerza física de los locales doblegaron a los mirasoles que cayeron derrotados por 2 a 1. En la revancha Peñarol venció por 2-0 con goles del recuperado Sasía y Silva clasificando cómodamente para las semifinales donde tendrían la posibilidad de vengarse del Santos de Pelé.
El primer encuentro disputado en el estadio Pacaembú no comenzó de la mejor forma para los carboneros puesto que el equipo brasilero ganaba por 3-0 a los 8 minutos y por 5-2 al final de la primera etapa soportando un concierto de Pelé, Coutinho y asociados. Pero con la relajación propia de la ventaja y un poco de garra charrúa Sasía y Rocha acortaron el marcador y tuvieron al equipo local arrinconado en su propia área durante los últimos 6 minutos buscando la paridad, pese a lo cual no se modificó el score.
Se sabía que la historia en el Centenario no sería sencilla, pero la fiereza defensiva, la implacable marca del “cholo” Ledesma sobre Pelé y el amor propio de los aurinegros contribuyeron a forjar el triunfo por 3-2 con un gol de Silva a 2 minutos del final y cuando el Santos trataba de conservar el balón para asegurarse la clasificación.
Nuevamente el estadio de River Plate en Argentina fue sede del desempate tal como ocurriera 3 años atrás. Un acto de indisciplina del experimentado arquero Maidana provocó su separación y la chance para una joven y espigado guardameta de 19 años proveniente de Racing llamado Ladislao Mazurkiewicz. En un partido cargado de dramatismo Joya abrió el marcador en el segundo tiempo igualando Pelé minutos después con un tremendo disparo de 25 metros. Ninguno pudo desnivelar en los 90 minutos y fueron a la prórroga donde Sasía definió el partido.
Independiente era el actual campeón, había eliminado a Boca tras 3 partidos tremendos y quería revalidar el título, poseía un equipo bien estructurado con algunos jugadores desequilibrantes como Bernao, Mario Rodríguez, Mura y Savoy más otros jugadores con gran temperamento que en algunos casos rozaba la brusquedad como en el caso de Navarro. La primera final se disputó en Avellaneda con un planteo cauteloso de Peñarol que aguantó las embestidas de su rival soportando inclusive la expulsión de Sasía por arrojarle tierra en los ojos al arquero Santoro en la ejecución de un corner, hasta que a los 83 minutos cuando Bernao señaló el 1-0 definitivo.
Con la oportuna inclusión de Rerznik por el expulsado Sasía, Peñarol arrolló al equipo argentino en el Centenario por 3-1 con gran esfuerzo convirtiendo Goncalvez, el propio Reznik y Rocha debiendo disputarse el desempate en Santiago de Chile cuatro días después.
El jueves santo de 1965 en el estadio Nacional de Santiago hubo un único equipo: Independiente, que pese a la resistencia opuesta por los mirasoles fue superior durante todo el cotejo. Ganaba 2-0 promediando la primera etapa con un gol de Carlos Pérez en contra desviando un remate de Mura y otro de Bernao tras pase de Avallay con el pecho.
Insinuó Peñarol una reacción, pero en un contraataque Avallay colocó el 3-0 a los 33 minutos. El árbitro peruano Yamasaki cobró un penal inexistente a favor de los uruguayos que Rocha se encargó de desviar, pero faltando un minuto para el descanso Joya pudo descontar. Los dos equipos terminaron la etapa con 10 jugadores por expulsión mutua de Ledesma y el capitán argentino Maldonado.
En el complemento Independiente se defendió soportando el desesperado asedio de su rival que sobre el final sintió el esfuerzo realizado en el Centenario. Hasta que faltando 6 minutos Mura arrancó desde mitad de cancha sorteando rivales, eludió al arquero Mazurkiewicz y desde un ángulo cerrado colocó el 4-1 definitivo y lapidario ante la ovación de los privilegiados espectadores. Hubo tiempo para que Sasía se haga expulsar como resultado de la impotencia tras agredir sin pelota a Mori en la que sería su última actuación en la Copa defendiendo la casaca de Peñarol.
Con mucha bronca por la final perdida, pero con la serenidad de haber hecho todo lo posible superando lesiones, suspensiones, dejando atrás al Santos de Pelé y forzando un desempate en la final Peñarol encaró el torneo uruguayo como si fuera una forma de redención.
Se consagró bicampeón esgrimiendo una campaña similar a la del año anterior obteniendo 15 victorias, 2 empates ante Nacional y cayendo derrotado en la última fecha ante Fénix por 1 a 0 cuando ya había obtenido el título. Superó a su eterno rival por 5 puntos en una campaña donde al final de la primera rueda lo aventajaba por 3 unidades. Convirtió 43 goles y recibió 17 siendo Rocha con 15 tantos el goleador del torneo y Spencer con 12 conquistas su escolta.
Con el título obtenía nuevamente la chance de jugar en la Copa Libertadores del próximo año donde por primera vez participarían los subcampeones. (3)
Con esta medida la Copa se transformó en una verdadera maratón donde los equipos llegarían al final del torneo con un gran cansancio por la sobrecarga de partidos.
Peñarol integró el grupo 3 junto a Nacional, los ecuatorianos Emelec y 9 de Octubre y los bolivianos Jorge Wilsterman y Deportivo Muncipal. Los “bolsos” se habían reforzado con el talentoso volante Víctor Espárrago quien actuaba en Cerro. No tenían dudas que estarían entre los 2 equipos clasificados a semifinales junto a su acérrimo rival, aunque la influencia de la altura de La Paz y Cochabamba preocupaba al cuerpo técnico que descontaba obtener casi todos los puntos de local y lograr algún empate de visitante.
El “pepe” Sasía no había terminado en buenos términos con Máspoli tras las expulsiones ante Independiente y la comisión directiva buscó una salida elegante que consistió en el trueque con Rosario Central por Julio César “pocho” Cortés que había jugado anteriormente en Sud América y Cerro, era un jugador de similares características aunque sin el potente remate de su antecesor, pero con una gran facilidad para el toque de primera. Con Lezcano y Abbadie totalmente recuperados había confianza para llegar al podio de la Copa.
El 30 de Enero de 1966 se puso en marcha la Copa para Peñarol, pero los planes previos no preveían tan dura derrota como la sufrida ante su rival de siempre que presentó una joven formación que infringió al conjunto aurinegro un contundente 4-0 con tantos de Morales, Techera, Virgili y Domingo Pérez en un encuentro donde Spencer y Viera dejaron a sus equipos con 10 jugadores. Dos días después caía en Cochabamba ante Jorge Wilsterman por 1-0 con un agónico gol de Ausberto García a 9 minutos del final.
Pocos imaginaban que tres meses después se estaría consumando una de las más grandes hazañas de la historia del fútbol uruguayo.

(1) Integrantes de la famosa “máquina” de RIver de principios de los años ’40 cuya delantera más recordada era Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Lostau.
(2) Técnico uruguayo de dilatada trayectoria que también dirigió en Brasil y obtuvo con Nacional el tricampeonato uruguayo entre 1955 y 1957 que caló hondo en el sentimiento de los aurinegros y que propició el inicio del ciclo exitoso con la asunción de la nueva comisión directiva (ver primera parte).
(3) A pesar que la CSF aprobó la inclusión de subcampeones por propuesta de Cataldi en 1964, se resolvió que la medida se aplicaría a partir de la Copa de 1966. Santos rehusó participar en la Copa aduciendo que el torneo originalmente reservado para los campeones de cada país perdería su nivel aunque La verdadera razón era que las giras al exterior le reportaban mayores ganancias, ya que cobrada un cachet de 30.000 dólares por partido con la presencia de Pelé, quien había alcanzado una gran magnitud como figura, frente a los casi 8.000 dólares que podía percibir en la Copa Libertadores. Los clubes que debían disputarla ese año (Palmeiras y Cruzeiro) esgrimieron las mismas razones y la CBF los avaló, por lo tanto no participaron en esa edición y en 1967 solamente participó Cruzeiro.

quarta-feira, 2 de março de 2011

CLAUSURA 2011: Pocas figuras + mucho temor = pobre espectáculo

Un nuevo torneo Clausura ha comenzado en Argentina y ya se han cumplido las tres primeras fechas.
Con más pasión que fútbol, tal como viene ocurriendo en los últimos años, el torneo avanza todavía sin candidatos definidos aunque algunos equipos hayan comenzado a mostar sus armas.
Sin duda se nota el gran vacío que existe en lo que podríamos llamar la generación intermedia, pues el promedio de jugadores más veteranos es llamativamente alto en la mayoría de los equipos. Así es que Palermo, Riquelme, Almeyda, Ortega, Verón, Fuertes, Schiavi, Tuzzio, Sessa, Bernardi, Franco, Camoranesi, Barros Schelotto, Romeo, Barrientos, Fuentes – por citar a los más destacados – son requeridos por los clubes para paliar la crisis económica evitando contratos millonarios y aportando experiencia a planteles jóvenes que intentan copiar sus características para progresar en sus carreras futbolísticas.
En materia de juveniles tampoco han surgido grandes cracks del nivel de Messi, Tévez o Agüero, prueba de ello es que la reciente actuación del seleccionado Sub-20 en Perú no fue todo lo fructífera que se esperaba por cuanto a pesar de haber clasificado para el Mundial de Colombia se fracasó en el objetivo olímpico de Londres 2012. La única figura fue el hábil Juan Iturbe que juega en Cerro Porteño de Paraguay, del resto solo pueden rescatarse Zucculini (Racing), Battaglia (Huracán), Ferreyra y Tagliafico (Banfield) y el arquero Andrada (Lanús) como alguna de las futuras promesas. Habrá que ver hasta dónde pueden llegar Lamela, Lanzini, Chávez y Colazzo por citar algunas apariciones del torneo anterior.
Entre los veteranos y los juveniles, los mejores jugadores se encuentran esparcidos por todo el mundo. Solo puede mencionarse el feliz regreso de Diego Valeri a Lanús y Matías DeFederico a Independiente, el buen momento de Juan Manuel Martínez y Maxi Moralez en Vélez, Enzo Pérez y Gastón Fernández en Estudiantes y Pablo Mouche en Boca.
El resto son extranjeros entre los cuales de destacan los uruguayos Santiago Silva (Vélez) y Juan Manuel Salgueiro (San Lorenzo), los colombianos Giovanni Moreno, lesionado, y Teófilo Gutiérrez (Racing), los paraguayos Marcelo Estigarribia (Newell´s), Santiago Salcedo (Argentinos Juniors) y Jorge Achucarro (Banfield) por citar a los más destacados.
Los partidos son muy cerrados, en muchos equipos se juega con línea de cuatro y “doble cinco” sin enganche haciendo retroceder a delanteros que no sienten el puesto. Por lo tanto los encuentros resultan monótonos y poco atractivos si los técnicos no cambian las posiciones o algún jugador se sale del libreto. Julio César Falcioni ha sido insultado y cuestionado en la Bombonera por descartar a Juan Román Riquelme en el encuentro del domingo último jugado por Boca (4) ante All Boys que concluyó en empate a cero sin mostrar ideas ofensivas que puedan desequilibrar, aunque se reforzó defensivamente tras haber sido sorprendido por Godoy Cruz de Mendoza que le metió 4 goles de visitante en el debut. El equipo xeneize es uno de los que más se reforzó pues incorporó tres volantes de primera línea como Rivero, Somoza y Ervitti, pero los resultados y el funcionamiento del equipo distan mucho de las pretensiones de dirigentes, hinchas y cuerpo técnico.
River (7), que continúa bajo la dirección técnica de Juan José López prefiere mantener los pies en la tierra y no pensar en el título aunque lidere parcialmente el torneo, sino que busca alejarse definitivamente de la zona de promoción al igual que Independiente (2) a quien derrotó el domingo último con un tardío gol de Matías Pavone. Mantiene la base del equipo que finalizó cuarto en el Apertura con la única diferencia del arquero Chichizola que reemplaza de buena forma al lesionado Carrizo y la ausencia del goleador Funes Mori por pubalgia. Llega más por las bandas a través de Juan Mnauel Díaz y Ferrari y tiene algo de buen fútbol con la desfachatez de Lamela y Lanzini, pero por sobre todas las cosas está firme atrás y todavía no recibió goles.
El conjunto rojo de Avellaneda, flamante vencedor de la Copa Sudamericana, no tiene mucho margen para desperdiciar puntos ya que la última posición del último torneo amenaza su permanencia en primera división. Para colmo se encuentra disputando la Copa Libertadores, por lo que en algún momento puede sentir el esfuerzo con un plantel no muy numeroso.
Racing (6) sufrió la rotura de ligamentos cruzados de su principal figura Giovanni Moreno y deberá buscar la manera de suplirlo. El triunfo por 2-1 ante San Lorenzo (4) lo coloca con mejores expectativas en el torneo tras la derrota ante Boca (0-1).
El equipo dirigido por Ramón Díaz tropezó ante “la academia” por algunos desbarajustes defensivos ante pelotas paradas y por la incapacidad de generar peligro por parte de Romagnoli, más preocupado en marcar a Pillud que en conducir a su equipo.
Olimpo (7) es uno de los sorpresivos punteros que se hace fuerte de local y que logró un agónico triunfo ante Banfield en el debut y un sufrido empate 3-3 ante los mendocinos la última jornada. Dichos resultados lo alejan de la zona roja done penan Independiente, River, Huracán (2) y Tigre (4).
Estudiantes de la Plata (6) y Vélez (2), los mejores equipos del torneo pasado tienen la mente puesta en la Copa Libertadores al igual que Argentinos Juniors (3) y Godoy Cruz (4) tratan de acomodarse en ambos torneos tratando de resignar la menor cantidad de unidades posibles aunque el desgaste físico que produce la disputa simultánea de ambas competiciones reduce las chances en el Clausura.
Lanús (6) puede ser una de las sorpresas del Clausura. El elenco ahora conducido por Gabriel Schurrer se ha reforzado muy bien con el retorno de Valeri y la contratación el ex campeón del mundo con Italia, Mauro Camoranesi, cuenta demás con la habilidad del uruguayo Regueiro y la movilidad de Pizarro.
Arsenal, Colón, Tigre, All Boys y Banfield (4) al igual que Newell´s (3) todavía no han mostrado mucho y se espera que en las próximas fechas diluciden en la cancha cuáles serán sus reales chances.
Gimnasia y Esgrima de la Plata (2), ilusionado con el retorno de Guillermo Barros Schelotto buscará alejarse definitivamente del descenso para lo cual deberá realizar una muy buena campaña si no quiere seguir el mismo camino que Rosario Central , quien pena actualmente en mitad de tabla del el Nacional “B” tras dos años de penurias en primera división.
La situación de Quilmes (0) es aun más comprometida por cuanto el equipo no logra buenos resultados y cada vez se encuentra más hundido sin respuestas anímicas ni futbolísticas.
Los próximos partidos nos darán las pintas acerca de cómo se desarrollará el torneo y quienes se perfilarán como animadores. Espero también ansiosamente ver mejores espectáculos con planteos menos mezquinos, aunque dudo que en las actuales condiciones del fútbol vernáculo pueda producirse unas acentuada mejoría. Sería un verdadero milagro, aunque ya sabemos que la esperanza es lo último que se pierde.

terça-feira, 1 de fevereiro de 2011

Las hazañas de Peñarol en los 60s

Una formación de Peñarol de 1958 cuando comenzaba el ciclo histórico
Equipo de Peñarol que debutó en la Copa Libertadores de 1960 ante Jorge Wilsterman


Puskas del Real Madrid maniobra ante William Martínez y Pino de Peñarol en la primera final de clubs de 1960



Alberto Spencer, el mejor jugador ecuatoriano de toda la historia. Autor de los goles decisivos de Peñarol




Néstor "tito" Goncalvez, 571 partidos con la camiseta aurinegra entre 1957 y 1970











Peñarol la noche que se consagró campeón del Mundo ante el Benfica de Portugal







El horizonte de Peñarol a fines de los ´50 no era el más claro. Nacional se había consagrado tricampeón uruguayo entre 1955 y 1957; los jóvenes héroes del Maracanazo como Schiaffino y Ghiggia habían sido transferidos a Italia y los veteranos como el arquero Máspoli, el gran capitán Obdulio Varela y Rodríguez Andrade se retiraban, mientras tanto Omar Míguez jugaba sus últimos partidos con la aurinegra. Solamente la habilidad de Julio César “pardo” Abbadie y la prestancia defensiva de William Martínez suplían en parte el carácter de fuego de aquellos caudillos, pero la tentación económica del Génova italiano fue irresistible para el puntero derecho que emigró en 1956. Los problemas financieros comenzaban a ser frecuentes en el club y la falta de títulos ofuscaba a sus seguidores y ensalzaba a la prensa.
Los vientos de cambio llegaron con la elección de la nueva comisión directiva comandada por Gastón Güelfi, Washington Cataldi y Fernando Parrabere a principios de 1958. La flamante dirigencia no solo buscó formar un equipo competitivo para salir del atolladero, sino que también cimentó el crecimiento institucional del club fijando sucesivas metas, conscientes de la importancia del equipo aurinegro en Uruguay y la trascendencia que podían alcanzar a nivel sudamericano y Mundial.
Para esa temporada repatriaron desde Italia al injundioso goleador Juan “el verdugo” Hohberg y del fútbol de la pequeña localidad de Salto llegó un jugador que con su gran personalidad y dotes de mando emularía al mismísimo Obdulio, respondía al nombre de Néstor Gonçalvez, pero todos lo conocerían años después por “Tito”. Con el aporte goleador de Carlos Borges y la frescura juvenil de un desequilibrante Luis Cubilla los “carboneros” fueron a recuperar la gloria perdida. El arquero Luis Maidana, buen atajador bajo los 3 palos y sobretodo en pelotas aéreas; más el corpulento defensor brasilero Milton Alves da Silva más conocido como Salvador se consolidarían lo largo de la temporada como los puntales defensivos.
Hugo Bagnulo fue contratado como entrenador, se trataba de un hombre sencillo, campechano, de bajo perfil, pero firme a la hora de marcar el rumbo a sus dirigidos quienes lo consideraban como a un padre.
El torneo uruguayo de 1958 estaba llegando a su fin, y como generalmente ocurría, Nacional y Peñarol peleaban palmo a palmo el título. Por esos tiempos la diferencia entre ambos y el resto era tan abismal que los clásicos se pactaban para la penúltima fecha y el vencedor seguramente resultaba el campeón. Ese año no fue la excepción, los clásicos rivales llegaron empatados en puntos y Peñarol triunfó por 2-1 con goles del argentino Hohberg y Roberto “la gata” García tras remontar la desventaja inicial que supuso el tanto de Escalada. Un empate 1-1 con Defensor en la última fecha hizo realidad el tan ansiado título que representaría el comienzo de la era dorada de los mirasoles.
Al año siguiente el torneo quedó igualado entre ambos contendientes a pesar que Peñarol le había sacado una importante ventaja de 6 puntos a Nacional que en las últimas fechas consiguió remontar gracias a los goles del repatriado Walter Gómez. Por lo tanto debió jugarse un desempate que extrañamente se demoró hasta el 20 de marzo de 1960. Para ese entonces Peñarol se había reforzado con la llegada del desconocido jugador argentino Carlos Linazza y el ecuatoriano Alberto Spencer, recomendado por Juan López (1) quien lo había visto en acción el Campeonato Sudamericano extra de 1959 causándole una gran impresión. Gracias a la intervención de Washington Cataldi en la Asociación Uruguaya de fútbol ambos futbolistas pudieron disputar la final.
Roberto Scarone tomó la conducción técnica a partir de ese encuentro donde Peñarol venció por 2-0 a Nacional con tantos de Cubilla y Linazza de penal, ambos en los últimos 10 minutos de un partido que se recuerda más por los ocho expulsados después de una trifulca en el mismísimo terreno de juego – W. Martínez, Aguerre, Borges y Hohberg por los “manyas” (2) ; R. González, W. Gómez, Collazo y Escalada por los “bolsos” – que por el resultado final, lo que representa el ímpetu con el que se disputaban aquellas finales. Al día siguiente Güelfi lo llama por teléfono a Bagnulo felicitándolo por el triunfo y con la intención de otorgarle una medalla por el título conseguido, pero el entrenador entiende que los títulos se ganan en la cancha y desecha el ofrecimiento demostrando su honestidad y hombría de bien.
Con la obtención del título Peñarol se clasificó para disputar la incipiente Copa de campeones de América (hoy Libertadores), para la cual sus dirigentes apuntaron todos sus dardos porque imaginaban que en el futuro el torneo tendría una trascendencia similar a la Copa de Campeones de Europa y representaría una vidriera internacional para su club y sus destacados jugadores.
El primer rival fue Jorge Wilsterman de Bolivia en el estadio Centenario el 19 de Abril de 1960. Borges tuvo el privilegio de convertir el primer tanto de la reciente Copa a los 13 minutos de la primera parte. A la postre Peñarol no tuvo contemplaciones con su rival, lo goleó 7 a 1 – con 4 conquistas de Spencer – y con esa ventaja fue a jugar la revancha en los 2500 m de altura de Cochabamba donde igualaron 1-1.
En semifinales enfrentaron a San Lorenzo de Argentina empataron 1-1 en Montevideo y 0-0 en Buenos Aires aunque perdieron a Cubilla para el partido definitorio por ser expulsado. El desempate debía realizarse como correspondía a cualquier competencia en terreno neutral, pero ante la imposibilidad de realizarlo en Chile a causa del terremoto de Concepción la dirigencia argentina aceptó jugar nuevamente en Montevideo tras rehusar los uruguayos la propuesta de Asunción. El arreglo estipuló que San Lorenzo recibiera parte de la recaudación y que los jueces de línea fueran argentinos. No obstante para los argentinos el torneo no resultaba de la misma importancia que le adjudicaban los uruguayos. Lo cierto es que los uruguayos vencieron por 2-1 con doblete de Spencer y cierta polémica por el primer tanto. El ecuatoriano explotaría en esta Copa como un tremendo y astuto goleador, certero en el juego aéreo y veloz para el desmarque y la definición, atributos que lo llevarían a convertir 48 goles en 77 partidos de Copa Libertadores y 113 tantos en 166 apariciones en torneos uruguayos entre 1960 y 1970.
La final serla con Olimpia de Paraguay que representaba un equipo duro y aguerrido de las mismas características que Peñarol, aunque con jugadores de menor categoría donde podían destacarse el zaguero Edelmiro Arévalo, capitán de la selección; los hermanos Lezcano y el fortísimo delantero Luis Doldán.
Todavía los uruguayos recordaban la durísima derrota infringida por los paraguayos por 5-0 en 1957 que los alejó definitivamente del Mundial de Suecia. William Martínez, Tito Goncalvez y Carlos Borges habían estado aquella tarde aciaga al igual que Arévalo y Echagüe por el lado de los guaraníes, solo faltaría Juan Lezcano suspendido por su reciente expulsión. Sin embargo el temple de los jugadores de Peñarol no sería fácil de doblegar en esta ocasión.
Peñarol se impuso en el Centenario el 12 de Junio de 1960 por 1-0 con un gol de Spencer faltando 11 minutos y tras jugar toda la segunda etapa con 10 jugadores por la expulsión de Juan Lezcano. El encuentro fue muy disputado con más marca que fútbol y las defensas prevalecieron sobre los ataques.
La revancha del 19 de Junio en el difícil reducto de Puerto Sajonia – desde 1974 ostenta el nombre de Defensores del Chaco – en Asunción fue del mismo trámite que en Montevideo, con la diferencia que desde todas las tribuas caían objetos que tenían como destino a los jugadores orientales.Casi sobre la media hora del primer tiempo el conjunto local se puso en ventaja con gol de Hipólito Recalde. Los uruguayos fueron al frente pero la defensa guaraní parecía impasable, Claudio Lezcano recurría a todo tipo de recursos para frenar a Spencer. Scarone movió las piezas reemplazando al moreno ecuatoriano por el veterano Hohberg, quien en la primera pelota dividida que disputó le mostró a Lezcano la auténtica “garra charrúa” aplicándole un codazo de advertencia. Con su experiencia y el respeto que imponía Peñarol tuvo mejor claridad ofensiva y faltando 7 minutos Luis Cubilla marcó el empate que les otorgó a los aurinegros su primer título continental.
Con la intención de consagrar al mejor equipo del mundo se disputó la primera Copa del Mundo de clubs (futura Copa Intercontinental) entre el ganador de la flamante Copa de Campeones de América y el campeón de la Copa Europea. Serían 2 partidos en cada uno de los estadios y un probable desempate en el reducto de la segunda final.
El rival de Peñarol fue el poderosísimo Real Madrid de Di Stéfano, Puskas, Gento, Del Sol, Canario, Santamaría entre otros cracks, un equipo que se había consagrado campeón de Europa durante cinco años consecutivos y que había cimentado una auténtica mística ganadora. La primera final en el estadio Centenario reducido a la categoría de lodazal con una persistente lluvia no deparó vencedores ni vencidos, no pudo apreciarse la verdadera calidad de los jugadores de ambos elencos ni tampoco pudo abrirse el marcador, el empate representaba para los madrileños una ventaja importante para la revancha.
Dos meses después, exactamente el 4 de Septiembre de 1960, en el estadio de Chamartín (actualmente Santiago Bernabeu) se disputó el partido de vuelta. Peñarol, que no pudo contar con la invalorable presencia de “tito” Goncalvez quien fue suplantado por William Martínez ocupando el grandote Majewksi la posición de éste último en la zaga central, este cambio resultaría letal para que los aurinegros que fueron sorprendidos por un furibundo ataque del Real Madrid que se los llevó por delante impidiendo todo intento de juego por parte de los uruguayos. En 10 minutos de juego ya ganaban los “merengues” por 3-0 con 2 goles de Puskas y otro de Di Stéfano con cierta dosis de fortuna. Los uruguayos se mostraban impotentes ante tanto derroche de velocidad y precisión de los locales, quienes con la tranquilidad de la ventaja inicial redondearon un 4-0 al final del primer tiempo y colocaron el definitivo y lapidario 5-1 en el complemento.
La aplastante derrota no hizo mucha mella en el plantel que nunca descuidó su participación en el torneo local. De este modo llegó al final del torneo igualado en puntos con el sorprendente conjunto de Cerro. Por primera vez un conjunto “chico” terminaba en la primera posición y estuvo a seis minutos de consagrarse campeón, pero el empate de Spencer ante Racing en la última jornada los privó de la hazaña. El 18 de Diciembre de 1960 ante un repleto estadio Centenario y en una calurosa tarde se jugó el partido definitorio que rápidamente se decidió en favor de Peñarol cuando una violenta infracción de “tito” Goncalvez dejó literalmente fuera del partido al diminuto y habilidoso volante Miguel Britos, quien sufrió una luxación de clavícula pero permaneció en el campo de juego porque no se permitían los cambios, ante la impasible mirada del referee Esteban Marino. A los pocos minutos una desafortunada acción del arquero González Acuña a quien el balón le rebotó en la espalda y se introdujo en su portería tras un remate de Júpiter Crescio le dio la ventaja a los “carboneros”. La fortuna acompañó a Peñarol puesto que en una acción similar tras remate de Pinto la pelota rebotó en el arquero Maidana y se fue al corner. Nuevamente Crescio y Spencer ampliaron la ventaja, pero descontó Waldemar González de penal colocando el definitivo 3-1 que posibilitó el tricampeonato de los mirasoles.
Para el comienzo de 1961 la comisión directiva fue ratificada tras las elecciones del 21 de Enero. Dicha aceptación les dio vía libre para su nuevo emprendimiento que era llevar a Uruguay la moda del “fútbol espectáculo” adoptada por sus pares de Argentina (Boca y River) que consistía en la contratación de grandes astros del exterior con el fin de mejorar el decadente fútbol doméstico, pero Peñarol pensaba en grande y apuntaba a retener la Copa Libertadores y obtener la Copa Mundial de Clubs. Con tal propósito arribaron al club José “pepe” Sasía, ex Defensor y circunstancialmente en Boca Junios quien vendría a demostrar su gran habilidad y su indomable personalidad en cada uno de los encuentros; el peruano Juan Joya de River Plate, un finísimo y veloz delantero que sería el acople perfecto para la potencia de Spencer; el paraguayo Juan Vicente Lezcano, adversario de las finales del año anterior con Olimpia, el lateral derecho Edgardo “el diablo” Gónzález procedente de Liverpool y el lateral izquierdo José Rótulo de Central Español.
El primer obstáculo que debió sortear el elenco uruguayo fue Universitario de Perú al cual derrotó cómodamente por 5-0 (doblete de Spencer y Joya, el restante de Sasía) en el Centenario y avanzando a pesar del 0-2 sufrido en Lima, marcador exiguo gracias al respeto que los peruanos le profesaban al campeón de América.
Nuevamente Olimpia de Paraguay se cruzaba en el camino de los mirasoles para las semifinales. El partido de ida en el Centenario fue favorable a los locales por 3 a 1 en base a su fuerza y calidad futbolística frente a los vehementes paraguayos que querían tomarse revancha de lo ocurrido un año antes. Salvo algunas brusquedades de Sasía, amparadas por el árbitro argentino Nai Foino, no quedaron dudas de la superioridad charrúa. Sin embargo los medios paraguayos exacerbaron los hechos y la revancha se jugó en medio de un clima hostil donde se alimentó un exagerado nacionalismo por parte de los fanáticos que se trasladó irremediablemente al field.
El partido fue conocido como “la guerra de las narajas” y el principal destinatario era nada más y nada menos que el mismísimo “pepe” Sasía, quien lejos de amedrentarse se transformó en el abanderado de su equipo y hasta se dio el lujo de convertir el penal que abrió el camino para la heroica victoria por 2 a 1 en la cual Cubilla convirtió el segundo tanto. El plantel debió retirarse escoltado por la policía local y hasta el propio presidente Güelfi sufrió el impacto de una botella que le produjo un corte en la cabeza, pero a pesar de todo Peñarol estaba nuevamente en la final.
Palmeiras no parecía un rival fácil en los papeles previos, contaba en sus filas con el veterano pero todavía temible puntero Julinho, el delantero Chinezinho y el afamado lateral campeón del mundo Djalma Santos.
El 4 de Junio en Montevideo se disputó al primera final y los brasileños aguantaron el partido hasta el último minuto cuando Luis Cubilla fue a presionar a Djalma Santos cuyo remate defectuoso cayó en los pies de Spencer que agradeció el regalo marcando el tanto decisivo.
Siete días después en el estadio Pacaembú se San Pablo las cosas se le facilitaron a los visitantes cuando a los 4 minutos un furibundo remate de Sasía pegado al travesaño perforó la red entendiendo el árbitro argentino Praddaude que había sido gol a pesar de las protestas de todo el público y los jugadores locales. Nadie pudo comprobar jamás la veracidad del gol, la única evidencia fue la red rota ya que no hubo fotografías ni filmaciones que pudieran establecer lo contrario.
A partir de ese momento el partido quedó a merced de la experiencia de los charrúas quienes, a pesar de sufrir el empate de Nardo tras brillante combinación con Julinho en el minuto 70, defendieron con uñas y dientes la ventaja lograda en el Centenario destacándose la labor del defensor Núber en la última línea. Peñarol lograba así el bicampeonato de América y ahora esperaba al sorprendente Benfica de Eusebio y compañía que había vencido al grandioso Real Madrid en la final de la Copa de Campeones de Europa decretando que el quíntuple campeón de Europa también tenía fecha de vencimiento.
Costa Pereira, Cruz, Coluna, Aguas, Caven y José Augusto más la reciente aparición de un delantero moreno de 19 años oriundo de Mozambique con un destacado físico y gran pegada llamado Eusebio componían la columna vertebral de un equipo que haría historia en Europa durante toda la década y extenderían sus actuaciones en la selección portuguesa.
La primera final en el estadio Da Luz de Lisboa se decidió a favor de los locales por medio de un gol de Coluna, pese a ello la actuación de los “carboneros” fue aceptable y nada tuvo que ver con el papelón de Madrid. El equipo aprovechó el viaje para participar también en la Copa Ramón de Carranza que se disputaba en Cádiz y donde los orientales vencieron a Atlético de Madrid y cayeron en la final por 2-1 ante Barcelona.
Había mucha confianza respecto de la revancha que se disputó el 17 de Septiembre de 1961 en el Centenario y los jugadores no defraudaron, golearon 5 a 0 (2 goles de Joya y Spencer, 1 de Sasía) a un desprevenido equipo lusitano que reservó a Eusebio con alguna molestia física para el probable desempate, por lo tanto dos días después se disputó el desempate en el mismo estadio.
El técnico Bela Gutman había tomado sus providencias reforzando defensivamente su equipo conocedor del poderío ofensivo de los locales. Ingresaron Neto por Joao y Humberto por Saravia en la defensa e incluyo a Aguas por Santana y Eusebio regresó por Mendes buscando mayor presencia física arriba.
El encuentro comenzó con un tempranero gol de Sasía. Eusebio empató a los 35 minutos. El trámite del encuentro fue parejo y con posibilidades para ambos equipos pese a la dureza de la marca. Cuando faltaban solo 5 minutos para cumplimentar los 90 el referee sancionó penal para Peñarol y “pepe” Sasía lo transformó en gol con un impresionante remate que dejó al arquero portugués sin ningún tipo de reacción. Peñarol era campeón del Mundo en su propia casa y para regocijo se todos sus hinchas.
A raíz de los compromisos internacionales Peñarol postergó varios de sus encuentros del torneo uruguayo para fin de año. Sin embargo una caída de Nacional ante Racing y la derrota ante Peñarol en el primer clásico por 1 a 0 con gol de Spencer dejó a los “bolsos” a un punto del campeón del Mundo y con la obligación de vencerlos en la última fecha para cortar la racha de su eterno rival.
El 26 de Noviembre se jugó el partido decisivo ante un Centenario repleto. Todo empezó muy bien para Nacional puesto que se retiró a los vestuarios ganando 2 a 0 al término de la primera etapa. Pero apenas comenzado el segundo tiempo Peñarol fue una tromba, enseguida descontó Walter Aguerre y luego Ángel Rubén Cabrera, un finísimo goleador, en dos oportunidades dio vuelta el partido logrando un nuevo título para los carboneros. La campaña fue extraordinaria teniendo en cuenta que además disputó la Copa Libertadores y la Intercontinental: 30 puntos sobre 36 posibles 13 ganados, 4 empatados y apenas una derrota, 51 goles a favor, de los cuales Spencer se anotó con 18 conquistas en igual cantidad de partidos y lo siguió Cabrera con 14 tantos en 11 partidos.
Los títulos abrumaban: en solo cuatro temporadas habían conseguido otros tantos campeonatos locales, dos Copas Libertadores y una Intercontinental. Tenía un equipo situado a la altura de los mejores de Europa con jugadores experimentados y algunos juveniles que recién asomaban como Rocha.
Como corolario en 1962 realizaría una gira de partidos amistosos a imagen y semejanza del Real Madrid o el Santos de Pelé para pasear su fútbol y mostrar sus cracks por el viejo continente. Mientras tanto sus dirigentes eran aun más ambiciosos, querían consolidar el liderazgo sudamericano, pero otros equipos como Santos, Boca e Independiente tratarían de impedírselo.



(1) “Entrenador” de la selección uruguaya entre 1950 y 1954 en el estricto sentido de la palabra, ya que se trataba de un organizador del grupo que participaba en la formación del equipo y evaluaba el estado físico y anímico de cada jugador sin profesar demasiadas indicaciones. O. Varela, Máspoli, Gambetta y Tejera eran quienes ordenaban al equipo dentro de la cancha dejando la parte técnica librada a las condiciones innatas de cada jugador. El término “Director Técnico” comienza a tener auge a partir de la década del 60 con la irrupción de Karl Rappan, Helenio Herrera, Juan Carlos Lorenzo, Nereo Rocca y Osvaldo Zubeldía entre otros. Estos últimos priorizan la táctica (especialmente la defensiva) sobre la técnica e introducen el pizarrón en la charla técnica y la práctica de las jugadas con pelota parada como una manera de obtener ventajas a partir de las deficiencias de los rivales.
(2) El apelativo manya viene de la pronunciación del italiano “mangia merda” y se refiere a la fama de gallinas que tenían en la década de 1910, éste era el mote que usaban los de Nacional para denominarlos despectivamente, pero luego sus hinchas lo adoptaron como propio. También le dicen carboneros porque su nombre original era Central Uruguay Railway Company y su sede estaba en el barrio de los talleres de ferrocarril que a principios del siglo XX funcionaba a carbón alimentado a paladas por los obreros. También le dicen mirasoles, por la flor del girasol que es negra y amarilla como los colores de su camiseta. Por contraposición, a Nacional le dicen bolsos porque el escudo del club en la vieja camiseta estaba sobre un bolsillo superior izquierdo a la altura del pecho, entonces comenzaron a llamarlos “bolsilludos” y posteriormente se acortó por resultar más fácil su pronunciación.